¿Privatización del espacio de todos?
Carlos E. Urdiales Villaseñor
En la ciudad de México, en la Delegación Cuauhtémoc para ser preciso, se llevó a cabo la consulta ciudadana para que los vecinos de esa zona decidieran sobre la instalación de los parquímetros. Un sistema mediante el cual el espacio público, la calle, se ordena el cobro por estacionar un automóvil a razón de 2 pesos cada 15 minutos, 8 pesos la hora.
En redes sociales leí durante la jornada algún comentario que decía: “¿sabías que de lo recolectado por EcoParq —así se llama el organismo dependiente del Gobierno del Distrito Federal que opera los parquímetros—, sólo el 30% se destina a mejoras directas a la zona?” Y la pregunta lleva parte de razón, pero no toda.
Los datos duros siempre contribuyen al debate informado y por lo tanto constructivo. Más allá de llevar la discusión a las historias de franeleros, cuida coches o viene-vienes que serán desplazados de su modus vivendi o si el cobro implica la privatización de lo que es de todos, vale mirar experiencias similares y su impacto social, cifras e incidencia en los presupuestos para tener mejores espacios para todos, no sólo para los que manejamos un automóvil en esta megaurbe.
El 30% del dinero que se recaba por parquímetros va libre de impuestos directamente al Consejo Vecinal para que éste lo ocupe en la recuperación de banquetas, jardines, jardineras, fachadas y luminarias.
Otro 20% del dinero que ingresa por parquímetros va directo a seguridad, más vigilancia, más patrullas, apoyo de las dependencias de seguridad en caso de vandalismo, apoyo de seguridad en casos que demanden de cuerpos de proximidad. El 50% restante es para EcoParq que compra, instala y opera las maquinas tragamonedas o parquímetros y paga al personal que vigila y, en su caso, sanciona con la colocación de inmovilizadores a quienes infringen la norma. El destino de este dinero lo deciden los ciudadanos a través de sus Consejos Vecinales, así como qué empresas se encargan de realizar los trabajos.
Con la reparación de banquetas se inhibe el comercio ambulante, y, en caso de que quienes son retirados decidan regresar, la fuerza pública o las instancias correspondientes entran en acción. Lo mismo vendedores en la vía pública como quienes apartan lugares para luego cobrar por su uso son también una privatización anárquica del espacio de todos. Que todo esto es producto de un modelo económico que ha orillado a miles a estas opciones puede ser discutible, pero no por ello tolerado.
En el caso de la Delegación Miguel Hidalgo donde en varias colonias, sobre todo Polanco, ya opera EcoParq, el presupuesto anual destinado a reparación de banquetas pasó de 2 millones a 24 producto de esas contribuciones que rondan los 2 millones de pesos mensuales. Como esas obras no se realizan de manera permanente, una vez concluidos los trabajos de reparación, cada colonia contará con fondos para su mantenimiento y otros trabajos de infraestructura y mejoramiento. El vecino y sus representaciones se posicionan así en la punta de la pirámide en cuanto a las decisiones del uso de los recursos.
Y sano resulta que cada colectivo vecinal decida cómo ordenar su entorno, y sirve para ello tener datos precisos. También se puede constatar lo que ocurre hoy en zonas donde ya operan los parquímetros en cuanto al tiempo requerido para encontrar un lugar, estacionarse, pagar 2 pesos por cada 15 minutos y hacerlo de una manera eficiente, ordenada y transparente.
