La expresión se hizo universal

Para el ministro de la Guerra.

 

Jorge Carrillo Olea

Hay frases, lemas, que se perpetúan. Una de ellas es la que titula este texto. Algunas han convocado revoluciones triunfantes, otras se han diluido en el tiempo, otras lo rebasarán para siembre, son épicas: ¡Patria o muerte, venceremos!, de Fidel Castro, quedó para la historia.

Con ganas de simplificación valdría decir que todas han llamado a algo en contra de algo. La cuestión es cuánto valen en sí mismas. Los teóricos les demandan, como a los movimientos que producen, tres requisitos: legitimidad, legalidad y democracia. Muy pocas cumplen inicialmente con ello porque por su naturaleza van contra el establishment. Van contra la autoridad constituida y por ende contra su sistema legal o legaloide de protección.

Por eso es admirable y por ende defendible y atrayente el original Yo Soy 132. Fue legítimo porque nacía de un ánimo puro: juventud, deseo de limpieza, pureza, belleza espiritual, liberalismo. Fue legal porque en ningún momento llamó a la destrucción de nada, a la violación de ningún precepto, fue democrático porque surge de todos, le siguen e integran los convencidos y aplauden por vías electrónicas decenas de miles de simpatizantes. Por eso, por todo eso, es orgullo el decir: “Yo soy 132”.

El candidato Enrique Peña Nieto, las televisoras y de refilón el gobierno no advirtieron oportunamente una sobrepresión juvenil imparable, un desencanto con la clase de vida que les estamos heredando. No admitieron en principio que la falta de ajustes a nuevas realidades era la causal general. Cayeron en una vieja inercia: negar lo evidente, negarlo como lo han negado tantas veces provocando que surja la eclosión social de una comunidad saturada de mentiras, semimentiras y falsedades.

Se estaba una vez más con los viejos actores, poderosos, insensibles, intransigentes, aun en un periodo gestatorio como era entonces el caso del candidato Peña. Las válvulas sociales permanecieron hasta ese momento cerradas aunque la presión aumentara, hasta que por fin, como en otras ocasiones, lo fortuito apareció: la presencia de Enrique Peña en la Ibero. Y sucedió lo que sucedió.

El nombre Yo Soy 132 se refiere principalmente a la afiliación voluntaria y emotiva y el apoyo al movimiento como el miembro número 132, tras la publicación de que 131 estudiantes declararan haberse constituido en un grupo contestatario. Es una solicitud y una declaración por el ingreso.

El movimiento iniciado en la Ibero el 14 de mayo de 2012  por 131 estudiantes, de ahí su nombre convocador, es un movimiento ciudadano conformado en su mayoría por estudiantes de educación superior, tanto de instituciones públicas como privadas, residentes en México[ ], así como residentes y simpatizantes en más de 50 ciudades del mundo. El movimiento inicialmente buscaba la democratización de los medios de comunicación[, la creación de un tercer debate entre los candidatos presidenciales[ y el rechazo a la supuesta imposición mediáticade Enrique Peña Nieto como candidato en las elecciones presidenciales 2012.

Dogmáticos movimientos de ciertas izquierdas quisieron montarse en el movimiento. Un movimiento débil aún en extremo dado su origen espontáneo, juvenil y localizado. No logró su propósito pero sí logró, como si fuera el enemigo, confundir en parte a la opinión pública haciéndola creer que Yo Soy 132, de lozano y auténtico, se había vuelto perverso, corrupto y falaz como ellos.

La expresión se quedó universalmente, como lo acaba de acreditar Julián Assange desde Londres, blandiendo ante la televisión transoceánica un gran letrero con el lema, identificándolo con la libertad, el inconformismo, la voluntad de transformación, la resistencia al autoritarismo. Un mensaje esencialmente juvenil y por ende esperanzador.

Es por estas breves razones que el lema llegó para quedarse. Llegó para ser útil a la limpieza de propósitos, a la legitimidad, legalidad y sentido democrático del ejercicio de un derecho universal de cualquier joven cronológico o mental: la inconformidad y la disposición para la lucha.  Por todo esto, Yo Soy 132.

 

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