Patricia Gutiérrez-Otero y Javier Sicilia
Un ser hosco, entrañable, peleado con su amor por lo divino y con el mundo cultural que nunca lo aceptó ni lo promovió, Ricardo Garibay. Un escritor de lo mejor que ha dado México: hondo, indagador, que adaptó su lenguaje al de los hombres y mujeres que habitaban sus relatos: intelectuales, estúpidos, pueblerinos: Ricardo Garibay. Un hombre que ubicó su hogar en Cuernavaca, Morelos, pero narró encuentros en Tamaulipas, en Hidalgo, en Ciudad de México… Ricardo Garibay, en este año celebrarías tus noventa años, junto con tu gran amigo, que se fue después de ti, Rubén Bonifaz Nuño. Naciste en Hidalgo, de ahí vienen algunas de tus narraciones. Viste con objetividad la muerte de tu padre, la plasmaste en un escrito, Beber un cáliz. Tu ímpetu de plasmar lo real, lo que sucedía, te llevó a llenar de imaginación lo que no se decía, lo que apenas se balbuceaba. Ser de pasiones, no pudiste resistir el atractivo de las mujeres. Eso te hizo dejar incluso al Dios que amaste tanto: sentiste que el orgullo de ser tú mismo bien valía dejar de lado la humildad del ser limitado y deseoso y a quien su Dios perdona. Tu orgullo ganó, Ricardo. Moriste sin Dios al cual entregarte, porque ya te habías entregado a un mundo de deseos y de arrogancia. El mundo te dolió, Ricardo. El universo de las letras en México no te mereció. Lo sabemos porque no vemos tanta alma en tus contemporáneos como en tus escritos. El mundo te dolía, el mundo de las mujeres, a las que gozaste, se te encajaba dentro, como una espina: ellas te dolían. La ausencia de Dios te dolía. Así te fuiste, Ricardo. Así nos dejaste con tus relatos, tus novelas, tu manera de develar el mundo y hacerlo real. Este año, Ricardo Garibay, habrías cumplido noventa años. Te fuiste antes del tiempo que quisiéramos, antes del tiempo que quisiste; te fuiste en tu tiempo. Te extrañamos. Nos haces falta como el agua en el desierto. Como el vino a la embriaguez. Además, exigimos que se cumplan los Acuerdos de San Andrés Larráinzar, que se limiten las mineras a cielo abierto, que se esclarezcan las muertas de Juárez, que se respeten los acuerdos sobre las Víctimas, ¡que seamos ciudadanos y que nuestra palabra pese!
