Patricia Gutiérrez-Otero
(Primera de dos partes)
Mucho se ha escrito sobre lo que significa la inesperada e inaudita renuncia o dimisión de Benedicto XVI. La función del papa, desde los inicios del cristianismo se ha visto ligada con el apóstol y mártir, Pedro, considerado el primer papa por las palabras únicas que Jesús le dirigió al darle un nuevo nombre: “Tu Eres Pedro [piedra] sobre la que edificaré mi Iglesia [comunidad]” (Mt. 16, 18a). En Mateo le promete las llaves del reino de los cielos (Mt. 16, 19). En Juan le encomienda ser pastor de la comunidad (Jn. 21, 15-19).
Sin embargo, Pedro no fue ni el más inteligente ni el más ilustrado de los seguidores del rabino, Jesús. Quizá lo que lo distinguía de los otros era su lealtad y entrega al maestro, y una capacidad de ser dócil a “intuiciones” que rompían esquemas religiosos de su época. Por ejemplo, cuando Jesús pregunta “quién dicen ustedes que soy yo. Simón-Pedro responde: tú eres el Mesías, el Hijo de Dios Vivo” El maestro añade: “[…] dichoso eres, Simón, hijo de Jonás, pues no es por la carne ni por la sangre [es decir, por el lado del aprendizaje humano], que esto te ha sido revelado, sino por mi Padre que está en los cielos” (Mt. 16, 17-18). Otro ejemplo de ruptura epistémica se encuentra en el libro Los hechos de los apostoles. Pedro tiene un sueño sobre alimentos prohibidos por la Tora que una voz le pide comer, a lo que Pedro se resiste. La voz le dice: “Lo que Dios ha hecho puro, ¡tú no lo declararás impuro!” (Hechos, 10, 10-16). Pedro entendió que debía acercarse a los paganos, cosa prohibida en la Torá, y partió a bautizar a Cornelio, el romano.
Simón-Pedro, también negó a su Maestro, por miedo, cuando éste estaba prisionero. Tampoco pudo afrontar el miedo en los días posteriores a la crucifixión, hasta que a todos los inundó el Espíritu de Dios.
El mundo espiritual no es ajeno al terrenal y, por ende, a lo social, económico, político. El cristianismo y, luego, el catolicismo, se expandieron por la tierra por su unión con los imperios. No fue nunca una relación tersa; más bien tirante. Los sucesores de Pedro sufrieron debilidades, resistencias al cambio y, en ocasiones, fueron diabólicos o santos.
Ratzinger-Benedicto XVI dijo que tomó su decisión después de una intensa oración. Cuando accedió al papado, era un brillante teólogo occidental, con poca experiencia pastoral y poco contacto con la gente, y menos a nivel del mundo con todas sus problemáticas. ¿Pudo tomar esta decisión al tomar una conciencia semejante a la de Pedro en su aceptación del acercamiento a los paganos? El mundo actual exige una ruptura epistémica que quizá Ratzinger-Benedicto XVI ve, pero no puede llevar a cabo, y por ello deja el lugar para alguien con el espíritu que animó el Concilio Vaticano II.
Además, opinamos que hay que respetar los acuerdos de San Andrés Larráinzar…

