Elvira García
Libro tentador a la vista, porque tiene en la portada la foto de un sexy hombre que exhibe su musculatura y su atractivo rostro barbado, Éxtasis y reencuentros, novela escrita por Margarita Peña es una deliciosa aventura. No con ese antojable hombre de la portada, qué más quisiera uno, sino con el azar, con la suerte, con el destino, que lanza sus dados para jugar con las emociones, los recuerdos y el futuro de un puñado de seres humanos, justo en vísperas de un Año Nuevo.
Es el azar, el caprichoso destino el que decide que Ardenia, un pueblo de descanso, bello y apacible, sea el escenario que permita a esos seres, mirar por el retrovisor de sus vidas.
A ese pueblo llamado Ardenia llega Anarda, la protagonista central e hilo conductor de toda la historia. Ella arriba a ese sitio de majestuoso paisaje, dispuesta a descansar y a retirarse, durante unos días, del mundo y de su vida cotidiana. Y será allí, en Ardenia, que el Señor Destino tirará sus dados para que, como dice la autora, “cuatro lazos sueltos, de esos que suelen andar volando”, se anuden frente a los ojos del lector. Anarda, que es uno de esos lazos sueltos, experimenta un reencuentro no planeado, inesperado por tanto, que la hace emprender un viaje a sus recuerdos, desempolvando un pasado en el cual, esas cuatro protagonistas, alguna vez fueron o se creyeron amigos.
Teniendo como telón de fondo un paisaje montañoso y un Edén, el que ofrece el hotel del mismo nombre, el cual posee todo para que el visitante dé rienda suelta a su hedonismo, el azar hace de las suyas con Anarda, y tres de sus antiguos amigos, dos mujeres y un varón homosexual, quienes, sumergidos en pozas de aguas curativas, o abandonando su humanidad en manos de expertas masajistas, retornan al pasado, y al punto del dolor escondido en su memoria; justo ése, el del momento en que, cada uno de los cuatro, se retiró de la amistad del otro, sin explicación alguna pero con una herida en el corazón.
Esos cuatro seres que se llaman Anarda, Tony, Laura e Ysmenia, se conocieron en otro lugar y en otro tiempo, se diría que en esa otra vida de su vida misma. Son cuatro humanidades que, veinte o treinta años atrás, abrieron al otro su corazón, su casa, su intimidad, su confidencia y su alma. Pasado el tiempo, y sin aparente motivo, se fueron alejando, se dejaron de frecuentar y hasta de querer. O, tal vez, nunca se quisieron. Y en un pestañear de acciones, unos y otros se soltaron de la mano de esa amistad. O la dejaron en pausa, en puntos suspensivos. Ese lazo amistoso que alguna vez pensaron irrompible, con la distancia, la incomunicación y más puntos suspensivos, se hundió en el abismo del silencio y se desbarrancó, despedazándose.
Anarda, pese a su optimismo, ha llegado a un punto de su vida en que se siente íngrima y sola. Viene evadiendo esa sensación desde tiempo atrás, pero el silencio de este sitio no le permite escapatoria. Y, aunque no lo reconocen, igual de solos e íngrimos están los otros tres personajes que —cada uno por sus propias razones—, han llegado a Ardenia, el pueblo maravilloso, en busca del agua y el descanso que ojalá resolviera sus soledades.
Por obra del caprichoso azar o de aquel adagio que dice que “no hay fecha que no se cumpla ni deuda que no se pague”, estos cuatro se reencontrarán aquí, en Ardenia y en el Gran Hotel Edén. Porque los cuatro tenían una cuenta pendiente entre ellos, o al menos una explicación, velada o abierta, íntima o pública, de las razones del alejamiento de ese otro que, tiempo atrás, consideró su amigo.
Ardenia es como el Edén de la juventud y las ilusiones perdidas, y obrará en el ánimo de esos cuatro personajes, y en el de otros dos más, que el azar unirá a esta historia, para emprender el viaje hacia la revisión y aceptación de los propios fantasmas, monstruos y miedos que cada uno carga. Porque aquí, en Éxtasis y Reencuentros, esos cuatro personajes, más esos otros dos, deberán asumir que están profundamente solos. Y, aunque algunos de ellos pretendan disimular esa soledad haciéndose acompañar por sirvientes, choferes, joyas, risas y verborrea, miren para donde miren, encontrarán que arrastran una añeja soledad.
Anarda, el fascinante personaje que es el hilo narrativo de esta historia —que ocurre en Ardenia— tampoco tiene escapatoria y debe enfrentar lo que vive desde hace mucho: que está sola. Y, como también reconoce, cansada de tantos adioses. Pero Laura, Ysmenia y Tony, al igual que Ernesto y Jordan —que así se llaman los otros dos personajes— están igual de solos, muy solos. Y no únicamente porque cuatro de ellos hubiesen enviudado poco tiempo atrás, también porque las relaciones con sus desaparecidas parejas habían envejecido muchos años atrás, cayendo en la monotonía, que es la muerte del amor. Y no es aventurado decir que, en el caso de los viudos, sus parejas estaban muertas emocionalmente antes de morir físicamente. Y tampoco es aventurado decir que sus ánimas y sus ánimos, fueron devorados a fuego lento por sus posesivas, y destructivas, parejas.
