Aimée Wagner

 Pocos meses antes de que diera inicio la Segunda Guerra Mundial, Fernando Wagner organizó en México el llamado Teatro Panamericano que, desde 1939 hasta 1943, con una interrupción de dos años dadas las circunstancias de la guerra, presentó un total de 22 obras, cuatro de éstas estrenos mundiales.

La idea del Teatro Panamericano surge cuando su director, el Mtro. Wagner, visita Chicago y entabla relación con Don Farran, director del Servicio Nacional del Teatro Federal y con John McGee, director artístico del mismo, quienes le propusieron “…se pongan en escena en México ciertas obras importantes que ellos, por circunstancias especiales, no pueden escenificar.”[i] Es decir montar aquellas obras que la censura norteamericana había prohibido, así como obras de autores mexicanos y de Centro y Sudamérica. La mayoría de las obras serían presentadas en inglés (la cuarta temporada se dio en español) dirigidas no sólo al público de habla inglesa sino también al público mexicano:

“…Usted se preguntará acaso, qué público pueda tener un espectáculo en inglés, ya que el público es escaso aun para representaciones en español. Pero tengo la seguridad de que si logramos un buen teatro, y lo lograremos sin duda alguna, no faltará a nuestras representaciones regulares el público americano, el inglés o los que conocen este idioma. Es muy numerosa la población mexicana que conoce perfectamente el inglés, a la cual le gustaría ver representaciones en la lengua original de las obras. En nuestros programas hacemos una exposición sintética de la pieza que se presenta, de tal modo que el espectador que no es un conocedor profundo del idioma, puede seguir y disfrutar el espectáculo y aun le puede servir de escuela para mejorar y enriquecer sus conocimientos idiomáticos.”[ii]

Quizá otra de las razones que movió a realizar esta clase de espectáculo fue la necesidad imperiosa que tenía de hacer teatro ya que, como señaló Rodolfo Usigli en su artículo “Realidad y espejismo del Teatro Panamericano”: “No pudiendo hacer ni en la Universidad, ni en Bellas Artes, ni en la Escuela de Artes para Trabajadores, un teatro mexicano para mexicanos, decidió hacerlo para los norteamericanos en México.”[iii] México, continúa Usigli, ha tenido un destino colonial “Las cadenas geográficas y comerciales que nos atan a Estados Unidos prestan cierto carácter de inevitabilidad a esta etapa de la evolución del teatro mexicano. Hay peligro para nosotros, como siempre lo hubo ya que toda influencia puede ser mortal y nulificadora si no es asimilada, como puede ser vital y fecunda cuando lo es. La lección del teatro norteamericano que aprendemos laboriosamente es, sobre todo técnica, y no es un americano quien más ha contribuido a difundirla entre nosotros, sino un alemán. Un alemán nacido en México.”[iv]

La técnica actoral norteamericana se basaba en el Método de Stanislavski difundido en los Estados Unidos por Lee Strasberg. Wagner, sin embargo, no simpatizaba con las ideas de Stanislavski referidas a la memoria emocional: “No hay que olvidar que Stanislavski escribió para los actores de su tiempo, que tenían que vencer, y vencieron, el tono falso y vacío de la vieja escuela teatral. …El sentir una verdadera emoción era, por tanto, para el actor viciado de aquel entonces indispensable para poder representar las obras del naturalismo.

Pero que el actor se deje arrastrar completamente por la obra y llevar por sus emociones no sería una práctica recomendable en el teatro; por lo menos para el actor hispanoamericano tiene suma importancia saber dominar los sentimientos en escena.”[v]

Wagner había iniciado sus estudios teatrales en Berlín, cuna de la Frei Bühne (Escenario libre) fundada en 1889; esta asociación teatral ya había roto con “la vieja escuela” que, desgraciadamente todavía influía nuestro teatro a través de las compañías españolas que aquí representaban.

