Los agujeros negros de los privilegios tributarios

Alfredo Ríos Camarena

La aspiración de justicia en materia tributaria no es nueva, ha sido tema que los distintos grupos sociales siempre señalan como importante, pero cuando afecta los intereses de quienes hablan mucho y hacen poco, surgen las presiones y las modificaciones para eludir la política impositiva, a tal grado, que nos hemos convertido en uno de los países que recauda menos y con un costo mayor; a guisa de ejemplo, están las airadas declaraciones de esta semana de la Iglesia católica publicadas en su semanario oficial. Precisamente las iglesias deberían ser causantes de la tributación, como son todas aquellas entidades que reciben ingresos; entre otras cosas, por ahí podemos empezar, que paguen quienes reciben, y más aún, cuando los llamados Príncipes de la Iglesia viven como auténticos príncipes medievales.

Hace unos cuantos días, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, en la clausura del Foro México 2013, dejó claro que deben pagar más quienes más ganan y que ésta no es sólo una decisión del gobierno federal, sino también, un acuerdo de los partidos políticos mayoritarios, expresado en el denominado Pacto por México.

Para muchos teóricos de la economía, como el Premio Nobel Paul Anthony Samuelson, los impuestos al consumo son regresivos porque afectan a los más pobres, ya que son los que tienen menores ingresos, y en consecuencia, el pago de estas contribuciones al consumo les afecta de manera más grave su ingreso total.

Para los gobiernos es muy fácil cobrar los impuestos al consumo, como el IVA, a los energéticos y otros más, pero si sólo nos quedamos en esto, la reforma fiscal ni será justa ni será reforma, aunque en el PRI ya se preparan a modificar sus documentos básicos para apoyar las políticas fiscales que tienen que ver con el IVA y con la industria petrolera nacional; por eso, entre otras cosas, la reforma se anuncia hasta el segundo semestre del 2013.

Otro de los temas que deben resolverse es aquel que tiene qué ver con la economía informal, ya que en este caso existe evasión fiscal; quizá no sería tan difícil volver a los viejos esquemas de cobrar impuestos fijos a todo este sector, tan enorme e irregular, que no paga los impuestos a las instituciones correspondientes, sino que sus pagos son a sus propios líderes, quienes a su vez se quedan con una gran parte de ese dinero en sus bolsillos y cuentas personales.

Para que la política hacendaria funcione, se requiere también tapar los agujeros negros de la elusión, acabando con los privilegios fiscales; con la consolidación y con todas las trampas y evasiones, a través de los cuales los grotescamente enriquecidos de este país no contribuyen al gasto público, violan esta obligación constitucional.

Videgaray tiene razón, la reforma debe ser justa; pero primero que nada debe afectar a esos grandes empresarios que se han enriquecido de manera astronómica.

Ojalá esta política de reforma se conduzca efectivamente con el valor supremo de la justicia.