Jaime Luis Albores Téllez

La tejedora de sombras (Premio Iberoamericano de Narrativa, 2012), de Jorge Volpi, es una novela que en automático nos lleva a recordar lo que Freud decía del artista: “El artista es al principio un hombre que se aparta de la realidad porque no puede aceptar la renuncia a las satisfacciones impulsivas que ella empieza por exigir, y que da libre curso a sus deseos eróticos y ambiciosos en la vida de la fantasía. Pero encuentra el camino que le permite volver de ese mundo de la imaginación a la realidad fabricando, gracias a sus dotes especiales, sus fantasías en una nueva especie de realidad, y los hombres le conceden un derecho a la existencia como precioso reflejo de la realidad. Así es que, en realidad llega a ser un héroe, el rey, el creador (…) Pero sólo lo puede lograr porque los otros hombres están tan poco satisfechos como él mismo con las renuncias exigidas por la realidad…”. Jorge Volpi nos presenta a Christiana Morgan, personaje principal del libro La tejedora de sueños, como una mujer casada que se deja llevar por sus deseos eróticos con diferentes hombres como una especie de experimentación para conocerse así misma, sin renunciar al amor por Henry Murray (ambicioso médico de Harvard) quien está casado con una mujer rica de Boston. En esa búsqueda de conocerse así mismos —Christiana y Henry— viajan a Suiza para ser analizados por Jung. Christiana es inducida a profundos estados de trance, donde su imaginación se desboca en imágenes que plasma en un cuaderno, las visiones interpretadas por Jung la llevan a otra fantasía que ella llama realidad, pues empieza a suponer que no puede amar a otro hombre como ama a Henry, que su vida tiene sentido, un propósito, hacer que triunfe Henry Murray, creando un libro que analice los sentimientos de los seres humanos. Este libro retrata una época de los años de antes y durante la Segunda Guerra Mundial, donde existió la idea de no refrenar los impulsos de índole que fueran y que lamentablemente fue la impulsora de sentimientos que llevaron a hombres y mujeres a vivir en el horror de una devastación mundial. En aquellos años de 1920 a 1945, aproximadamente, Freud y Jung lograron que la gente tuviera más conciencia de su infelicidad como nunca antes, estaban insatisfechos con todo, y se dieron cuenta que todos sus problemas surgen cuando sus deseos no son cumplidos. Hicieron a un lado sus sentimientos de culpa e hicieron todo lo posible para lograr sus deseos. En esta carrera frenética por cumplir sus deseos empezaron a castigar a sus cuerpos y mentes. Si buscaban amor las mujeres intuían que necesitaban ser madres y todas sus relaciones tenían ese fin, procrear. Entonces serían felices. Y en estos andares algunas mujeres trataron de controlar todas sus relaciones, caso de Christiana. Jorge Volpi presenta una novela de ficción basada en sus homónimos reales: Christiana D. Morgan y Henry A. Murray, psicólogos que se interesaron en los sentimientos de los seres humanos. Y por cierto es muy valioso que los capítulos del libro tengan movimientos musicales como “allegro con Brío”; “scherzo: agitato”; “andante” y “finale: adagio”. Cuatro movimientos para esta pieza musical que es la novela La tejedora de sombras. Freud decía que hay un “fenómeno musical que muestra el parentesco de lo musical con lo humano. Es la concordancia de las tres notas que contiene la unidad en el tres y en el ternario (…) El individuo particular está ligado a lo humano, y está formado siempre sin excepción, por el hombre, la mujer y el niño, es la ley que lo rige. Y porque el hombre es trinidad no se puede hacer de otra manera que exigir de su vida musical la misma trinidad”.

Jorge Volpi, La tejedora de sombras. Planeta, México, 2012; 280 pp.