Desde sus inicios como recitador, Wagner ya había introducido una técnica novedosa, para el público mexicano, en la forma de decir el verso; cito una nota del periódico Excélsior publicada en 1932: “Fernando Wagner que con una profundidad asombrosa, técnica nueva para nosotros y un temperamento que no necesita acogerse a mímicas ilógicas para hacer sentir su arte, conmovió al auditorio de artistas, que en su mayoría llenaba la sala.”[vi]

Para el fundador del Teatro Panamericano “la misión del director de escena estriba en encontrar y poner de manifiesto las relaciones de una obra teatral con los problemas actuales, relacionar lo eternamente humano con lo que es de actualidad para el público”[vii]

Con un grupo de actores profesionales tanto mexicanos como norteamericanos, entre los que figuraban Isabela Corona, Clementina Otero, Pedro Armendáriz, Arturo de Córdoba, Annelies Morgan, Jane Blair, Edward Binns y Rickey Austin, entre otros, además de algunos amateurs, inicia Fernando Wagner esta aventura teatral.

La primera obra que escenificó el Teatro Panamericano fue Strange Bedfellows (Extraños compañeros) de John McGee, en el Teatro del Pueblo, ubicado en el mercado Abelardo Rodríguez (calle República de Venezuela). Se contó con la cooperación de las autoridades mexicanas, ya que el Departamento de Acción Cívica proporcionó, gratuitamente, el local. Cabe mencionar también la ayuda del escritor Don Julio Jiménez Rueda a quien entusiasmó este proyecto.

La segunda escenificación fue Arms and the Man (Héroes) de George Bernard Shaw con la actuación de Pedro Armendáriz, escenografía del pintor Günther Gerzso y la música interpretada por la Banda de la Defensa Nacional.

La elección de este drama obedeció a que, cito el programa de mano “su valor consiste en las agudas observaciones y apreciaciones de Bernard Shaw y en una inesperada actualidad. Por esta razón se decidió representar la comedia en estilo estrictamente moderno.”[viii]

Después de la segunda representación y debido al fracaso económico, el Teatro Panamericano estaba a punto de sucumbir; pero, gracias a la ayuda del Club Altrusa de Asistencia Infantil que se encargó de vender los boletos y de conseguir el Palacio de Bellas Artes para las siguientes representaciones, este proyecto pudo continuar; de ahí en adelante las representaciones tendrían lugar en Bellas Artes (se anunciaba con la iluminación del telón de Tiffany) o en el llamado Salón Verde que se acondicionó como teatro de cámara.

Los cuatro siguientes proyectos eran, a mi parecer, muy interesantes, pero desgraciadamente no fructificaron por razones que no me fue posible rastrear. El primero era la escenificación de The Unforeseen (Lo que ella no pudo prever) de Don Julio Jiménez Rueda; el segundo una obra prohibida en Estados Unidos: Ex presidente de Emmet Lavery que, cito a Wagner “…se basa en lo que pasaría si la política del buen vecino se trocase en la política del hermano mayor.”[ix]Obra, está por demás decirlo, profética. En tercer lugar se preparaba un homenaje a Ruiz de Alarcón con motivo del tercer centenario de su muerte y, por último, una especie de teatro documental que ilustraría la historia de México a partir de la conquista española.

En su lugar se presentaron Bury the Dead (Enterrad a los muertos) de Irwin Shaw, Goodbye Again (Adiós otra vez) de Scott y Haight y Rain (Lluvia) de Colton y Randolph, basada en una historia de W.S. Maugham.

Con la obra de Irwin Shaw la compañía confirmó su espíritu antibélico: a pocas semanas del estallido de la conflagración mundial se estrena este drama estremecedor cuyo autor denomina “Una obra acerca de la guerra que iniciará mañana”.[x] Seis soldados muertos se niegan a ser enterrados como protesta al sacrificio inútil de sus vidas. Las críticas favorables a esta producción, que contó con las actuaciones de Edward Binns, Rickey Austin y Annelies Morgan, entre otros, así como con música original del maestro Ángel Salas interpretada por los alumnos de la Escuela de Arte para Trabajadores No. I, no se hicieron esperar; destacoóuna publicada en español en el Universal Gráfico que ilustra la escenificación que en ese momento resultó innovadora: “…La realización es original y novedosa. El escenario en oscuridad profunda, va siendo parcialmente iluminado según la escena; en el momento del clímax no hay una sola luz,  y son las voces únicamente las que trasmiten la emoción del drama. Para poner la escena dos cortinas negras abiertas en ángulo, un pequeño templete, unos sacos de arena.” La nota finaliza con el siguiente comentario: “…es necesario hacer un elogio del esfuerzo de este grupo de artistas, que ha ofrecido, aunque sea en idioma inglés, esta obra de tanto éxito en Estados Unidos. Que su esfuerzo no se pierda; que sea útil no sólo para ellos, permitiéndoles continuar con otras obras que no conocemos, sino también para los que quieren levantar el interés por el teatro en México, para los autores, directores y actores, que tienen en su mano hacer lo mismo que el Teatro Panamericano, con entusiasmo y esfuerzo. …Los aficionados al teatro deben ir a ver la obra: perderán mucho de su belleza si no entienden todo, pero perderán todo si no van.”[xi]