Los cuatro personajes centrales de Éxtasis y Reencuentros, que alguna vez fueron amigos, irán reviviendo en esta novela, los puntos que en otros tiempos los unieron, los rasgos de su amistad, los momentos de complicidad y diversión, pero también los dolores que fueron acumulando pero callaron. Porque a veces el amigo lastima, en afán de ayudar, sin darse cuenta que no queremos su ayuda. En su turno, Jordan y Ernesto, que se unirán a este grupo de soledades compartidas, desmenuzarán sus puntos muertos.
Ante nuestros ojos, y con una prosa mesurada, pero íntima, los seis personajes desnudarán sus vidas; reflexionarán sobre sus parejas o exparejas, nos enterarán de sus vicios y virtudes, así como de sus mezquindades, sus envidias y sus fríos y calculadores planes en busca del “emparejarse” pragmático, dándose una nueva oportunidad de compartir la vida con alguien.
Veremos también cómo cada uno de esos cuatro antiguos amigos, Anarda, Tony, Laura e Ismenia, cuando está a solas en ese Gran Hotel Edén que invita al hedonismo pero no a la fuga emocional, se enfrenta a la revisión del punto del rompimiento de la amistad con el otro.
Y Margarita Peña, la autora de esta obra, construye deliciosos monólogos para cada uno de los cuatro personajes. Y uno como lector se siente como una intrusa o una espía dentro de una reflexión ajena; y uno se descubre como parando la oreja detrás de una puerta, escuchando un monólogo íntimo al que no fue invitado, y, a la vez, quieres oír más, porque estás muerta de fascinación por conocer más de esas intimidades que a veces se parecen tanto a las nuestras. Y también estás morbosamente divertida al descubrir el otro yo, que vive detrás de cada puerta de ese Edén con facha de hotel.
Porque la prosa de Margarita Peña se desliza suavemente y es también sarcástica y divertida. Y, si algún pasaje del monólogo de estos personajes estaba por ser trágico, Margarita gira su prosa y la adereza de gracia. No cae en la tentación del drama, sino que toma el camino del sarcasmo y nos saca la espontánea sonrisa, con lo cual nos recuerda que hay que aprender a reírnos de nosotros mismos y de nuestra circunstancia.
Éxtasis y reencuentros es también una radiografía de los dobleces de la personalidad de los seres humanos, de ese gemelo que también nos posee. La novela nos revela la otra cara de cada personaje, y hace que nos descubramos en ella. Porque también nosotros somos otro cuando nadie nos ve ni nos escucha, cuando cerramos la puerta y reflexionamos a solas sobre nuestro pasado, nuestros amigos, nuestra vida.
Los personajes femeninos que construye Margarita Peña, a excepción de Anarda, son mezquinos, dominantes y autoritarios, y un mucho viriles. Los hombres, en cambio, a excepción de Jordan, son suaves, como plastilina pura en manos de sus mujeres. Ellos serán, al final, lo que sus mujeres quisieron.
Anarda y Jordan, son pieza aparte. Artistas, creativos, atractivos, conversadores, intelectuales y bondadosos. Tienen la capacidad de ver el paisaje y su propia vida, están afuera y adentro y se perciben menos dañados emocionalmente que el resto del grupo que el azar ha reunido en Ardenia. Este par constituye, sin duda, el rasgo esperanzador de las relaciones humanas y del amor. Son la edificación virtuosa de ese otro que todos quisiéramos ser y poseer, que se aleja de los esquemas metalizados y pragmáticos del resto de los personajes.
Laura y Ernesto, Tony e Ysmenia, por su parte, se unirán en pareja, parejas que a leguas se ven disparejas. Pero eso no importa, lo que a ellos les importa es no estar solos, a costa de lo que sea. Construyen una felicidad con olor a tristeza y a dinero.
¿Sobrevivirán o no esas uniones? ¿Renacerá la amistad perdida o dejada como cabo suelto años atrás? ¿Triunfará el amor entre Jordan y Anarda?
Para saberlo hay que leer Éxtasis y Reencuentros, una novela deliciosa en la que todos nos vemos retratados en algún momento, porque en algún momento hemos amado a alguien, lo hemos dejado de amar, hemos sido mezquinos con nosotros y con los otros, hemos fraguado historias que no cuajan y hemos dejado la amistad colgada de la brocha de la indiferencia o del silencio.
En esta novela descubro a una Margarita Peña generosa, que nos regala muchas cosas. Esas que ella ha ido aprendiendo y acumulando en su vida personal y profesional, como investigadora de textos antiguos, como gambusina del tesoro que guardan los libros de la adivinación y la suerte; como amante de la música, la pintura, el vino y la comida, y como buena escritora de novelas donde anidan sueños y utopías. Con este libro, yo le digo a Margarita Peña: gracias por la oportunidad de acercarme al éxtasis de estas historias. Y gracias por el reencuentro.

