Del cielo nos puede llegar el infierno
Marco Antonio Aguilar Cortés
Los problemas de inseguridad, pobreza, educación, desempleo, distribución de riqueza, endeudamientos, tan sentidos por los humanos en su vida cotidiana, quedan minimizados ante la presencia de fuerzas naturales y cósmicas que con sus daños generan temor, éxtasis y confusión con vértigo.
Tal es la realidad que vivimos en lo que va del siglo XXI: huracanes inusitados que devastan ciudades, tsunamis inauditos que destruyen puertos importantes, incendios insólitos que arrasan miles de viviendas, desprendimientos de enormes bloques de hielo de ambos polos de nuestro planeta, y algunas otras cosillas que no presagian nada bueno para la vida actual del ser humano.
Entre esos desastres a Rusia le ha tocado, recientemente, ser impactada por un real o supuesto meteorito que ha dejado más de mil quinientos heridos, que al apreciar de la NASA portaba una fuerza equivalente a 31 bombas atómicas del tipo de la primera que se arrojó en Japón el 6 de agosto de 1945, pero que sólo hizo destrozos por un valor de 35 millones de euros, cuando en Hiroshima murieron en segundos 80 mil humanos.
El reciente objeto cósmico descendió a una velocidad de 18 kilómetros por segundo, portando un diámetro de 17 metros, y aunque algunos afirman que se desintegró, los rusos siguen buscándolo en los fondos del congelado Lago de Cherbakul, encontrando ya algunos restos que serán examinados.
Organismos internacionales subrayaron, en demasía, que nada tuvo que ver este meteorito con el asteroide que pasó hace días de largo muy cerca de la Tierra; mientras, en esa misma fecha, en San Francisco, California, varios medios de comunicación reportaron el avistamiento de otro meteoro; y, en Cuba, dieron noticia de que los habitantes de la localidad de Rodas filmaron un video al caer otro objeto cósmico cerca a su población.
Todo eso hace que se sienta la urgente necesidad de tomar medidas preventivas frente a estos peligrosos fenómenos cósmicos, pero, ¿quién piensa, quién habla, quién hace, algo al respecto, a nombre del planeta que habitamos?
Los gobiernos que cargan con mayor responsabilidad son aquéllos cuyos países por su riqueza y avance tecnológico, en el tema, pueden tomar medidas de protección para la especie humana; sin embargo, también son los que por su poderío aprovechan su superioridad para ejercer hegemonismo, con sistemas tradicionales de explotación.
México, según su agencia espacial, es susceptible al tránsito de cuerpos celestes de grave riesgo, por lo que, sin dejar de lado sus esfuerzos para resolver difíciles problemas cotidianos, debe alzar su voz, formulando reflexiones que auxilien en la solución inmediata de estos acontecimientos cósmicos, ya sea a través de la instalación de un paraguas de alta tecnología, de un sistema coheteril de defensa, de impulsores de desviación de rechazo, o de cualquier otra medida eficaz que resuelva esa contingencia cada vez más cercana.
Toda defensa tiene un costo, pero el costo mayor es no tener defensa.
Del propio cielo nos puede llegar el futuro infierno. Los recientes hechos hablan por sí mismos. Sólo sabiendo cómo funciona el cosmos podemos preservar la vida, con todas sus luces, con todas sus sombras.
