Alan Abarca Saint Martin

Hablar de poesía y creación poética puede ser tan extensa como la propia historia de la civilización en la cultura, sin embargo reducir la escritura a temas sirve para disminuir el espectro y tener facilidad en la selección sobre qué leer. “No hay nada nuevo bajo el sol”, frase conocida, utilizada y del todo cierta; cada autor se encarga de escribir a partir de su propia concepción de mundo, conociendo las reglas, términos y recursos que le son útiles.
Ópera de la tempestad de Andrés Cisneros de la Cruz es un libro de 23 poemas escrito en dos partes o Actos, si se continúa con la idea de la representación de la ópera en un teatro frente a un público, con la mezcla de la música, la iluminación, las palabras, etcétera: Arte Bélico I y Arte Bélico 2 que, con sus respectivas introducciones, nos preparan a un desfile de armas a través de imágenes fugaces y, sin embargo, imperecederas como: “Contra uno es la rebelión, derrumba al héroe para vencerte” o “Parezca lo que parezca, todo lo que sucede, es la lucha del hombre para dominar la Naturaleza. A ella le es indiferente, cómo se derrotan a sí mismos”.
A lo largo de la lectura se presentan los distintos movimientos que tienen las composiciones musicales como el andante, allegro, moderatto, adagio que permiten una ejecución distinta, desde algo más festivo y ágil como el poema “Principio” en donde la ironía se encuentra en sus tres versos, hasta las reflexiones que provocan el poema que da nombre al libro “Ópera de la tempestad”. Estos movimientos musicales no se observan directamente en los poemas, no viene la acotación debajo del texto, sin embargo es el ritmo quien otorga dicha característica.
En una primera lectura, con algunos poemas como “Se desmorona invisible el monumento de la vida”, “La metamorfosis del hombre araña” o “Discurso del Papa antes de guardarse en el espejo de la muerte” pareciera que nos encontramos ante textos del barroco mexicano, no por el uso de la hipérbole (la exageración), el retruécano (la reorganización diferente de los elementos de una oración en otra oración subsiguiente, en la que se invierte la posición de los términos que se repiten, de manera que el sentido de la segunda oración contraste con el de la primera), el hipérbaton (el rompimiento de la sintaxis o construcción de las oraciones para darle un ritmo determinado), por mencionar algunas figuras retóricas; más bien, por el constante uso de la temporalidad y la fugacidad de la vida. A lo largo de los poemas el tiempo estará presente, refiriéndose a que fue, lo que se es o será.
Además del tiempo, Cisneros recurre a diversos juegos lingüísticos como en el poema “Cántico para la boca de Adriana” en donde: “los semas significantes de su oscura boca, —qué (f)ermosa forma de fermentar las (ph)alabras—”, se ve el arcaísmo de la palabra “hermosa” con la f dentro del paréntesis, así como en “palabras” la ph sin dejar de lado la consonancia rítmica en “fermosa forma de fermentar”. También, es claro un viaje en espiral con la constante repetición de los versos “te reconozco”, “la reconozco” o “yo te reconozco” donde pareciera que esa enunciación fuera el disparador para hablar sobre la boca, su textura y sabor.
Los poemas van in crescendo a partir de la construcción en estructura y de imágenes. Al igual que una tormenta que empieza sólo con un poco de precipitación hasta su majestuosidad, o como diría el poeta cubano José María Heredia en “En una tempestad”: “Huracán, huracán, venir te siento, y en tu soplo abrasado respiro entusiasmado del señor de los aires el aliento […] La tierra en calma siniestra; misteriosa, contempla con pavor su faz terrible. ¿al toro no miráis?”, con vientos fuertes, gotas de lluvia intensas, se encuentra ante el poema “Canto tallado hacia adentro”, donde se muestran versos más extensos y con una carga reflexiva mayor.
Después del desfile torrencial de imágenes y palabras, el lector llega, en “Metáfora del disparo (Poemerolico)” último poema del libro, a un estado de relajación visual, lingüístico y emocional que se convierte, como dice el subtítulo del mismo, en un “Poemerolico”, con pocas respiraciones y versos cortos. Sí, se presupone una lectura rápida, sin embargo las imágenes se presentan como captadas por una super 8, sin necesidad de pausas marcadas.
Y así como el yo de los poemas dice: “Escucho el sonido de una tuba en la tempestad” en “Cántico para enfrentar el día”, de la misma manera el lector ve y oye las distintas melodías que esta tormenta de palabras, sonidos e imágenes deja a su paso en su mente para evaporarse con los rayos del sol.