Entrevista a Alejandra Soriano/Coordinadora del PRD en el Congreso de Chiapas
Antonio Cerda Ardura
Dos décadas después de su primera aparición en la escena pública; tras haber negociado con el gobierno; luego de alcanzar una gran popularidad a escala mundial y haber lanzado un proyecto político para Chiapas, a través de nuevas experiencias de participación y organización democrática, y de lograr que los ojos del mundo se posaran en los indígenas de América, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) está de vuelta, recordando que sus demandas están aún vigentes, en particular la de elevar a rango constitucional los derechos y la cultura indígenas, pero, sospechosamente, al inicio del regreso del PRI al poder.
En medio de críticas internas respecto a que el EZLN lo que busca ahora es posicionarse políticamente, en Estados Unidos, la revista Time sostiene que la reaparición de los zapatistas es un mensaje dirigido claramente al PRI, para que “no busque interferir en las autonomías zapatistas, que han logrado grandes avances en distintos temas, como educación, vivienda y derechos de las mujeres”.
A este respecto, en entrevista con Siempre! la diputada Alejandra Soriano, coordinadora del Grupo Parlamentario del PRD en el Congreso del Estado de Chiapas, admite que sí despierta ciertas suspicacias la vuelta del subcomandante Marcos y el EZLN. No obstante, asegura que más allá de ellos, en Chiapas persiste la pobreza, la cual es necesario resolver.
Señala la legisladora que es urgente que el nuevo gobierno dé cumplimiento a los Acuerdos de San Andrés, pactados entre la administración federal y los zapatistas.
Cruel realidad
¿Cuál es su impresión del resurgimiento del EZLN? Curiosamente aparece cuando toma posesión un gobierno del PRI, pero durante el gobierno de Felipe Calderón se mantuvo al margen, y eso con la embestida del Ejército. ¿Qué representa ahora?
Sin duda, hay muchas interpretaciones. Pero como ellos mismos lo expresaron: “Si ellos regresaron (los del PRI), pues también nosotros estamos aquí, y más vivos que nunca”. Los zapatistas se hacen presentes en el inicio de, otra vez, un gobierno priista, que se han caracterizado por ser autoritarios y represores. De alguna manera la reaparición del EZLN señala que también existen saldos pendientes en el caso de nuestros hermanos y hermanas indígenas.
Hay una realidad, una cruel realidad que no se ha querido ver, y, por el contrario, se ha tratado de negar, pero las condiciones de pobreza y marginación se siguen dando no sólo en Chiapas, sino en particular en los municipios donde está concentrada la población indígena. Todavía la semana pasada estábamos conociendo de la muerte de cinco niños, todos por afecciones respiratorias agudas. Eran niños indígenas del municipio de Yajalón, niños tzeltales. Esa es una verdad que subsiste en el estado de Chiapas y que desmiente, de manera contundente, que la pobreza haya dejado de ser la característica de esa entidad. Eso sigue siendo una constante y todavía se nota una ausencia tanto del gobierno federal, como de los gobiernos locales y municipales para paliar o resolver la pobreza de manera efectiva y no con programas mediáticos o temporales. E insisto, la pobreza que existe, sobre todo, en las comunidades indígenas.
Si esto ha subsistido durante los dos sexenios anteriores, ¿por qué se mantuvo en silencio durante el régimen de Felipe Calderón, por qué pasó tanto tiempo?
Sí, fueron doce años, pero, en principio, habría que preguntarles a ellos, al EZLN, aunque las respuestas son muchas. Pero, sin duda sí genera suspicacia que, como bien menciona usted, hayan sido dos sexenios de silencio en los que nada supimos del movimiento zapatista. Sin embargo, más allá del subcomandante Marcos y del EZLN, creo que lo más importante es retomar las demandas que ellos plantean, retomar el diálogo y retomar los Acuerdos de San Andrés Larráinzar para que realmente se traduzcan en reformas constitucionales a favor de los y las indígenas del país. También es impostergable que los gobiernos locales, y, en este caso, la administración de Chiapas, asuman una responsabilidad directa en paliar lo que ya le mencionaba: la pobreza, sobre todo en las comunidades indígenas que, desafortunadamente, son altamente rurales y que no cuentan con los servicios mínimos para subsistir y que están sufriendo de manera más directa por el hambre.
Yo quiero rescatar, además, de las declaraciones del subcomandante Marcos, el hecho de que exige claridad y transparencia a este nuevo gobierno. Es decir, habrá que esperar que en Chiapas no se siga por la misma ruta de despilfarrar los recursos públicos, como ya es ampliamente conocido al respecto del exgobernador Juan Sabines, quien, se sabe de manera extraoficial, usó el presupuesto de manera irregular, mermando las finanzas públicas del estado. Por eso ha sido una exigencia del PRD de Chiapas que esto se clarifique. Aunque se simularon muchos logros, muchos avances, hay una realidad que aqueja a los chiapanecos, y principalmente a los indígenas, y que no se ha querido reconocer.
Años perdidos
Este resurgimiento del EZLN, que, como usted menciona, genera suspicacias, ¿de alguna manera deslegitima ese movimiento? Durante mucho tiempo se habló de financiamientos que recibía del extranjero.
Creo que en los resultados de su trabajo, en cuanto al modelo que ellos manejan, de los denominados “Caracoles” y en las comunidades autónomas, de alguna manera creo que sí generan suspicacia. Pero no quisiera ser irresponsable y señalar alguna circunstancia sobre estos años, dado que no tenemos las pruebas como para sustentar si recibieron o no recursos. Sin embargo, no hay duda que tendríamos que anteponer las demandas en todo tiempo y en todo momento, a la forma en que el EZLN reaparece.
Claro, por supuesto que hubiera sido mucho mejor que los zapatistas no hubieran cesado de demandar, en ningún momento y en ningún tiempo, de manera pacífica, como lo han hecho ahora. Si decidieron hacerlo en este momento, pudieron haber seguido reclamando desde siempre, de tal manera que ejercieran presión para que los Acuerdos de San Andrés se hicieran efectivos. No debieron esperar doce años. Se trata de un lapso de tiempo importante en el que sus demandas quedaron guardadas en un cajón, cuando las necesidades son muchas. Sigue, sobre todo, existiendo pobreza y marginación, y eso no acaba ni termina con un sexenio ni con un partido político, cuando sale o cuando entra. En Chiapas hay una realidad y se tiene que luchar cuando hay una convicción y una bandera, en todo momento y en todo tiempo.
¿Cuál es la posición de su partido?
Rescatar, respaldar y apoyar el que se retomen los Acuerdos de San Andrés. En ese sentido, tanto en el ámbito federal como en el local, el PRD tendrá que hacer lo que corresponde en nuestras áreas de influencia, y, desde el Poder Legislativo, traducir estos acuerdos en acciones e iniciativas que beneficien a las comunidades indígenas. Es nuestro deber contribuir. El PRD no puede ser sólo crítico. La obligación de quienes tenemos representaciones importantes, sobre todo las legislativas, es coadyuvar de esa manera, no sólo con el discurso. Y, por supuesto, hay que exigir tanto al gobierno local como al federal que cumplan y que se invierta, y no al contrario, que reduzcan los presupuestos para las comunidades indígenas.
