El fantasmal Chapo

Jorge Carrillo Olea

Muerte o cárcel. Son los destinos ineluctables de Joaquín Guzmán, El Chapo lo supo siempre. Su carácter tempestuoso no lo dejaría vivir en un Shangri-La como algunos creían. Morirá en una batalla, aunque ésta fuera menor, ordinaria, sin proporción a su negra grandeza, pero así es él, hasta tierno en lo entrañable, feroz e imparable. Con el demonio por dentro pero apacible en sus externalidades humanas. Ésa parece ser su determinación.

Después del arresto de Osiel Cárdenas, del Cártel del Golfo, Joaquín Guzmán se convirtió en el principal traficante de drogas de México y el mundo entero. [ ]Desde su fuga del penal de máxima seguridad de Almoloya en enero de 2001, se convirtió en el segundo más buscado después de Osama Bin Laden. Con los años, ambos cárteles, Golfo y Sinaloa, desarrollaron una profunda rivalidad, la cual alcanzó uno de sus puntos más violentos el 24 de mayo de 1993, cuando ambos cárteles protagonizaron una mortal balacera en el Aeropuerto Internacional de Guadalajara, donde una de las siete víctimas fue el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.

Después de una épica huida a través de medio territorio nacional, Guatemala y El Salvador, gracias a la tecnología entonces ya disponible, fue localizado y capturado en Guatemala y entregado a la autoridad mexicana el 11 de junio para ser remitido a Toluca, a Almoloya. Años después de una manera igualmente fantástica y sin que se haya llegado a una verdad última, El Chapo escapó de aquella prisión el 11 de enero de 2001.

La familia de Joaquín Guzmán ha sufrido ocho bajas, cuatro han sido ejecutados y otros cuatro detenidos. Uno de sus hijos, Édgar Guzmán López, de 22 años, fue ejecutado el 8 de mayo del 2008 en el estacionamiento de un centro comercial en Culiacán. Ahí murieron dos familiares más: Ernesto Ábrego Cárdenas, del Cártel de los Ábrego de la Muerte, nacidos en Morelia, Michoacán.

En junio de 2005, en Zapopan, Jalisco, fue detenido otro de sus hijos: Iván Archivaldo Guzmán Salazar, tras un accidente de tránsito. Se le sentenció a cinco años de prisión por lavado de dinero, aunque en abril del 2008 fue absuelto por un juez federal por falta de pruebas.[ El 31 de diciembre de 2004 asesinaron en el penal de La Palma a su hermano Arturo Guzmán Loera, quien estaba recluido desde septiembre de 2001.

Así que sus odios por la vida tienen base, tal como su avidez de venganza y la brutalidad de sus actos. Sorprende que por la energía que proyecta no hubiera sido detectado, asesinado o detenido. Ni la inepta Procuraduría General de la República, ni las fuerzas armadas, ni los abundantes miembros de agencias norteamericanas en México lo han detectado y, para más, en este mundo de filtraciones nunca se supo que se le estuviera buscando sistemáticamente. Debe haber una razón. Si un día fuera asesinado o capturado estaría por ver, como en el imperio de Carlomagno, cómo se fragmenta su absolutismo y en cuántos reinos y principados se divide.

Los límites del imperio de El Chapo abarcan zonas vitales de [Sinaloa, Sonora, Nayarit, Chihuahua, Durango, Jalisco, Colima, Chiapas, Tamaulipas, Guerrero, Zacatecas, Baja California, Baja California Sur, Oaxaca, Guanajuato, Querétaro, Tlaxcala, Puebla, Morelos, ciudad de México, Estados Unidos, América Central, América del Sur, Europa, Asia, África y Australia. De acuerdo con las “leyes de sucesión”, a Juan José Esparragoza Moreno e Ismael Zambada García se les supone ser titulares de ciertos espacios.

 Si alguna forma de avenencia o desavenencia se establece entre ellos, cómo podría ser la distribución territorial nacional, o de qué manera dividen el mercado internacional y las ganancias, con qué bandas operarían y en dónde, cuál será su actitud respecto del gobierno. La conclusión es que casi bajo cualquier hipótesis los nuevos jerarcas intensificarán la lucha.

Cuando la occisión o apresamiento se dé, todo lo que pase no será para bien. Las noticias desmentidas de la supuesta muerte de El Chapo resultaron, como sucederá en su momento futuro, sólo un acto más mediático y especulativo que real para los intereses del Estado nacional si hubiera sido cierto. Se estaría por ver una guerra medieval con terribles consecuencias para el país.

Y el gobierno, ¿cómo aprovechó el caso para ejercitar su capacidad de reacción técnico jurídica ante la crisis? De la manera más obvia: no reaccionó. De manera que “los muertos que vos matáis gozan de cabal salud”.

 

 

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