En el Pacto por México
Obdulio Ávila Mayo
La tradición norteamericana que surgió con el primer periodo de Franklin D. Roosevelt en 1933, al frente de Estados Unidos, después de la Gran Depresión, marca los primeros 100 días de gobierno como un periodo importante para analizar la dirección de las acciones de un nuevo gobernante.
El trigésimo segundo presidente del país vecino del norte llegó con un plan que, según algunos críticos, carecía de fondo, pero su objetivo era muy claro: recuperar la confianza y levantar el ánimo de un pueblo afectado por la profunda crisis económica, que inició con la caída del la bolsa el 29 de octubre de 1929.
México experimentó en el año 2000 el primer cambio de partido en la Presidencia con la ilusión del cambio, con gran expectativa de los ciudadanos que habían sido gobernados por más de siete décadas por el mismo partido. Las crisis económicas eran la tradición mexicana, los gobiernos solían ser administradores de la pobreza, de la desigualdad, de la injusticia y de la corrupción; el éxito para mantener o incluso incrementar la inequidad y la mala distribución de los recursos nacionales contrastaba con la incapacidad de fomentar la competencia, el desarrollo y la justicia social.
Durante doce años se trabajó por darle cimientos sólidos al país, a sus instituciones, por pavimentar con éxito y calidad el camino de los mexicanos. Las estructuras parecían resistirse a una nueva manera de gobernar, México tenía que salir adelante, pagar las deudas, la externa y la social. Los gobiernos de Acción Nacional gobernaron de acuerdo con las necesidades de un México que había sido saqueado y que se sostenía en la simulación de sus gobernantes y por el empeño de los mexicanos que se negaban a darse por vencidos, a no ser escuchados.
Regresa el PRI con un nuevo pacto, con un nuevo rostro, un nuevo trato. En los primeros cien días del actual gobierno han ocurrido varios eventos, algunos propuestos por la administración, muchos aceptando, ahora que están al frente, los cambios y las reformas necesarias que le negaron a México durante la última década.
Independientemente del origen de las propuestas que se han presentado en estos tres primeros meses, todas y cada una de las acciones destacan por la voluntad y el compromiso de distintas fuerzas políticas.
En el caso de Acción Nacional, existe la disposición plena para acompañar todos los cambios encaminados a consolidar la democracia, a abrir oportunidades para los mexicanos, pero siempre de manera crítica, vigilante de que los acuerdos se cumplan, de que la ley y la justicia prevalezcan, para evitar que prácticas autoritarias y regresivas regresen del destierro.
El éxito de un gobierno es deseable en la medida que representa el éxito de un país, por lo que hoy más que nunca, México requiere de una opinión, de una oposición de un Acción Nacional responsable, fuerte y democrático que represente y se conecte con el interés ciudadano, que cuide que este pacto no triunfe únicamente en la forma sino que represente una transformación de fondo.
