Entrevista a Lorenzo Meyer/Historiador de la política mexicana
Antonio Cerda Ardura
Lo nuevo en el PRI es lo que los mexicanos lo han forzado a hacer, y ahora dependerá de cada momento evaluar cómo enfrenta, con nuevas formas, a una sociedad que ya no es la misma, dice a Siempre! Lorenzo Meyer, historiador de la política mexicana.
El académico y periodista, profesor emérito de El Colegio de México y miembro emérito del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, señala, en entrevista, que aun con su regreso a Los Pinos el PRI no ha recuperado, del todo, el poder. “Vamos a ver si se acaba esta independencia relativa a la que se acostumbraron los gobernadores del PRI desde el tiempo de Ernesto Zedillo”, indica.
Lorenzo Meyer sostiene que el PRI “ha ganado pedazos de poder, del antiguo poder, pero no todo”.
Sello que permanece
Después de doce años del PAN en el poder y de las expectativas que creó el triunfo electoral del PRI, ¿su Asamblea Nacional y su 84 aniversario fueron lo que se esperaban? ¿Volvimos a los actos faraónicos?
Es buena la pregunta y la respuesta es, en principio: pareciera que sí. Si uno observa las fotografías de la asamblea priista y las del Partido Comunista de China, que tuvieron lugar en el mismo momento, se parecen. Claro que la de los chinos fue más grande, pero en lo demás resultaron muy parecidas. Se vuelve a lo mismo. Es la única herencia del PRI, es su raíz y difícilmente se puede esperar que se modifique. Hace ya un buen tiempo que el politólogo clásico, Robert Michels, señaló, en su libro Los partidos políticos, que estas instituciones nacen con un sello y nunca lo pierden. A lo largo de su vida, el PRI ha confirmado esa observación.
Los priistas quitaron candados a ciertas posiciones que habían mantenido. En lo político, van a permitir, por ejemplo, las candidaturas independientes. Para muchos esto será como la venta de dos refrescos de lo mismo, pero con distinta etiqueta. Y los priistas aceptan, sin empacho, que buscan ganar elecciones. ¿Es válida esa postura?
Desde la perspectiva priista, sí, pero no sorprende. La sociedad mexicana es la que tendría que tomar algunas posiciones. Vamos a ponerlo de esta manera: el PRI nunca ha tenido una ideología, sino periodos ideológicos hacia la izquierda y algunos más claramente hacia la derecha. La ambigüedad ideológica ha sido su característica. Y Enrique Peña Nieto, según él declaró en una entrevista, no tiene ideología. Así que conjugan la posición personal con la posición histórica del partido. Y, si no se tiene ideología, la motivación principal política de un partido es ganar, conservar el poder, ejercerlo y evitar perderlo. El PRI, sin ideología, y con el poder en sus manos, puede recibir a quien se le dé su gana. En ese sentido es muy soberano y creo que, si así lo decidió, refleja su naturaleza, pero no sorprende a nadie.
¿Este nuevo PRI o el PRI renovado catapulta otra vez el viejo presidencialismo?
En esta ocasión ya se hizo formal la presencia del presidente dentro del órgano máximo de dirección del PRI. Esa presencia ya la tenía. El PRI decidió, de derecho, reconocerlo y es uno de los famosos poderes metaconstitucionales de los que habló Jorge Carpizo en su libro clásico sobre el presidencialismo mexicano. Carpizo señalaba que uno de esos grandes poderes, que no está en la Constitución, pero sí existe en la realidad, era el dominio del partido. Por ello el PRI era partido de Estado. Hoy el PRI puede volver a tener ganas de recuperar el poder que tuvo en su etapa clásica. Quizá no lo logre y quizá no sea partido de Estado, pero, dentro de sus limitaciones, ya recuperó este poder metaconstitucional. Con eso también se convierte, en buena medida, en lo que en el pasado fue en relación con los gobernadores: su jefe. Vamos a ver si se acaba esta independencia relativa a la que se acostumbraron los gobernadores del PRI desde el tiempo de Ernesto Zedillo, cuando Roberto Madrazo rechazó dejar la gubernatura de Tabasco para venir al Distrito Federal a ocupar la Secretaría de Educación. Él mostró una independencia, en este caso, de Zedillo, que no se conocía antes. Esta independencia de los gobernadores fue aumentando cuando el PAN estuvo en el poder. Y ahora el presidente pudiera llegar a recuperar parte del poder que tienen los gobernadores, que es otro poder metaconstitucional. Y, bueno, también sobre el Congreso. Pero en el Congreso el PRI ya no tiene el control que tuvo. Así que son pedazos de poder, del antiguo poder, pero no todo.
