Alejandro Alvarado
Con la visión analítica, honesta, crítica e irreverente que lo caracteriza, Víctor Roura presenta en el volumen El apogeo de la mezquindad (Lectorum) diferentes perfiles del periodismo mexicano, donde se resumen sus cuarenta años de escritor. En la editorial unas letras, el editor de la sección Cultural del periódico El financiero publica José y Reina: un septiembre olvidado en Suma, un libro de poesía que cuenta en más de mil trescientos versos dodecasílabos la genealogía de su familia a partir de sus padres, Regina y José Antonio. El apogeo de la mezquindad. El apogeo de la mezquindad No es Roura en El apogeo de la mezquindad un censor, un biógrafo complaciente o un mártir de la parte negativa de su experiencia en los cuarenta últimos años que ha transitado por el periodismo de México, sino un testigo fehaciente de la vida cultural durante ese tiempo. Su pluma, siempre honesta y valiente, registra en este volumen sucesos relevantes, como la historia oculta detrás de los premios nacionales de periodismo o los que conceden las editoriales independientes, aportando datos duros y nombres (lo que tantos dolores de cabeza le ha aportado al maestro), denuncia sobre los actos de corrupción que tan frecuentemente se dan en el medio, los yerros que a menudo se publican en los periódicos. Roura cuenta anécdotas y nos lleva más allá de la imagen pública de algunos de los comunicadores famosos del país. No todos los que ejercen el oficio en la prensa escrita, en la televisión o en la radio son sinónimo de credibilidad o de honestidad, ni se caracterizan por prepararse constantemente y poseer un dominio vasto y preciso de la palabra, ni saben escribir con propiedad. ¿Son ellos periodistas? ¿Qué es un periodista? se pregunta el autor. ¿Lo son los arribistas empresarios metidos a “periodistas”, impulsados a satisfacer los intereses de la clase política, y preocupados por las utilidades que aportan los temas comerciales? Con la aparición de las redes sociales, se vaticina en la actualidad la desaparición física de la prensa de papel, la información que en éstas se maneja es resultado del juego lúdico, especulativo y frívolo de una sociedad interesada por la electrónica. Nos dice el autor “La prensa nunca va a morir. Iremos muriendo los periodistas con nuestras respectivas técnicas, pero no el oficio. Si es de papel o de pantalla, la prensa siempre va a requerir de periodistas, no de tecnócratas. ¡Y habría que ver, Dios, cuánto fulano hoy en día comienza a laborar en las nuevas tecnologías periodísticas sin ningún conocimiento del periodismo!”. José y Reina: un septiembre olvidado en suma La memoria y los sentimientos se unen para relatarnos una historia que se desarrolla a principios del siglo XX. Como en las historias de amor de las novelas clásicas, Regina Peach huyó con don José Antonio, quien llegó por ella de la Hacienda de San Nicolás montado en un caballo blanco llamado Príncipe. La pareja dejó su pasado atrás, en Yucatán, para venir forjar un futuro desconocido y misterioso a la Ciudad de México, que los llenaba de ilusión. Ese suceso ya se lo había vaticinado a doña Regina, algunos años atrás, la vidente que le leyó el futuro. Con versos sensibles y medidos, el autor expone la aventura que vivieron y el amor que gravitaba, y gravitó permanentemente, entre los dos enamorados. Producto de esta relación fueron sus cuatro hijos, uno de ellos Víctor Roura, es el que manifiesta las emociones y sentimientos amorosos que le transmitieron sus progenitores. La historia pasa por tiendas de raya, por haciendas henequeneras, por la tienda del pueblo Suma de Hidalgo, en Yucatán, donde doña Regina, la hija de Pastor, el acaudalado hombre del pueblo, era cortejada por otros denodados seductores, dado que ella era la preciada y más bella mujer del lugar. Con sacrificios e impelidos siempre por la promesa de perdurar la relación perennemente, el matrimonio pasa por diferentes vicisitudes propias de una familia modesta de mediados del siglo pasado, y aquí también como en las novelas fantásticas el enamoramiento llega hasta el final de los días de la pareja. Es conmovedor el relato que cuenta Víctor del dolor que ocasiona la embolia que arrebata la vida a don José. Lacerado y sin fuerzas que logren sobreponerlo del mal que súbitamente lo acometió y fue agotando su existencia, su amada mujer, Regina, no volvió a ser nunca la misma desde que José Antonio se marchó de este mundo. Sus manos lo buscaban y sus palabras lo llamaban, pero él ya no estaba. Lamentablemente a los pocos días de que se editó este libro, con su fallecimiento, el 8 de octubre, doña Regina Peach escribió las últimas páginas de la historia que su hijo Víctor Roura cuenta en José y Reina: un septiembre olvidado en suma.
