Las voces críticas permiten avanzar

Humberto Musacchio

Durante toda su existencia, la revista Siempre! ha sido un baluarte de la libertad de expresión. Quien no haya vivido los años duros del viejo régimen tal vez no lo entienda, pero la prensa mexicana era un inmenso, apabullante coro dedicado a cantar las excelencias del presidente en turno y a celebrar todas las tropelías del imperio.

No casualmente, en la primera plana de todos los diarios iban en la cabeza principal y en el cintillo, ese otro titular de ocho columnas que va sobre el cabezal del periódico, el presidente de México y el de Estados Unidos, uno abajo y otro arriba o al revés. Eran los años de la guerra fría y la prensa mexicana destilaba un feroz anticomunismo que debe resultar ridículo para quien hoy se meta en la hemeroteca.

El hecho es que en aquel ambiente tan altamente tóxico, hubo algunos espacios —lamentablemente muy pocos— donde no se ofendía a la inteligencia y se podía decir lo que todo mundo sabía pero se callaba y comentarlo con un razonable margen de libertad.

En ese marco se desenvolvió el periodismo mexicano hasta 1994, cuando a Carlos Salinas le estallaron en la cara el zapatismo, los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu, la ciudadanización del IFE y otros hechos que abrieron brecha para que los periodistas pudiéramos hacer nuestro trabajo sin tener encima la ominosa censura.

Quienes venimos de aquellos años de mordaza y lealtades de a tanto la línea, sabemos cuánto valor y qué inteligencia necesitaba un editor para abrir espacios a la crítica y no morir en el intento. Eso precisamente hizo que José Pagés Llergo fuera no sólo un buen periodista, sino el prócer de la libre expresión que hoy recordamos con gratitud.

Por todo eso, hay que celebrar que en Cuba o en cualquier parte alcen su voz las Yoani Sánchez, que en voz alta sepan decir no al poder y afrontar todas las consecuencias.

A la Revolución Cubana le hubiera ido mejor si hubiera aceptado las voces críticas. Alguien habría advertido que la burocratización a ultranza, las actitudes agachonas y el servilismo no permiten el avance de un país. El que sea.

El sometimiento del periodismo es un lastre para el desarrollo material y espiritual de un pueblo. Son siempre las voces críticas las que permiten avanzar. Triste poder el que no es capaz de escuchar a quienes piensan y hablan de otra manera.

Hoy, la voz de Yoani Sánchez es magnificada por el imperio, pero aun así hay que celebrar la disidencia.