Beatriz Gutiérrez Müller/Autora de Viejo siglo nuevo
Eve Gil
Beatriz Gutiérrez Müller (México, D.F, 1969) adquirió notoriedad mediática por tratarse de la esposa del candidato presidencial del PRD, Andrés Manuel López Obrador, y potencial futura primera dama. Se trata, sin embargo, de una notable académica y novelista que mucho antes de las pasadas elecciones debutó con la novela Larga vida al sol. Su más reciente novela, Viejo siglo nuevo (Planeta, 2012) la consagrará como escritora.
Y si bien se trata de una novela histórica en todo el rigor del término, Beatriz confiesa que su intención era reflexionar sobre un tema que la perturba: “Me intriga mucho la muerte, es un tema en el que me detengo a pensar más a menudo de lo que quisiera, y una de las cosas que más me atrae de la personalidad de Francisco I. Madero es que, de alguna manera, intuyo que él no le temía a la muerte.”
Brigitte Haasse, una de estas voces congregadas, señala: “A don Francisco I. Madero, el presidente, siempre lo quise conocer, lo mataron. Era necesario. Era un alma pura. Veía demasiado al prójimo…” (p. 243).
La forma de narrar de Díaz del Castillo
Madero, sin embargo, dista de ser un protagonista absoluto. Tampoco puede afirmarse que Viejo siglo nuevo sea “otra-novela-más” sobre Madero o la Revolución Mexicana. En lo absoluto. Le comento a la autora que percibo su obra como una gran sesión espiritista, en la que convergen múltiples testigos y víctimas de los hechos históricos, narrando desde el más allá. También remite a las novelas corales de William Faulkner que, como la que nos ocupa, transcurren en ámbitos o circunstancias hostiles o trágicas.
“Uno de los personajes que he abordado por mi labor académica es Bernal Díaz del Castillo —señala Beatriz— y es más bien en quien pensaba al momento de elegir esta forma de narrar. El le da voz a los vencidos de la Conquista, que en cierta forma son héroes anónimos, y logra todo un mural del proceso, así que opté porque cada personaje fuera su propio narrador. Nunca he estado en una sesión espiritista, pero el espiritismo es, esencialmente, una plática espiritual, y aquí los personajes mantienen un largo diálogo interior, consigo mismos y, en algunos casos, con seres amados o hasta con sus propios asesinos.”
Viejo siglo nuevo aborda aspectos poco conocidos del proceso revolucionario, como el papel que jugaron los migrantes, las alianzas matrimoniales, los conflictos domésticos, la xenofobia, etcétera, y se desarrolla, casi en su totalidad en Hermosillo, Sonora.
“Que me corrijan los historiadores —parece un reto de Beatriz—, pero Sonora era un ejemplo de bonanza económica. Era un centro muy importante, más incluso que Monterrey, que no logró resistir a la Revolución. Esa característica fue lo que produjo la migración. En mi novela me ocupo principalmente de chinos y alemanes, aunque hubo de muchas nacionalidades más.”
Los chinos
“Son personajes ficticios —agrega—, pero inspirados en personas reales, en especial el chino Chew Zhu, una mezcla de dos chinos reales. Uno era un comerciante de nombre Lin Tang, que introdujo el arroz a Sonora, y otro de nombre Juan Li o Ley que trabajaba en los ferrocarriles y acabó refugiado en Durango cuando se decretó la expulsión de los chinos de Sonora, durante el gobierno de Plutarco Elías Calles. Luego de Madero se dio un patriotismo exacerbado y mal entendido que devino en xenofobia, concretamente contra los migrantes chinos. Pienso que había en ello algo de envidia por la prosperidad que estos habían alcanzado. No es casual que en la novela mencione a los judíos, anticipándome un poco a lo que ocurriría en años posteriores, y la masacre de chinos con la que empieza la novela ocurrió mucho antes de la persecución nazi contra los judíos y en nuestro país.”
Chew Zhu es, esencialmente, un buen hombre, comerciante de telas, a quien los habitantes de Hermosiio —como él lo llama— respetan pese al desprecio generalizado contra los chinos y hasta logra la venia de un empresario sonorense para cortejar a su hija, María Jesús. Morirá, sin embargo, a manos de quien menos lo espera. Kasper Haase, por su parte, es un banquero alemán que se codea con la crema innata de la sociedad sonorense, incluyendo gobernadores. En alguna parte de la novela señala —página 75—: “La gente prefiere seguridad antes que democracia”.
Le pregunto a Beatriz si considera que en el México actual se alberga una idea similar a la expuesta por Kasper.
“Hablar de democracia en ese tiempo —responde— no era como ahora. Madero es visto como loco de principio cuando llega a proponer que el presidente sea elegido por los ciudadanos. Como alemán, como súbdito de un imperio, Kasper no concibe algo semejante. Actualmente, la palabra democracia está de moda, y nadie se atrevería a decir que está en contra de ella, y que apoya la monarquía o algo por el estilo, pero en el fondo, claro, hay quien desearía una mano dura.”
Los yaquis formaron parte esencial del proceso revolucionario, y tienen asimismo un papel preponderante en la novela de Beatriz, principalmente a través de un personaje llamado Fernando Castillo.
“Fui a conocer personalmente a los yaquis —señala Beatriz— y no fue nada fácil. Tuve que obtener un permiso especial y hacerme acompañar por un traductor. Es curioso, porque los yaquis hablan perfectamente el español, pero en presencia de los yoris (blancos) emplean únicamente su lengua. Es un forma de protección. Quedé gratamente impresionada por la fuerza y la dignidad de estas personas, y su bella tradición oral de la que tomé un fragmento para trasladarlo a la novela.”
Actualmente, Beatriz Gutiérrez Müller está inmersa en su actividad académica, es candidata a doctora en teoría literaria y tiene la intención de escribir otra novela histórica donde el protagonista sería Felipe Angeles, que aparece como personaje incidental en Viejo siglo nuevo.
