Ricardo Muñoz Munguía
Escritor con los exactos acentos de frescura y con los tonos del lenguaje adaptados tanto a su tiempo como a los días de hoy, Francisco de la Maza (1913-1972) fue un intelectual con valiosos aportes a la historia del arte en México, principalmente del arte novohispano. La memoria, por llamarle de algún modo al legado que representa el arte, ha tenido a su incansable defensor, Francisco de la Maza, quien fue polemista con quienes dejaban a un lado o no le tomaban la debida importancia a nuestro patrimonio artístico; su labor de escritura tuvo constante apego a la defensa del arte y, más allá, también construyó o convidó esa responsabilidad con sus alumnos, a quienes les hereda esa batalla, la de preservar y detener el deterioro en el arte. Gran parte de su obra apunta hacia los diversos aspectos que le preocupaban y ocupaban y, por igual, atendió el panorama literario, sobre todo con la figura de Sor Juana que, por cierto, su último libro es sobre ella, en el que se conjuntan diversos comentarios durante dos siglos hacia la escritora de Nepantla.
El crítico e historiador de arte Jorge Alberto Manrique sustituyó, por motivos de salud, en 1967, a De la Maza —quien a su vez había sustituido a su maestro y amigo Manuel Toussaint— de la Cátedra de Arte Colonial de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Y es el mismo Manrique que ha iluminado, entre tantos aportes, la labor del escritor potosino pues “su obra —menciona en un artículo—, donde la historia del arte se relaciona siempre con el resto de los fenómenos históricos y culturales, sigue siendo una piedra de toque en esa disciplina. El país que mal que bien conservamos se debe, en parte, a su formidable tarea como defensor del patrimonio artístico que es de todos”.
Vaya, pues, una breve mención al gran maestro universitario que fue, como se dirigen sus alumnos, a un gran defensor del arte y a un hombre de una mirada universal sobre la estética del arte mexicano.

