En tiempos de globalización
Marco Antonio Aguilar Cortés
La última ceremonia a la que asistió Francisco I. Madero, en ejercicio de su cargo, fue la del 5 de febrero de 1913, en el Hemiciclo a Juárez en la ciudad de México, para festejar el LVI aniversario de la Constitución de 1857.
Cuatro días después, estalla el movimiento infidente en su contra, organizado por las fuerzas más escabrosas, bajo el mando perverso del embajador estadunidense Henry Lane Wilson.
En ese 9 de febrero, el presidente sale del Castillo de Chapultepec, y a caballo se dirige escoltado por alumnos del Colegio Militar a Palacio Nacional. A este hecho se le llama la Marcha de la Lealtad.
A 100 años de esa marcha, el secretario de la Defensa Nacional, general Salvador Cienfuegos Zepeda, exhortó, como orador oficial en la ceremonia cívica respectiva, a la clase política “a expresar su lealtad al pueblo, con la elaboración de reformas legislativas que muevan a México; lo cual impone resolver los dilemas propios de la pluralidad ideológica… Ésta sería la Marcha de la Lealtad moderna que el país requiere”.
Todos recordamos que aquella Marcha de la Lealtad del 1913, en apoyo al presidente Madero y de mérito relevante ante tropas desleales acuarteladas en la capital de la república, careció de eficacia práctica, según resultados inmediatos posteriores.
El 17 de febrero, Victoriano Huerta, recién nombrado comandante militar de la plaza, desconoce como presidente a Madero y como vicepresidente a José María Pino Suárez, quienes de protegidos pasan a ser sus prisioneros.
Dos días después, Madero y Pino Suárez renuncian a sus cargos públicos, y la Cámara de Diputados por 119 votos acepta dichas dimisiones, con la digna oposición de 8 votos. Ese mismo día rinde protesta como presidente interino de México Pedro Lascuráin, por ser secretario de Relaciones Exteriores, nombrando de inmediato para que lo sustituya en esta secretaría a Huerta.
Así, Lascuráin sólo dura como presidente de las 17.15 a las 18.00 horas de ese mismo 19 de febrero de 1913; 45 minutos permaneció en el cargo.
Obvio que Huerta protesta como presidente de la república ese mismo día 19, y el 22 de febrero del 1913 son asesinados Madero y Pino Suárez. Ésta fue la secuencia histórica de aquella Marcha de la Lealtad, recordada en su centenario.
Por ello, el secretario Cienfuegos realizó su exhorto. En su decir, la lealtad de los políticos es para el pueblo; sin embargo, la lealtad de un secretario de la Defensa, y de todas las fuerzas armadas del país, es para el presidente de los Estados Unidos Mexicanos, su comandante en jefe.
En esta estructura de lealtades, Enrique Peña Nieto, presidente de la república, siempre deberá ser leal al pueblo de México, más aún dentro de la globalización a la que hemos llegado. Qué grotesco, penoso y humillante sería para todos los mexicanos si el gobierno de Estados Unidos diera el visto bueno a algunos o todos los nombramientos del gabinete presidencial.
Ninguna globalización debe empujarnos a la ilegalidad ni arrebatarnos el decoro.
