El 12 de marzo de 2000 el Papa Juan Pablo II pide perdón públicamente por los pecados cometidos por la Iglesia en sus dos mil años de reinado.

El rito penitencial no tiene precedentes en la historia de la Iglesia. Las palabras del Papa repasaron las atrocidades cometidas en el Holocausto, la Inquisición española o la persecución a los judíos.

La comunicación de estos hechos constituyó el momento culmen de la ceremonia celebrada en la basílica de San Pedro del Vaticano por el Jubileo del Año Santo.

Siete cardenales arzobispos, colaboradores cercanos del Papa y entre los que se encontraba Joseph Ratzinger elevaron también sus correspondientes súplicas de perdón.