En peligro, un eslabón de la cadena del ecosistema

René Anaya

Desde hace unos diez años, los apicultores han notado la disminución de abejas en sus colmenas, sin que se conozca la causa, lo que ha ocasionado una merma en sus ingresos procedentes de la miel, pero principalmente ha contribuido a reducir la polinización de las principales plantas de cultivo.

Por supuesto que desde entonces se han creado comités y grupos de investigación para buscar las causas del despoblamiento de colmenas, como se conoce a este fenómeno que, de manera un tanto alarmista, también se le ha llamado síndrome del colapso de la colmena.

Las desapariciones forzadas de abejas

Algunos expertos estiman que un tercio de las colmenas comerciales han desaparecido; otros investigadores consideran que en Estados Unidos se ha perdido 20% de las abejas y cerca de 20% en algunos países de Europa.

Lo que es un hecho, independientemente de los cálculos, es que el despoblamiento de abejas se ha observado en todo el mundo. Aunque no es un fenómeno reciente, según Laura Burkle y colaboradores de las universidades de Washington, Montana e Illinois, quienes en la revista Science han señalado que desde finales del siglo XIX empezó a declinar la polinización silvestre, de acuerdo con los registros históricos con que se cuenta en el estado de Illinois sobre interacciones planta-polinizador.

Pero en la última década la situación se ha agravado, por lo que se han formulado varias hipótesis sobre la escasez de abejas. Se ha achacado su disminución a los parásitos, el cambio climático, los organismos modificados genéticamente y los pesticidas. Pero ninguna de esas hipótesis es concluyente.

Recientemente, el doctor Christopher Connolly, de la Universidad de Dundee, Escocia, informó que el parásito Nosema ceranae, que afecta a las abejas melíferas asiáticas (Apis cerana), también está presente en las abejas europeas (Apis mellifera). Este parásito, al parecer, causa anormalidades en el patrón de la abeja reina y en la producción de la miel. Otro parásito que infecta a las abejas es el Nosema Apis, que les produce diarrea.

El cambio climático (al que se atribuyen todos los fenómenos meteorológicos y ecológicos) también ha sido culpable de la merma de abejas. Se refiere que el calentamiento global, que ha traído consigo el desfasamiento de las estaciones en algunas regiones, ha provocado que las floraciones sean más cortas o se retrasen o adelanten. Asimismo, las sequías y lluvias abundantes han roto el equilibrio del ecosistema polinizador de las abejas.

También se ha acusado a los organismos modificados genéticamente (OMG) de la desaparición forzada de las abejas. Se ha referido que la introducción en plantas de genes entomotóxicos (que envenenan a los insectos), como los inhibidores de las proteasas, causan la muerte de las abejas porque inhiben sus enzimas digestivas.

Un eslabón de la cadena a punto de romperse

Otros presuntos culpables son los pesticidas, específicamente los neonicotinoides (tiametoxam, imidacloprid y clotianidina), que actúan en el sistema nervioso central de los insectos. En las abejas se han observado temblores, falta de coordinación y convulsiones.

La Unión Europea recomendó prohibir durante dos años el uso de esos tres pesticidas en plantaciones de maíz, colza, girasol y algodón. Algunos países ya han llevado a cabo esa restricción: Eslovenia los prohíbe en colza, maíz y girasol; Italia y Alemania impiden su uso en el maíz; Francia los prohíbe en plantaciones de colza. Por supuesto que Bayer, el principal productor de esos pesticidas, ha externado su inconformidad.

Probablemente tanto los parásitos, como el cambio climático, los OMG y los pesticidas son factores que contribuyen al colapso de las colmenas. Pero este problema no es exclusivo de las abejas; se ha observado que en general ha disminuido la población de insectos polinizadores silvestres, los cuales son quienes polinizan los cultivos con mayor eficacia.

El doctor en ciencias agropecuarias Lucas Alejandro Garibaldi, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, en San Carlos Bariloche, Argentina, y su equipo de colaboradores publicaron en la revista Science un trabajo sobre la polinización de 41 plantas de cultivo, en el que advierten sobre la declinación de los insectos polinizadores silvestres: “La supervivencia humana depende de muchos procesos naturales o servicios de los ecosistemas que no suelen contabilizarse en los estudios de mercado […] La degradación global de esos ‘servicios’ empobrece la capacidad de la agricultura para satisfacer la demanda de una población humana cada vez más numerosa y con más recursos”.

Por lo tanto, es necesario que se ataquen los factores que causan la desaparición forzada de abejas y otros insectos polinizadores, ya que de seguir esta disminución de colonias de insectos, el polen no tendrá quien lo transporte, sufriremos una mayor escasez de cultivos comestibles y se romperá uno de los principales eslabones de la cadena del ecosistema.

reneanaya2000@gmail.com