Poner al día la educación
Humberto Musacchio
Pasada la euforia triunfalista de la asamblea nacional del PRI, la detención y linchamiento de Elba Esther Gordillo sigue siendo tema de análisis y, más allá de las fobias que suscita y las traiciones que desde la cárcel ha contemplado seguramente con dolor, lo que sigue en la lista es la educación, la necesidad imperiosa de ponerla al día, de elevar su calidad, de mejorar el desempeño de los profesores.
Se dice pronto, pero en México la educación se halla en un profundo estancamiento que no comenzó hace un cuarto de siglo, con el liderazgo sindical de Elba Esther Gordillo, sino que tiene sus orígenes en la segunda mitad de los años cincuenta, cuando fue aplastado con macanas, gases lacrimógenos y encarcelamientos el movimiento magisterial encabezado por Othón Salazar.
Aquel movimiento enarbolaba demandas de carácter rigurosamente laboral, pero el viejo régimen tendía a politizarlo todo y vio en aquellas peticiones una amenaza para el orden y propinó a los maestros un trato de delincuentes. Salía más barato mantener en sus cargos a los líderes charros del sindicato y optó por mantenerlos en sus cargos a costa de la educación, que desde entonces entró en un tobogán que acabó por hundirla.
Hasta entonces, los profesores de primaria y secundaria gozaban de un enorme prestigio social muy bien ganado en las aulas, donde se esmeraban para que los alumnos aprendieran a leer y escribir con aceptable corrección, procuraban por diversos medios que los muchachos dominaran la aritmética elemental y que tuvieran los conocimientos necesarios para hacer frente a la vida y desempeñarse en ella con dignidad, con respeto por la sociedad y por los valores nacionales.
Hoy, en un mundo infinitamente más complejo, no habrá reforma educativa exitosa si al frente de los maestros se sostiene a dirigentes impuestos desde el gobierno, meros capataces de un gremio al que el control político de tantos decenios acabó por hacerlo perder la convicción patriótica, la vocación docente y otros valores sociales.
Pero tampoco habrá progreso educativo mientras se mantenga la división sindical, y los grupos afines a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la educación no acepten que la disciplina es indispensable, que los profesores requieren de actualización permanente y que, para beneficio del país, el trato con las autoridades debe pasar a un plano de respeto mutuo y de acatamiento de la ley.
La tarea es de todos, pero corresponde al gobierno dar los primeros pasos para establecer una relación constructiva y provechosa.
