Juan Barrera Barrera
Desde finales de la década pasada la socialdemocracia y la izquierda europeas, principalmente, se debaten en una profunda crisis de principios, que se vio acelerada por el colapso del modelo financiero global que tiene a Europa sumida en la peor crisis económica de su historia. Hoy, los partidos socialistas europeos, hurgan, debaten, proponen, le dan vueltas a la problemática política, social y económica como consecuencia del fracaso del mercado global, en busca de explicaciones y de un discurso convincente ante las masas desesperadas, depauperadas que ahora han dejado de votar por ellos, pero sobre todo buscan el rumbo alternativo.
La crisis financiera global que tuvo su origen en el corazón de la especulación financiera estadounidense (2008-2009) ha marcado el inicio del fin de tres décadas del modelo neoliberal (liberalización y desregulación de los mercados y menos intervención del Estado) que la socialdemocracia avaló con su novedosa teoría, la llamada “La Tercera Vía” (el sociólogo Anthony Giddens fue el ideólogo y el ex primer ministro laborista de Gran Bretaña, Tony Blair, su mejor expositor), de los años 90.
En un principio la receta dio buenos resultados a los partidos socialdemócratas y a los socialistas, concretamente en las urnas, ya que por esos años esas formaciones políticas lograron triunfos determinantes en varios países del viejo continente que habían sido gobernados por la derecha, cuya base ideológica se centraba en el mercado, desplazando al Estado y a la democracia a un segundo plano.
Tercera Vía
En el debate que se presenta en varios foros, políticos y académicos, la Tercera Vía, para unos fue una evolución ideológica de la izquierda, sin embargo, para otros resultó en una involución, ya que la socialdemocracia renunció a su programa progresista (justicia social, dignidad humana, integración de las minorías a la democracia moderna, participación ciudadana, etc.) dependiente del Estado por la liberación y desregulación de los mercados y a la desmedida globalización económica, con resultados desastrosos para los obreros y clases medias: los dos bloques fundadores de la socialdemocracia, hoy encontrados en la lucha por la sobrevivencia. La socialdemocracia reformista y los socialistas reconocen su responsabilidad y deberán asumir las consecuencias de la crisis en los procesos electorales, si no encuentran una propuesta novedosa, mientras que la derecha, oportunista como es su tradición (como ejemplo basta mencionar a Mariano Rajoy), no deja de señalar con su dedo flamígero a la izquierda como causante del desplome neoliberal, a falta de ideas y propuestas más allá de lo que les aconsejen los centros financieros, de los que dependen.
La opción de La Tercera Vía empujó a la socialdemocracia hacia el centro del espectro ideológico para acercarse a la opción de los mercados y la reforma del Estado, bajo la bandera de “actualizar los medios de forma permanente para conseguir los fines de las fuerzas progresistas”. Una de las graves consecuencias de haber encumbrado a los mercados fue el desplazamiento del Estado en sus tareas sustantivas por éstos y como consecuencia ha sido el deterioro de las democracias europeas, el deterioro de la cohesión social, el detrimento de la calidad de vida, el renacimiento del populismo y el nacionalismo.
Martin Schulz en México
En su visita a México y otras naciones latinoamericanas, el presidente del Parlamento Europeo, el alemán socialdemócrata, Martin Schulz, expuso que el modelo de democracia trasnacional de la Unión Europea enfrenta dos desafíos: el de la crisis económica y el segundo “ante el que no sólo nos encontramos los europeos, tiene que ver con nuestro modelo democrático. Ante la crisis financiera internacional, vemos cómo, bajo la presión de los mercados, en todo el mundo las decisiones tendrían que tomarse con rapidez y, si es posible sin participación parlamentaria. Pero lo correcto es lo contrario, la democracia y el parlamentarismo requieren tiempo, y si no nos tomamos ese tiempo tendremos una democracia sometida”. El 8 de febrero jefes de Estado y de Gobierno de Europa, predominantemente conservadores, hicieron caso omiso a la eurocámara de acordar un presupuesto que impulse el crecimiento entre el 2014 y el 2020, y pactaron un fuerte recorte, el primero en la historia de la Unión Europea que provocará más austeridad y desempleo. Pero Schulz afirma que ese presupuesto no va a encontrar aprobación en la eurocámara. La discusión apenas comienza. El líder del Partido Socialdemócrata Alemán, Sigmar Gabriel, ha cuestionado duramente la docilidad de estos “líderes” europeos que no se atreven a atacar la crisis en sus raíces y su incapacidad para poner en su sitio a los mercados financieros.
Vivimos una democracia de mercado, sin duda. Los conservadores hacen lo imposible por continuar en esa ruta. Gabriel refuta la insulsa frase de la canciller alemana, Angela Merkel, en el sentido de que se necesitan “más democracias conforme a mercados”, a pesar de los desastrosos resultados de esa ecuación. El líder socialdemócrata alemán es de la idea contraria, someter a los mercados a las democracias: “En eso estriba hoy la gran unidad de los socialdemócratas y socialistas europeos: Europa puede y debe ser el lugar en el que juntos, dominemos, por segunda vez al capitalismo… en particular, al capitalismo financiero. Lo que necesitamos es una europeización de la economía social de mercado orientada al bienestar a largo plazo de tantos como sea posible, no al beneficio rápido de unos pocos”.
La tarea no es sólo refundar la socialdemocracia, sino a Europa en su conjunto. Menuda tarea. ¿Se necesita una Cuarta Vía”?
