Juan Antonio Rosado

El poeta Pedro Salinas afirmó que el universo entero es materia de la poesía: todo es poetizable. Si tomamos “poesía” en su sentido original, cualquier creación literaria es un acto de poiesis. Pero además de ser todo poetizable, el modo en que se poetiza y la recepción —a partir de las funciones explícitas que emanan de los contenidos— hacen que el acto creativo tenga también intenciones, promueva ideales o incluso ideologías, asuma posiciones éticas, políticas, sociales o de cualquier tipo. Cuando a mediados de los noventa del siglo xx, yo y otros colegas emprendimos la investigación para elaborar nuestro Diccionario de literatura mexicana, siglo xx, que trata sobre las instancias mediadoras de este fenómeno, decidí incluir —el coordinador estuvo de acuerdo— una entrada titulada “Novela de la guerrilla”. Poco hasta entonces se había hablado de esta tendencia. Ahora me encuentro con la grata sorpresa de ver un estudio serio sobre el fenómeno literario mexicano que poetiza la guerrilla, que la convierte en materia literaria. El subtítulo lo explica todo: El imaginario novelesco de la guerrilla en México. El título, Con las armas de la ficción, está tomado del narrador peruano Luis Nieto de Gregori, quien incorporó en sus narraciones la guerra entre el Estado peruano y Sendero Luminoso.
En el “Prólogo”, Lancelot Cowie nos introduce en el concepto y origen del término “guerrilla”, así como en algunas de sus tácticas tradicionales. Advierte que las autoras —Patricia Cabrera López y Alba Teresa Estrada—, “libres de prejuicios estéticos e ideológicos”, desafían los “cánones trillados que dominan la crítica literaria”. A mi juicio, en una investigación seria, es un factor esencial no ceñirse a cánones estéticos impuestos por críticos o seudocríticos, a menudo inmersos en prejuicios que emanan de sus propios modelos literarios. Cowie menciona varias novelas latinoamericanas sobre guerrillas. Sin embargo, hay una extraordinaria crónica novelada sobre guerrilla urbana que faltó por mencionar: El trueno en la ciudad, del guatemalteco Mario Payeras.
En la “Introducción” hay una idea central: la pervivencia de la narrativa literaria de izquierdas “como una forma de intervención simbólica” en los debates políticos. Por desgracia, en México no se han superado los años sesenta y setenta del siglo xx. Las heridas siguen abiertas, y las demandas sociales, vigentes. El saldo de la guerra sucia
—continúan las autoras— dejó “una huella indeleble en la memoria de cientos de torturados y familiares de desaparecidos y asesinados”. Una parte de esa memoria, de esos anhelos truncados, de esos ideales y derrotas, se encuentra en la literatura de la guerrilla estudiada en este volumen, donde se analizan catorce novelas: de Juan Miguel de Mora, La fórmula, Si tienes miedo y Gallo rojo, aunque no se menciona su libro Las guerrillas en México ni su biografía de Lucio Cabañas; también son tratadas El infierno de todos tan temido, de Luis Carrión; ¿Por qué no dijiste todo?, de Salvador Castañeda (y otras dos del mismo autor); La revolución invisible, de Alejandro Íñigo; Guerra y sueño, de Salvador Mendiola; tres novelas de Carlos Montemayor, así como Veinte de cobre, de Fritz Glockner, y Septiembre, de Francisco Pérez Arce.
Desde tiempo inmemorial, la literatura ha sabido incorporar no sólo la circunstancia histórica en su discurso, sino también discursos no literarios y acontecimientos verificables. No todo es invención. Esta heterogeneidad es normal. Por ello, un novelista como Ernesto Sabato, por ejemplo, supo definir la novela como el género más “impuro”. En su impureza radica su valor. Leer las novelas de la guerrilla, su crítica e interpretación, es enriquecer nuestro acervo literario e histórico, pero también cobrar conciencia de un dolor social que aún no cesa.

Patricia Cabrera López y Alba Teresa Estrada,
Con las armas de la ficción.
El imaginario novelesco de la guerrilla en México (volumen 1), UNAM, México, 2012; 319 pp.