Después de 7 años de revolución y alzamientos civiles, el presidente mexicano Venustiano Carranza proclama la Constitución mexicana contemporánea, que promete la restitución de las tierras de los pueblos nativos, la separación del poder de la Iglesia del Estado, y reformas educativas y económicas radicales.

El progresista documento político, aprobado por un congreso constitucional votado, combinaba revolucionarias demandas de tierra con avanzada teoría social. No obstante, deberían pasar décadas antes de que las promesas de la Constitución fueran llevadas a cabo.

Carranza fue depuesto y posteriormente asesinado en 1920, y la estabilidad del país se evaporó hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la industrialización espoleada por la guerra se integró en la economía mexicana y Miguel Alemán se convirtió en el primero de una larga serie de presidentes civiles.