Peña Nieto debe escuchar a los intelectuales
René Avilés Fabila
Si observamos en detalle a los partidos políticos no parece importarles el tema cultural. Que yo recuerde y consta en documentos que todavía son fáciles de obtener, fue el Partido Comunista Mexicano el que sí tuvo esa preocupación. Todavía en los últimos años de Arnoldo Martínez Verdugo, como secretario general, los intelectuales, que estaban agrupados en una célula de trabajo, tuvieron instrucciones de conformar la política cultural comunista. Lo sé bien porque yo formé parte de ese grupo que ordenó las bases de dicha tarea.
Más todavía, el Partido Comunista tenía una empresa editorial donde no sólo publicaban a los clásicos del marxismo, entonces de una gran demanda entre los jóvenes, sino también literatura.
Complementaban el respeto por la cultura con revistas como Historia y Sociedad, creada por Enrique Semo y Sergio de la Peña, y por El Machete en su segunda versión, y algunos periódicos modestos que tocaban el tema. La educación y la cultura eran, pues, algo fundamental para el comunismo mexicano prácticamente extinguido a no ser por el esfuerzo de algunos jóvenes.
El PRI, en sus distintos momentos, estaba más ocupado por tener el poder y conservarlo por décadas que por la parte espiritual. A pesar de ello, fue un partido que llevaba al poder a políticos que respetaban la cultura. La mejor respuesta está en un hecho: de Álvaro Obregón a Ernesto Zedillo, un salto enorme, de la Revolución a la tecnocracia, al sistema priista jamás dejó de importarle la educación y la cultura. Cierto, cada vez en menor medida, pero sigue acogiendo esa materia fundamental en sus manos.
Alguna vez le pregunté a un priista distinguido, Manlio Fabio Beltrones: ¿en dónde el PRI extravió la cultura? Con su habitual cortesía, me dio una respuesta que a primera vista podría parecer satisfactoria. En esos momentos, el ahora presidente Enrique Peña Nieto luchaba por responder cuáles eran sus tres libros memorables. Ya como mandatario, jamás ha tenido una reunión con artistas e intelectuales. A la fecha, le debe al gremio esa posibilidad para escuchar sus planteamientos en esta materia.
Si oye a los campesinos, a los empresarios, a los deportistas, a sus críticos, ¿por qué no a quienes le han dado un enorme prestigio al país? Es justo señalar que sus nombramientos en esta delicada especialidad han sido atinados: en el INBA, de muy larga y noble tradición, designó a María Cristina García Cepeda (Maraki) y en el Conaculta rompió la incipiente tradición panista de poner a oscuras y turbias personas al nombrar a Rafael Tovar y de Teresa.
Pero el mandatario mantiene distancias con un gremio que, para decirlo con pocas palabras, ha estado, con excepciones notables, cerca del poder priista. La lista de intelectuales y artistas que han arropado a dicho partido es larga y valiosa.
Que el panismo tenga a distancia a los escritores, músicos y artistas plásticos, es natural. De su lado, el PRD heredó bien la antigua característica del PRI y en su seno militan y trabajan, prestigian, incluso, a tal organismo político. Andrés Manuel López Obrador, de suyo un hombre ignorante, tuvo la habilidad de atraerse a distinguidos intelectuales que mucho le ayudaron en sus dos intentos por llegar a Los Pinos.
El tema es importante porque de allí podrían aparecer nuevos movimientos artísticos que enriquezcan el país. Por si ello fuera poco, imposible olvidar el vigoroso impulso que la Revolución Mexicana le dio a la educación y a las artes.
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