Rafael G. Vargas Pasaye
Si bien el narrador es Nico Santos, Nicómaco como le agrada a su padre decirle, sin duda es Adrián Bettini el alma que atraviesa las páginas de Los días del arcoíris, la entrega de Antonio Skármeta, autor chileno que alcanzara la fama mundial con El cartero de Neruda, y que con esta obra se hizo acreedor al Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casamérica 2011. La trama es directa, un momento clave en la vida democrática de Chile vista desde la óptica del amor, pero sin dejar la crítica, se percibe y se transmite en líneas como “No era miedo, sino la simple vida cotidiana exhausta de esperanzas”, y era a tal grado que incluso la novela abre con el levantamiento del profesor Santos, filósofo y padre de Nico. Las páginas intercalan precisamente esas historias de la búsqueda por una libertad plena tanto en el acto amoroso, como en el social, se dibuja pues de buena manera un plebiscito para saber si la gente quería o no que siguiera gobernando Augusto Pinochet, para ello la lucha se centraría a un SÍ frente a un NO. Con todo lo que el futuro deparaba en esa decisión. Nico tenía por novia a Patricia Bettini, hija del famoso publicista Adrián Bettini, que como bien decía, la fama no le daba para comer, pues esa misma fama lo tenía censurado en muchos espacios laborales, a tal grado que en ocasiones realizaba su trabajo con un seudónimo. Nunca hizo fortuna pudiendo hacerla con su talento. En días previos al plebiscito, el Ministro del Interior mandó traer al publicista y le ofreció hacer la campaña por el SI, o sea a favor de Pinochet, a lo que con cortesía le hizo saber Bettini que no podía aceptar, pero aun así le concedieron unos días para pensarlo. Sin embargo la negativa se mantuvo, el Ministro le pidió una sola cosa: que no hiciera la campaña del NO. Sin embargo, los 16 partidos políticos que encabezaban la oposición en voz de uno de sus senadores buscó a Bettini y convenció de que debía hacerla, sólo él podía ejecutar esa misión, aunque siendo sinceros quien lo convenció fue su hija, quien en una charla nocturna le hizo ver que los sueños se estaban perdiendo y esa era una oportunidad. Al publicista se le dificultaba la manera de comunicar en los 15 minutos que había cedido la televisión oficial para la campaña de la oposición todo el concepto de libertad que debía enarbolar el NO, y mientras pensaba un día en su casa se apersonó, por sugerencia de Nico, el mismísimo Raúl Alarcón, mejor conocido como Florecita Motuda, músico que halló en El Danubio Azul de Strauss la música perfecta para la publicidad. Pese a la resistencia de Bettini la canción estaba resuelta, la imagen fue un arcoíris, la transmisión causó revuelo, y el resultado de la votación se puede consultar en las páginas del libro. Para ser justos también hay que señalar que pasado el plebiscito los siguientes capítulos, todos breves, parecen que salen sobrando, pues la historia se circunscribe ahora al amor juvenil que representa el otro lado de la libertad. Digamos que no estorban aunque se pueden ahorrar. Los días del arcoíris es una obra de un escritor logrado, que viene a recordar que el precio de la democracia a veces es alto, y que por esa misma naturaleza debe ser mejor valorado para no confundirlo con libertinaje. Antonio Skármeta muestra su lado más romántico, su brevedad no llega a contundencia, es cierto, pero sus palabras son las adecuadas para un libro que le viene bien a estos momentos de violencia donde lo que se requiere es un amor al cual seguir.
Antonio Skármeta, Los días del arcoíris. Planeta, México, 2011; 234 pp.
