“Maestro Abel, ¿cómo esta usted?”, preguntó al otro lado del teléfono el Papa Francisco, horas después de ser designado sucesor de Pedro en la tierra. Le hablaba a Luis Abel Delgado, el sastre colombiano que durante cinco de los seis años de pontificado de Benedicto XVI adornó sus vestimentas y quien quería que también trabajara para él.

“Su Santidad”, respondió el costurero sorprendido por la llamada. “No me llames Santidad. De aquí en adelante solo Francisco”, pidió humildemente el argentino.

Bergoglio llamaba al teléfono de Luis Abel porque meses atrás se tropezaron en un desayuno convocado por Benedicto XVI. El era cardenal y el entonces Papa presentó al colombiano como su sastre y recomendó su trabajo a los religiosos invitados.

“Ese día, cuando era cardenal le dije: “Monseñor le veo vestido de blanco. El sonrió, quedó extrañado, sorprendido y guardo silencio. Hoy se cumplió lo que le mencione”, recuerda el sastre a ELMUNDO.es

La llamada tardó cinco minutos. “Le felicité y le dije que no esperábamos que el Papa fuera latino. El me recordó que yo le había mencionado que algún día le vería de blanco, es decir de Papa”. Ese día le pidió que en adelante se convirtiera en su sastre  personal.

Francisco empezó por pedir la confección de sus atuendos religiosos en Semana Santa, el diseño de algunos ornamentos y el bordado de 15 escudos, en su mayora de su Diócesis. Eso si, todos sencillos, sin hilos dorados o de oro, un gesto propio de su sencillez.

El sábado siguiente de su elección, Bergoglio repico nuevamente el teléfono del sastre colombiano. Saludó, pregunto por su familia e informó que desde el Vaticano enviarían los escudos y las telas para los bordados. “! Y adelante!”, añadió.

Elmundo.es/Francisco Arguello/redacción/bbb