Partidos sin representación
El PRI ha decidido echar a andar algunas reformas económicas, aunque a muchos no les parezcan. Está la cuestión de la inversión privada en el petróleo, el IVA, los impuestos… ¿Cómo se va a tomar esto?
En mis artículos de esta semana y de la semana pasada, escribo que en la reunión del PRI se dio un nuevo paso para alejarse de la herencia cardenista. A nadie le puede extrañar su posición respecto a los hidrocarburos y al futuro de esa industria en México, que lo ven muy ligado al capital privado, nacional o extranjero. Ellos dicen que la propiedad original de los hidrocarburos se mantendrá en el Estado, como siempre. Eso sería muy difícil que lo cambiaran, pero, en la práctica, lo que quieren hacer es abrirle cancha a ese capital y es algo que viene desde Miguel Alemán.
Lo verdaderamente importante es si la sociedad mexicana también acepta ese alejamiento. No tenemos cómo medirlo, porque la sociedad no tiene forma de hacer saber sus preferencias, ya que los canales de transmisión del sentir de las diferentes clases, regiones y grupos en México, son los partidos. Pero los partidos son, desde hace mucho tiempo, algo que no representa a la sociedad. Así que el PRI da ese paso y deja la pelota en la cancha de la sociedad, pero los mexicanos tenemos realmente muy pocos instrumentos para poder reaccionar a esa decisión de la cúpula priista. México, en su conjunto, o el grueso de los mexicanos, o una parte sustantiva de los mexicanos, ¿quiere alejarse más de la herencia cardenista? Yo no lo sé, somos algunos los que no queremos, pero es muy difícil saber la posición del resto. Y eso lo aprovechan los partidos, porque son los organizados frente a los muchos desorganizados. Si unos se organizan y los otros permanecen desorganizados, la balanza está en el lado organizado. ¡Y vaya que el PRI está perfectamente organizado!
¿Usted ve realmente un nuevo PRI, o es el mismo?
Los priistas usan el término nuevo, porque no están muy orgullosos de su propia historia. Ofrecer lo nuevo está bien, puesto que desde el 97, y en el 2000, una parte importante de la sociedad mexicana creyó que podría haber un cambio de fondo. Y no lo hubo. Así que una manera de no hacer evidente el fracaso de ese cambio, es decir que ya llegó el partido autoritario del pasado, pero que ya no es autoritario, que ya cambió; que son los mismos, pero que ya hicieron una especie de acto de contrición y ya no van a ser los autoritarios, abusivos y deshonestos del pasado.
Lo nuevo en el PRI es lo que la sociedad mexicana lo ha forzado a hacer y su herencia, que sigue viva, es lo viejo. Dependerá ahora de cada momento poder decidir: “Bueno, aquí va más la parte nueva y acá ya ganó la parte vieja”. En cada caso en concreto podremos ver cómo actúa lo heredado y cómo el PRI enfrenta, con formas nuevas, a una sociedad que ya no es la misma en la que ellos nacieron, se formaron y ejercieron el poder durante 71 años, a nivel nacional, y 83, a nivel local, como en el Estado de México, Hidalgo, etcétera.
Caso raro
¿Cuál es su conclusión sobre esta nueva etapa?
Que no es lo que se suponía. En las transiciones clásicas del autoritarismo a la democracia, lo autoritario no desaparece del todo, pero no reaparece enteramente. Es decir, España pasó del franquismo a lo de ahora. El Partido Popular es, en buena medida, heredero del franquismo, pero no es el franquismo. En Chile sigue una derecha que añora a Pinochet y está ligada a la que tiene ahora el poder, pero ya no están los pinochetistas en el poder. En el caso mexicano, el tema es que volvió el partido que creíamos que habíamos superado. ¿Que hay derecha en México y conservadores?, desde luego. Creíamos que el PAN, y quizá otra formación política, volverían a reagrupar la derecha, pero ya no exactamente en la misma forma que en el pasado. Y resulta que sí. ¡Nosotros somos un caso raro en estas supuestas transiciones a la democracia, y no es lo mejor que nos pudo haber pasado!
