En 2012 apareció en español su Sueño con mujeres que ni fu ni fa
Humberto Guzmán
Empecé a leer a Samuel Beckett (Dublín, 1906-París, 1989) hace cuarenta y tantos años y no deja de sorprenderme. Premio Nobel 1969. En 2012 circuló en español por fin su primera novela Sueño con mujeres que ni fu ni fa. Cuando la concluyó, en 1932, no encontró editorial que la publicara; luego ya no quiso que se hiciera. Fue hasta 1992, tres años después de su muerte. (Tengo una imagen del final de su vida en la que aparece con una pequeña maleta en camino a un asilo de ancianos. Pero no sé si vi la foto o sólo lo imaginé al leer la nota.)
Su amistad con ese otro irlandés genial, James Joyce, tuvo su mejor momento antes de 1932. Beckett tradujo al francés un fragmento de Finnegans Wake, la obra más compleja (casi hermética) de Joyce. Veinteañero, sin una idea de cómo iba a subsistir en Francia, país al que se acogió en 1937. Con el ejemplo de Joyce, podría pensarse que seguiría un camino paralelo. Una profunda reflexión sobre el texto narrativo, novelístico, en la forma, en lo lingüístico, contrario a la novela tradicional que se queda tan solo en contar historias más o menos atractivas. Esto ya se veía venir en los primeros años del siglo veinte. Y en 1932 el francés Louis-Ferdinad Céline publica en París su novela Viaje hacia el fin de la noche. Esto me hace suponer que Beckett y Céline escribieron estas novelas al mismo tiempo; aunque no creo que se hayan tratado. Eran personalidades diferentes, casi opuestas. Pero en estas dos novelas, presiento cierto parentesco o coincidencia.
Me refiero a la ausencia de una estructura que sostuviera una o varias historias, con personajes arquetípicos y en donde el lenguaje solo es un medio. Cedió la representación al teatro y al cine. Se alejaba de la novela del siglo XIX, junto con Joyce, Kafka y otros más. Sueño con mujeres que ni fu ni fa es una novela que (casi) donde se abra se puede empezar a leer, porque no seguimos la dictadura de una historia, sino que es la prosa abierta, sin ataduras, y el lenguaje es otro protagonista. Encaja una palabra con otra, mete giros, citas en francés, alemán, latín, español e italiano, de la Divina comedia, de Alighieri, a Wagner, El Greco, etcétera, porque es la cultura de los personajes y del autor.
Belacqua es el protagonista principal y se parece mucho al propio Beckett. Como Retrato del artista adolescente de Joyce, pero más abstracto. Narración llana, no deja de ser literaria; no pocas veces se dirige al propio Beckett o se pregunta qué hacer con determinados personajes, entre estos varias mujeres “que ni fu ni fa”. Descubrí que Beckett no fue siempre tan fríamente preciso, también era irónico, humorístico, burlón, con su literatura y con la de otros considerados intocables. En momentos, hace un texto antinarrativo por necesidades propias de su narración. Es subjetivo, personal e interiorista. ¿Por qué Beckett no quiso publicarla en vida? Graciosa, ingeniosa, pero si el lector se distrae, se pierde, porque, simultaneísta como es: la novela se desarrolla como se va escribiendo. La “lógica” de la novela, aquí, es la falta de lógica. Ironiza a Balzac (su antagónico) mientras teoriza sobre la novela. ¿Sería ésta la razón por la que no quiso que se publicara?
Por supuesto, Sueño con mujeres que ni fu ni fa es el antecedente de la gran obra de Beckett, esa que lo hizo tan influyente, sus novelas, como la trilogía Molloy (1951), Malone muere (1951), El innombrable (1953). En su inicio escribió en inglés, como More Pricks than Kicks (1934), Murphy (1938), que no llamaron la atención, pero después adoptó el francés y le cambió la suerte. Creó “teatro del absurdo”, de vanguardia: En attendant Godot (1952), Fin de Partie y Acte sans paroles (1957), otras. El soliloquio y el monólogo interior (Joyce) fueron sus técnicas claves. Por esto, ha habido quién lo emparentara con Franz Kafka.
En Sueño con mujeres…., como Joyce, fue pionero en la renovación del texto novelístico, pero también practicó la “exuberancia verbal”. Posee otra forma de desplegar el lenguaje: “la desnudez despojada de la palabra”, dicen los traductores en el posfacio. El mismo Beckett interviene para explicar, hacerse preguntas sobre cómo continuar con el relato. Otra vez, como parte del juego novelístico. Cuando la novela está prefabricada corren las anécdotas sin titubeos. Cuando está viva, se duda y no se conoce exactamente el camino que se sigue o el final. Eso sí, para un gran escritor se requiere un gran lector. Y éste es aquel que no impone sus condiciones al escritor que diferencia e innova el lenguaje de la novela.
Samuel Beckett, Sueño con mujeres que ni fu ni fa. (Título original: Dream of Fair to Middling Women) Traducción de José Francisco Fernández y Miguel Martínez-Lage. Tusquets Editores. Colección Andanzas 770. México, diciembre de 2011.
