Seguimos siendo sospechosos de genocidio

René Anaya

 

Durante muchos años se consideró a los neandertales como un eslabón de nuestra cadena evolutiva, pero a finales del siglo pasado se descubrió que se trataba de una rama de homínidos que había convivido con los Homo sapiens. Ese hallazgo condujo a la sospecha de que nuestros ancestros habían cometido con ellos el primer genocidio.

Sin embargo, los avances alcanzados en la genética molecular en este siglo revelaron que los neandertales no únicamente convivieron con los sapiens, sino que inclusive tuvieron intercambios genéticos, es decir que hubo un proceso de hibridación y posterior extinción de los neandertales. Pero nuevas técnicas parecen determinar que el proceso no fue tan simple.

Reescribiendo la prehistoria

Se suponía que cuando los Homo sapiens encontraron a los neandertales en Europa se produjo una competencia por los recursos alimentarios, que terminó en la extinción de nuestros primos incómodos, ya que las nuevas tecnologías de nuestros antepasados y sus mejores aptitudes para la caza determinaron su supervivencia. Así, la rama homínida neandertal se extinguió ante la supremacía de los cazadores que llegaron del sur, de África.

Los restos fósiles de la cultura neandertal, que se han encontrado en el sur de la Península Ibérica, indicaban que efectivamente hace unos 30 mil años se habrían extinguido, lo que correspondería con la llegada de los Homo sapiens, quienes —se planteaba— los habían obligado a refugiarse en esa región.

Como uno de los yacimientos arqueológicos mejor conservados de la cultura neandertal se encuentran en esa península, se pudo datar que en la región norte se habían extinguido primero y después en el sur, por lo que se consideraba que allí habían vivido los últimos neandertales, hacia unos 30 mil años.

Pero un equipo de investigadores de las universidades de Oxford, Nacional de Australia, Nacional de Educación a Distancia (UNED), de España y de La Laguna, también de España; así como del Museo de Historia Natural de París y del Museo Arqueológico y Etnológico de Lucena, España, se dieron a la tarea de corroborar la edad de los fósiles con nuevos métodos de datación.

En esencia, se trata de la clásica técnica del radiocarbono pero con ultrafiltración, que tiene como objetivo aislar de las muestras óseas únicamente su colágeno fraccionado (molécula de proteínas que forma las fibras colágenas, las cuales son el componente más abundante de piel y huesos). De esta forma se evita que se filtre colágeno de otras piezas.

Por esta razón, los restos fósiles que se datan con ese método envejecen, ya que no se contaminan con materiales más recientes. Los investigadores pretendían aplicar la técnica a 11 yacimientos del sur de la Península, pero sólo encontraron el colágeno necesario para este análisis en dos sitios de la actual España: Cueva del Boquete de Zafarraya, en Málaga, y Jarama VI (Sistema Central), Guadalajara.

Hacia la absolución del Homo sapiens

En esos yacimientos, las anteriores dataciones habían determinado que los restos eran de hace 35 mil años, lo cual corroboraba la teoría de coexistencia entre sapiens y neandertales. Sin embargo, el análisis con ultrafiltrado demostró que esos restos fósiles de neandertales databan de hacía 50 mil años, lo que llevó a reconsiderar la teoría sobre el encuentro de nuestros antepasados y los neandertales.

“El descubrimiento no sólo cuestiona el hecho de que los seres humanos modernos hayan coexistido con los neandertales en la zona, también implica que carecemos de la evidencia que teníamos para justificar la teoría de que los seres humanos son responsables por la extinción del neandertal”, ha afirmado el arqueólogo español Jesús Jordá, investigador del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la UNED y miembro del equipo de investigadores.

Pero la presunción de inocencia del Homo sapiens como responsable del primer genocidio no es compartida por todos. El paleontólogo Juan Luis Arsuaga, director del Centro de Investigación sobre Evolución y Comportamiento, de la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto de Salud Carlos III, ha señalado que así como las nuevas dataciones realizadas con el ultrafiltrado hacen que los fósiles de los neandertales envejezcan unos 10 mil años, también podrían hacer lo mismo con los restos óseos de los primeros hombres modernos que llegaron a Europa.

Por lo tanto, seguiría siendo válida la teoría de convivencia de neandertales y hombres modernos, a menos que se encontrara un yacimiento en que se alternaran las capas cronológicas de neandertales y Homo sapiens. Por ahora, únicamente se tienen datos sobre la fecha de extinción de los neandertales en el sur de la Península Ibérica, lo que no permite absolver a nuestros antepasados, ya que como el propio Arsuaga plantea: “Estaban al límite, con una población pequeña, dispersa y con poca diversidad genética… y encima llegan otros a su territorio. Creo que sin nuestra especie los neandertales se habrían recuperado”.

reneanaya2000@gmail.com