La educación exige cirugía mayor
Marco Antonio Aguilar Cortés
Deseo, al igual que decenas de millones de mexicanos, que el ejercicio presidencial de Enrique Peña Nieto sea exitoso a favor de la mayoría de nuestros compatriotas.
Se observan, por ende, las múltiples aportaciones que en plena libertad se dan en diversos foros, respecto a diferentes problemas que aquejan al país, y ante los cuales han empezado a operar actos de autoridad, controvertibles, provenientes de la nueva administración federal.
La gravedad de la cuestión educativa es sólo un ejemplo, ya que constituye, si se me permite la metáfora, un importantísimo e inmenso bosque, infectado y en devastación, pero exigiendo de una cirugía mayor, completa y eficaz.
Si se atiende en exclusiva el padecimiento de un simple árbol, significará, en principio, que por reparar una de sus partes singulares se desestima a toda la espesura que significa la floresta. El árbol, así, no deja ver el bosque, para utilizar una antiquísima frase que no por anónima y colectiva disminuye su profundo sentido.
Es cierto que ese árbol está tan patógeno, como a la vista de todos: mala educación escolarizada, además cara, con corrupción tanto sindical como gubernativa en ella, y grotesca confusión de derechos, entre muchos otros achaques.
Pero para acabar con esos trastornos ni siquiera se necesita de la reforma y adición a nuestra Carta Magna, en los términos planteados en la iniciativa ya aprobada por las dos cámaras que forman el Congreso de la Unión, y ahora en la búsqueda de la aprobación de las legislaturas estatales.
La evaluación obligatoria a profesores, los exámenes de oposición para maestros y la creación de un instituto nacional de evaluación educativa pueden y deben hacerse con esa reforma constitucional propuesta, o sin ella, ya que la rectoría educativa la tiene el Estado mexicano, a través del Gobierno federal, según el texto vigente de nuestra Constitución.
Empero, lo que se desea fundamentalmente con esa reforma es recomponer los vínculos entre el gobierno mexicano y los sindicatos de profesores, con medidas tangenciales de evaluación y concursos de oposición, aplicando así la acción gubernativa en un solo árbol y con efectos a un futuro incierto, pero sin siquiera emplear la medicina correspondiente a esa particularidad.
Todos deseamos una educación de calidad, pero esto implica a todo el bosque educativo, e impropiamente tan sólo se atiende un árbol, con una reforma y adición a dos preceptos constitucionales para elevar a ese nivel jurídico la evaluación y concursos de oposición para profesores, con un instituto encargado de ello. Instituto formado con humanos, escogidos por humanos, inmersos todos en un sistema nacional de corrupción, aún no aliviado.
Claro que hay muchos mexicanos honestos laborando para cambiar estructuras corruptas dentro de nuestra forma de organización, pero perviven los métodos inmorales.
Alguien me puede decir que la intención presidencial es comenzar por un árbol para proseguir hacia todo el bosque; pero esto tendría valor si se hubiera empezado por el árbol o los árboles fuentes del contagio maligno.
Y no se comenzó así, en nuestra sociedad jerarquizada, en donde, como en las escaleras, debe barrerse de arriba para abajo, y no a la inversa.
