No ser sólo un actor de reparto
José Elías Romero Apis
Si hay algo muy lastimoso en la vida de un político es que sean otros los personajes más importantes de su propia existencia. Que él sea, en ella, tan sólo un espectador, un extra o, cuando mucho, un actor de reparto.
Pero, qué difícil es definir o describir la trascendencia, comparativamente con la insignificancia humana. Cierta ocasión, en una plática de familia dije que muchos personajes políticos mexicanos han sido figuras muy aburridas. Conversar con algunos políticos importantes nos ha producido verdadera pereza. A esto sobrevino una pregunta lógica. ¿Cómo se identifica a un personaje poco interesante?
Esto no es un ocio dominguero. Es muy importante reconocer la grandeza histórica desde el presente y no sólo hacia el pasado. El testigo de la historia está obligado, también, a ser el adivino de la grandeza.
La primera respuesta que me di a mí mismo fue que una persona es insignificante cuando, siendo muy importante, la rodean personas que resultan más interesantes que él. Aclaro que esta regla no sirve para calificar a los presidentes. Su cargo es tan espectacular que resulta muy difícil que alguien cercano le pudiera robar los reflectores. Pero los encargos menores al presidencial sirven perfectamente para ilustrar mi ejemplo. El cargo de gabinete o de gubernatura, por sí solo, no es tan interesante ni tan espectacular como el presidencial.
De allí que las personas cercanas pueden resaltar más que el propio personaje. Es fácil identificar a algunos funcionarios a los que lo más importante que les ha sucedido, en toda la vida, ha sido su metiche hermano, su hermosa novia o su ratero cómplice, dejando a ellos como una figura de segundo lugar. No sus proclamas ni sus discursos ni sus doctrinas ni sus ideas ni sus obras. Vamos, ni siquiera sus errores o sus vilezas sino, tan sólo, lo que le prestan los que se fotografían junto a ellos.
Para facilitar el método de análisis sirva imaginar que somos cineastas y que llevaremos sus biografías al cine o a la telenovela.
Decía yo que en los presidentes esto, generalmente, no funciona. Jackie, Rosa Luz, Raúl y Carla fueron, sin discusión, figuras muy importantes en las vidas que acompañaron. Pero resultan muy menores ya vistas al lado de Kennedy, López Portillo, Salinas y Sarkozy, aun éstos con todos sus defectos y virtudes.
Una excepción presidencial fue Vicente Fox. Para interpretarlo, yo contrataría a un buen actor que, más o menos, diera el parecido. Quizá a Daniel Giménez Cacho. Pero mi mayor presupuesto, mi mejor argumento y mi más fina atención sería el personaje de Marta Sahagún. Todo ello para interpretar lo que me han contado de ella sin que me conste.
Aclaro que descarto a Raquel Pankowsky porque yo no haría una sátira cómica. La vida de Fox, tan alumbrada por la fortuna pero tan batida en el absurdo y tan anegada en el fracaso, me parece un profundo drama de la vida y la mayor tragedia personal que he visto en un presidente mexicano. Para comenzar, por lo que he dicho. Porque el personaje central de su vida es su esposa y no él. En el fondo de la realidad humana, Fox invita más a la compasión que a la burla.
Una figura extranjera que provoca confusión es Juan Domingo Perón. A primera vista pareciera que su esposa, Eva, fue muy importante en su vida. Creo que esto es una sobreestimación producto de una ignorancia muy generalizada. Perón es una figura interesante por complicada. Tiene, entre lo bueno, que casi colinda con lo genial. Tiene, entre lo malo, que casi raya en lo siniestro. Es una figura histórica que me inspira terror, más no lo provoca por perverso sino por oscuro.
Pero lo importante es que Juan Domingo Perón fue el verdadero y único protagonista en la vida de Perón. Ni Eva, ni Isabel, ni Cámpora, ni los generales argentinos ni nadie fue realmente importante en su vida. En el fondo, nadie la afectó y nadie la inspiró. Con Perón el cineasta podría realizar una producción multiestelar o un simple monólogo y los dos podrían ser excelentes. Si un político, un historiador y un psicoanalista reunieran su inteligencia y su experiencia, podría resultar un argumento cinematográfico ideal.
Por el contrario, se dice que Marta controló la vida del presidente Fox. Que en muchos momentos de la vida Fox era Marta y Marta era la presidenta.
Ahora, por el contrario, pensemos en María Tudor. Siempre rodeada de reyes. Ella misma fue reina, hija, hermana, esposa y tía de reyes. Todos titánicos, no reyezuelos. Los que la rodearon durante su vida fueron diez de los reyes más importantes en la historia de sus naciones.
Pero en todas las muchas obras de literatura, de cine, de teatro y de televisión que María ha inspirado, nadie le quita el protagonismo a su vida. Ni sus padres Enrique VIII y Catalina de Aragón, ni su madrastroide Ana Bolena, ni sus abuelos Isabel La Católica y Fernando de Aragón, ni su tía Juana La Loca, ni su primo Carlos V, ni sus hermanos Isabel I y Eduardo VI, ni su esposo Felipe II. Hasta la magnificencia legendaria de su cuñado Juan de Austria, aunque no fue rey sino héroe.
La vida de María es todo un drama político, personal, filial y amoroso aderezado, por si fuera poco, por el abandono paterno y marital, por la infertilidad dolorosa en cualquier mujer pero catastrófica en una reina y por el cáncer prematuro y terminal. Pero, todo ello, es un drama propio y no ajeno.
En medio de todas sus tragedias, logra salvar la corona británica y la sobrevivencia de su nación. Para ello y para entrar en la grandeza histórica no requirió de todo un sexenio. Tan sólo cinco años de reinado le fueron suficientes. Hoy y por siempre, en el Reino Unido habrá universidades, hospitales, plazas, trasatlánticos y portaaviones que ostenten el nombre de Queen Mary.
La vivencia de nuestra vida en la persona de otros no tiene un nombre definido. Podríamos inventar el de bioalteración. Bios, vida; alter, otro. La vida en otro. Esto es, el depósito de nuestra propia existencia en la persona de otro individuo. Todo esto ha de ser tan triste como ver comer tacos, como ver jugar bacará o como ver películas pornográficas. Todo ello es ver cómo gozan los otros sin actuar nosotros.
w989298@prodigy.net.mx
twitter: @jeromeroapis
