El espíritu oculto

 

 

La educación es la menos cara

de las defensas de una nación.

Edmund Burke

 

José Alfonso Suárez del Real y Aguilera

Al analizar con detenimiento el profundo estudio sobre la estrategia empresarial estadunidense para incidir directamente en la educación de las nuevas generaciones de consumidores estadunidenses, del catedrático de la Universidad de Illinois William Ayers, se acredita plenamente el verdadero espíritu del compromiso 9del Pacto por México, en donde son ubicables las condiciones de desarticulación del sistema zonal educativo a través de la demagógica figura de la autonomía de gestión de las comunidades escolares.

Bajo este espejismo democrático,la iniciativa presidencial en la materia incluyó textualmente dicho compromiso como parte del quinto transitorio, ofreciendo presuntas libertades de acción a cada comunidad escolar para “mejorar su infraestructura, comprar materiales educativos y resolver problemas de operación básicos”, que son responsabilidades del Estado, bajo mecanismos engañosos, y dan paso al esquema estadunidense denunciado por William Ayers.

En su pormenorizado análisis, el académico estadunidense ilustra el enorme riesgo que representan para la educación pública las llamadas escuelas charters, esquemas escolares en las que el Estado pone la infraestructura, es decir el plantel, la administración del mismo recae en manos privadas y se elimina la injerencia sindical, logrando con ello la sustitución de la homogeneidad de la educación pública, por la pluralidad intrínseca a la libre competencia nutrida a través de cuotas solicitadas a los padres de familia o vía acciones filantrópicas de grandes consorcios, cuyas aportaciones serán retribuidas con la visible colocación de logotipos y marcas como parte del reconocimiento de la comunidad escolar a su benefactor.

La vertiente más riesgosa de las escuelas charter estriba en la autonomía para la compra de materiales educativos, lo que puede resultar al final de cuentas con una silenciosa estrategia, la disminución y extinción del libro de texto gratuito —paradigma del sistema educativo mexicano—  en función del libro electrónico, tecnología a través de la cual consorcios internacionales como el de Bill Gates está logrando catequizar a las nuevas generaciones, no sólo en el uso de los gadgets, sino en pro de la ideología empresarial que predica.

Abrir las puertas a privados para que desde las estrategias filantrópicas  silenciosamente se apropien de la infraestructura educativa del Estado, dobleguen a un cacicazgo sindical y —gracias a ello—  administren la educación en función a la agenda empresarial —perfectamente identificable a través de las organizaciones de la república mediática instaurada por el duopolio televisivo en México— en la construcción de generaciones ideologizadas a favor de la libre empresa y de la competencia como sinónimos de progreso, es el enorme atractivo neoliberal de la reforma educativa aprobada al vapor por el Congreso de la Unión.

Ese, y no otro, es el espíritu oculto de lo aprobado gracias a la extraña e incongruente faena de la senadora Palafox del Partido del Trabajo, quien reinsertó el primer párrafo del quinto transitorio, situación que puso en jaque mate a la menos cara de las defensas de una nación,como afirmó el padre del liberalismo inglés, Edmund Burke, al defender la educación pública como política de Estado.