La segunda temporada tuvo lugar durante los meses de enero, febrero y marzo de 1940 con el estreno mundial de Mexican Mural del yucateco Ramón Naya, ganador de un premio por esta obra, en los Estados Unidos. Otro de los objetivos de Wagner dentro del Teatro Panamericano fue: “El que la población flotante, el turista, pueda conocer en nuestro teatro algunos aspectos peculiares de nuestro folclore, presentado con la seriedad y respeto debido a tales manifestaciones para no desvirtuarlas.”[xii]

La obra, escrita originalmente en inglés, no fue del agrado del público nacional que la consideró “Un “mexican curious” dividido en cuatro partes, en el que tanto el director como los dirigidos trabajaron con empeño digno de mejor obra.”[xiii]

Le siguieron Boy meets Girl (Muchacho conoce muchacha) de Sam y Bella Spewak, con Fernando Torre Lapham como actor y asistente de dirección – y Night must Fall  (Al caer la noche) de Emlyn Williams, para cerrar la temporada con el estreno mundial de Ashes of Dreams (Escombros de sueño) de Celestino Gorostiza.

La tercera temporada tuvo lugar ese mismo año con las obras Yes my Darling Daughter. (Si, mi amada hija) de Mark Reed, Dangerous Corner (Esquina peligrosa) de J.B. Priesley, Mañana is Another Day (Mañana será otro día) de Apstein y Morris, obra que transcurre en la ciudad de Cuernavaca, yThe Second Man (El segundo hombre) de N.S. Behrman.

La cuarta temporada se realizó en el Salón Verde de Bellas Artes y fue en español; se presentaron Enterrad a los muertos, Anna Christie de O’Neill, con Isabela Corona y Arturo de Córdoba, Del brazo y por la calle de A. Moock -a beneficio y con las actuaciones de Pepita Melia y Benito Cibrián- y Petticoat Fever  (Amor a 55 grados de M. Reed) con Pedro Armendáriz.

El utilizar el Salón Verde como espacio teatral, o sea la creación de un teatro de cámara fue otro de los aspectos innovadores de Wagner. Para Víctor Moya “Wagner ha tenido visión del futuro y trata de solucionar los dos factores que hacían tan difícil la presentación de obras serias: por una parte la escasez de público y por otra el alto costo del alquiler y producción. …Cuando la gente en México se dé cuenta cabal de que en el teatro de cámara se tienen impresiones mucho más reales que en el cine y emociones mucho más intensas que las recibidas en el teatro a que está acostumbrada, acudirá regularmente. “Para Rodolfo Usigli “En el Salón Verde ha empezado a desenvolverse un nuevo acto del Teatro Panamericano, más próximo quizás a la síntesis buscada que los anteriores.”[xiv]

Es importante hacer notar de acuerdo con la relación que hizo Luis G. Basurto [xv]de las actividades teatrales de ese año (1940) que, a excepción de la obra de C. Gorostiza Ser o no ser, únicamente Rodolfo Usigli en su Teatro de Medianoche y Fernando Wagner con su Teatro Panamericano representaron obras de autores mexicanos.

Respecto del Teatro Panamericano, Basurto comentó: “Dirigido por Fernando Wagner fue, sin duda, el Teatro Panamericano, una de las instituciones escénicas que más decoro y calidad artística pusieron en sus representaciones de obras de más o menos excelencia artística, pero siempre honestas y presentables.”[xvi]

El año de1941 fue de poca actividad para este grupo que presentó solamente dos obras: You Can’t Take it With You (Vive como quieras) de Kaufman y Hart y Ladies in Retirement (Damas retiradas) de Percy and Denham.

