La seguridad es cosa seria
Obdulio Ávila Mayo
La seguridad es tarea primaria de cualquier gobierno. En un régimen democrático no hay lugar para la represión, pero las autoridades tampoco pueden deslindarse de la obligación de mantener la gobernabilidad y garantizar la protección y defensa de la vida, el patrimonio, la libertad y la paz de sus gobernados.
Por décadas, el descontento social fue ocultado debajo de la alfombra. No existía el diálogo ni la posibilidad de disentir; los enemigos de la sociedad se convirtieron en amigos de funcionarios públicos, de gobernantes, se firmó un pacto y en el silencio, el cáncer fue invadiendo comunidades, regiones e instituciones.
La corrupción se infiltró en las dependencias gubernamentales y se arraigó fuertemente en la cultura mexicana. Las palancas, la justicia discrecional, la burocracia ineficiente, las deudas, las crisis conformaron un conjunto de prácticas difíciles de cambiar y la percepción de la ciudadanía no parecía tener esperanza de un mejor horizonte.
La situación no era sostenible, económica, política y socialmente existía un desgaste, los derechos y las libertades estaban secuestrados, pero la sociedad civil exigió a través del voto un cambio de timón. Durante años se fue transformando el rostro de México, la sociedad fue el motor y un nuevo gobierno se arriesgó tomando decisiones e implementando políticas novedosas. Algunas de estas estrategias no resultaron populares y algunas encontraron obstáculos políticos, en otros casos también falló la comunicación, pero los resultados han comenzado a notarse y otros aún tardarán en rendir frutos.
Se criticó, particularmente, la estrategia de seguridad, en la que siempre se antepuso el bien común, la dignidad de la persona y el objetivo de devolverle a los mexicanos un país libre, capaz de crecer, de ofrecer oportunidades para todos y no limitado por los sobornos, la inacción de sus gobernantes, el desentendimiento de las autoridades y criminales dispuestos a tomar de otros lo que quisieran como si la salud de los niños y jóvenes, la tranquilidad de las familias, los sueños y la vida de los demás fuera de su propiedad.
Ahora se han destapado varios grupos armados, se denominan de autodefensa, pretenden confundirse con las policías comunitarias pero hay que tener mucho cuidado.
El peligro principal de estos grupos de autodefensa, que actúan fuera de la ley es que, aun y cuando puedan surgir de la ciudadanía, deriven en grupos paramilitares, que sean infiltrados por la misma delincuencia organizada o que se escuden tras el discurso de la justicia para cometer actos delictivos y más atroces que aquéllos de quienes dicen defenderse.
Es ideal para cualquier política pública la participación ciudadana, pero resulta equivocado e irresponsable trasladar tareas propias del Estado a los ciudadanos. La violencia no puede combatirse con violencia y el gobierno no puede justificar el desgobierno diciendo que desde hace años hay policías comunitarias.
El reto es que la sociedad recupere la paz, y el gobierno el control y la responsabilidad.
