Peculiar historia mexicana

René Avilés Fabila

Desde que entré en la escuela primaria hasta concluir los estudios de licenciatura (el posgrado lo hice en París), los profesores me hablaron de una historia nacional impecable, perfecta, contundente: los malos eran claramente los villanos y los buenos jamás tuvieron más intención que pasar a la Rotonda de las Personas Ilustres o que depositaran sus restos en algún hermoso monumento.

Ésta es la visión de los priistas. Los panistas tenían su propia versión que no coincidía en ningún punto con la anterior. Para ellos, Juárez y Zapata eran unos monstruos. Miramón era la figura central de las luchas entre liberales y conservadores del siglo XIX y un héroe con mala fortuna.

El maniqueísmo mantuvo así la historia de México. De pronto comenzaron a aparecer historiadores menos fanatizados o menos dependientes del poder estatal y tuvimos oportunidad de ver nuestro pasado con ojos más abiertos. Sin embargo, fue tan grande el peso de los años posrevolucionarios que poco se han modificado las cosas a pesar de que ya han salido los respondones. Nuestro pasado sigue siendo muy semejante al que nos mencionaron en la escuela oficial, cuando apenas comenzaban a aparecer las hoy muy exitosas escuelas confesionales y en general privadas.

Entre los héroes acartonados, aquéllos que es imposible ver como seres humanos porque están en el panteón de los héroes, queda don Francisco I. Madero y lo menciono porque llevamos más de dos semanas leyendo sobre su valor y patriotismo, la forma canalla en que Huerta y sus compañeros de banda lo asesinaron junto con otros que apenas son mencionados.

Pero esta vez un panista se incorporó para festejar la gesta que antes la derecha detestaba: la Revolución Mexicana, Gustavo Madero, uno de los pilares de la nueva reacción mexicana, del conservadurismo de nuevo cuño, tan cercano, por cierto, al PRI y con más severidad que el propio PRD que ya no tiene armas en su arsenal revolucionario e izquierdista.

El asesinato de Madero lo hizo un héroe, de hecho sin él la Revolución hubiera tardado más tiempo en aparecer porque personajes como los Flores Magón apenas eran escuchados a causa de su radicalismo.

Madero tuvo la fortuna para desatar un movimiento de masas que estaban hartas de la dictadura de Porfirio Díaz. Para el momento de su muerte, Madero ya estaba distanciado de los personajes más avanzados del movimiento social, entre ellos  Zapata.

Al parecer, con tanta información como hemos recibido en esta conmemoración, Madero iba directamente al matadero. Muchos se lo advirtieron, él sólo confiaba en los espíritus que lo orientaban. Allí están las libretas espíritas donde el revolucionario anotaba claramente sus conversaciones que seres del más allá.

Me imagino, no soy experto en el tema, aunque algo escribí sobre la presentación de la edición de dichas libretas, que tuvo suerte en la parte inicial, luego los espíritus con los que don Francisco se comunicaba se hicieron menos comunicativos, y ninguno le avisó que Huerta tramaba un complot para asesinarlo y quedarse con la Presidencia de la República. Era un secreto a voces que hasta sus amigos cercanos y familiares conocían.

Que Madero fue un gran hombre, no estoy tan convencido, sí que tenía capacidad para el martirologio y vivía en un país que desconocía. No imagino a Lenin consultando a los espíritus, ni siquiera al de Marx. Vio la realidad, tenía un proyecto claro y listo.

El problema es que somos una nación necesitada de héroes, el sistema los requiere. De tal manera que hoy llevamos días y días viendo pasar con claridad la ruta de un hombre que nunca vio a fondo el mundo que lo rodeaba.

 

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