Redituable
Félix Fuentes
Ahora brotan como hongos en primavera los defensores a ultranza del petróleo. Es la principal bandera del Movimiento de Regeneración Nacional de Andrés Manuel López Obrador, y similar actitud asume su nuevo antagonista, el PRD, comandado por Jesús Zambrano.
A la algarabía petrolera se suman los coordinadores de diputados y senadores del partido amarillo, Silvano Aureoles y Miguel Barbosa, respectivamente. Casi a diario hablan de lo mismo y de su oposición al IVA en alimentos y medicinas.
Dan la impresión los capitostes de izquierda que se les secan las neuronas y sus alcances terminan en el petróleo y en el IVA. Si acaso se refieren de cuando en vez a sus posibles alianzas con el PAN, ahora con motivo de las elecciones de este año, y eso los pinta de cuerpo entero.
Jesús Zambrano es capaz de comer y lucirse en restaurantes con el líder del PAN, Gustavo Madero, después de cuanto ha dicho López Obrador a la gente de derecha, en primer término al presidente espurio, Felipe Calderón. No indigestan los alimentos ni a unos ni a otros, ni sienten pena por nada.
Vicente Fox, contradictorio como es, repudia la práctica de unir el agua con el aceite y se ha convertido en crítico permanente del partido que lo postuló y ni los dirigentes de izquierda se le escapan.
Por muy dolidos que estén panistas y perredistas, por su derrota del 1 de julio del año pasado —la de los blanquiazules fue de escándalo—, eso no justifica su baile de zapateado sobre principios ideológicos, si los tienen, y almuercen en el mismo plato por el empeño de derrotar al partido tricolor. ¿Para qué diablos firmaron el Pacto por México?
Si vivieran el fundador del PAN, Manuel Gómez Morin, o creadores de partidos de izquierda, como Vicente Lombardo Toledano y Heberto Castillo, o luchadores sociales de la talla de Valentín Campa, Demetrio Vallejo y Gilberto Rincón Gallardo, se volverían a morir al ver los lodazales donde se debaten sus herederos políticos.
No es con la palabrería hueca como se defiende la soberanía del petróleo y el poder adquisitivo de la gente más necesitada. Lo mejor es establecer mesas de diálogo y definir qué entienden los organismos de izquierda por privatización y los propósitos del presidente Enrique Peña Nieto para capitalizar la industria nacional.
En estos días ha querido hacer precisiones el PRI con sus opositores sobre reforma energética y analizar si es viable establecer niveles en el IVA y el rechazo ha sido rotundo. PAN y PRD optan por el escándalo y cada día esperan a reporteros carentes de noticias para llenarles sus grabadoras con la historia de las privatizaciones. No cambian.
De esto también tiene culpa el gobierno de Peña Nieto por adelantar vísperas. Tanto ha dicho de inyectar capital privado a Pemex para adquirir tecnología en la exploración y extracción del crudo, que de eso se cuelga la izquierda para insistir en la entrega del petróleo al capital extranjero.
El priista Manuel Bartlett, quien recién dio el salto para colocarse al lado de López Obrador, procura elevar la voz para advertir que meter dinero del sector privado a Pemex es abrir las puertas de esta empresa a las trasnacionales.
Sin embargo, cuando Bartlett fue secretario general del PRI, secretario de Gobernación y de Educación Pública, así como gobernador de Puebla, poco le importó el petróleo si lo que buscaba era la candidatura del PRI a la Presidencia de la República. No lo logró, se peleó con varios priistas y decidió abrazar al Peje a cambio de una senaduría.
¡Ah!, pero en estos momentos es redituable denunciar la privatización y, en ese revoltijo, izquierdistas y trapecistas de la política prefieren algunas ganancias. Las que sean. Y se dicen políticos.