En 1942, año en que el presidente Ávila Camacho expide el Decreto en el que México se encuentra en estado de guerra con Alemania, Italia y Japón, es de silencio para el Teatro Panamericano; hasta julio de 1943 reinicia sus actividades con una temporada a beneficio de la Cruz Roja Americana en colaboración con la Cruz Roja Mexicana, con el fin de enviar ayuda a las fuerzas aliadas. Se montaron Three Men on a Horse (Tres hombres en un caballo) de Holm y Abbott donde actuó el mexicano Jorge Martínez de Hoyos y el español Paco de Valera, Blind Alley (Callejón sin sali-da) de J. Warwick con la participación de Eduardo Noriega y Life with Father (La vida con papá) de Clarence Day con Margot Wagner. El director musical de esta temporada fue el Mtro. Ángel Salas.

Se puede afirmar que el Teatro Panamericano contribuyó al panorama general del teatro mexicano con el estreno de obras destacadas del teatro universal; la revelación teatral de figuras como Arturo de Córdova y Pedro Armendáriz, actores que se habían dedicado básicamente al cine; la participación de figuras que, con el tiempo, ganarían un lugar importante dentro del quehacer teatral del país como Xavier Rojas, Fernando Torre Lapham, Víctor Junco, José Elías Moreno, etc., la presencia de Isabela Corona y Clementina Otero, quienes habían participado tanto en el Teatro Ulises como en el Grupo Orientación, y la formación de una compañía estable en la que colaboraron destacados intelectuales y artistas, tanto mexicanos como extranjeros radicados en nuestra nación, como Don Julio Jiménez Rueda, Günther Gerzso, Ángel Salas y Waldeen, entre otros.

Por último quisiera citar nuevamente al Mtro. Usigli, de quien Wagner pretendía estrenar El gesticulador, evento que no se llevó a cabo por problemas con la traducción; Usigli comenta respecto de la labor de Wagner dentro del Teatro Panamericano: “Para un romántico como Wagner, el papel ideal es el de sembrar en el yermo mexicano un poco de tormenta y un poco de ímpetu; su drama es el de Sigfrido y los Nibelungos; su pelea es contra los maestros cantores -traducidos del francés- y contra los mercachifles y los simuladores del teatro mexicano.”[xvii]



[i] RODRIGUEZ, Manuel José “Breve charla con Fernando Wagner” Excélsior (Méx. D.F.: 27 de abril de 1939) pp. 4 y 7.

 

[ii] Ibídem.

[iii] USIGLI, Rodolfo “Realidad y espejismo del Teatro Panamericano” (México, D.F.: abril, 1941).

[iv] Ibídem.

[v] WAGNER, Fernando Teoría y Técnica Teatral. México, Editores Mexicanos Unidos, 1986, 375pp. pág. 32.

 

[vi] Notas al programa de mano Tres recitales de poesía alemana, 1932.

[vii] WAGNER, Fernando Op. Cit. Pág. 188.

[viii] RODRIGUEZ, Manuel José Op. Cit.

[ix] SHIPLEY, Joseph Guide to great plays Public Affairs Press, Washington, 1956, 868 pp. pág. 716.

[x] nn”Teatrales, estreno de Enterrad a los muertos en Bellas Artes.” El Universal Gráfico diario ilustrado (Méx. D.F.: 1 de julio de 1939) pp. 6 y 13.

[xi] RODRIGUEZ, Manuel José op. cit.

[xii] nn. “Una comedia de autor mexicano escrita en inglés” (recorte periodístico sin datos)

[xiii] MOYA, Víctor “Circo, maroma y teatro” Todo (Méx. D.F.: 12 de diciembre de 1940)

[xiv] USIGLI, Rodolfo op. cit.

[xv] BASURTO, Luis G. “Panorama escénico del año 1940” Excélsior (Méx. D.F.: 1 de enero de 1941)

[xvi] Ibídem

  1. [xvii] USIGLI, Rodolfo op. cit.