El 22 de febrero de 1913, Francisco I. Madero y José María Pino Suárez fueron asesinados. Con estas dos muertes se llegó al punto más álgido de la Decena Trágica, episodio que inició el 9 de febrero con la intención de derrocar al entonces presidente de México.

De acuerdo a los registros históricos, Victoriano Huerta obtuvo la titularidad del gobierno Mexicano después de obligar la renuncia de Madero y Pino Suárez. Posteriormente, en su traslado a la cárcel de Lecumberri, los funcionarios fueron emboscados y asesinados; la noticia se dio a conocer hasta las 23:00 horas de del 22 de febrero de hace cien años.

Los reportes al día siguiente dictaron que un grupo de hombres armados intentaron asaltar el automóvil donde viajaban los políticos; los policías que escoltaban el viaje a la prisión respondieron la agresión hiriendo a dos delincuentes, asesinando a uno.

Días después, el departamento británico de investigación forense echó por tierra las versiones del robo, argumentando que el tiroteo en el que murió Madero fue planeado. De acuerdo a los informes periciales extranjeros, Francisco Cárdenas disparó al expresidente en el cuello antes de bajar del automóvil. Posteriormente, Pino Suárez fue fusilado en el muro de la penitenciaría.

De acuerdo a Carlos Martínez Assad, catedrático del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, la muerte de Madero se sentenció al momento en el que el hermano de uno de los líderes de la Revolución Mexicana acusó la traición de Huerta.