Falta mucho, pero el salto fue enorme

Carlos E. Urdiales Villaseñor

Contrario a lo que muchos pensaban sobre la utilidad, veracidad y longevidad del Pacto por México, que operó como inauguración de sexenio del presidente Enrique Peña Nieto y su equipo, la iniciativa de reforma constitucional en materia de telecomunicaciones rebasó las expectativas de varios adivinos del futuro.

Un día antes de su presentación, el diario El Universal vaticinaba en su nota de ocho, “Aceptan presión de TV en reforma, limitó el must carry-must offer”, y pues no. Resulta que lo enviado al Congreso por el Ejecutivo para su análisis, discusión y aprobación para luego ir al Senado y de ahí, una vez promulgado por el presidente comenzar su gira por los 31 congresos locales para que, una vez alcanzada su aprobación en la mitad más uno, vuelva  entonces a la capital de la república para ser decretada como reforma a la Constitución trae más alcance de lo que muchos intuían.

Durante al menos la última década se arraigó la convicción de que a Televisa, a Carlos Slim, a los grandes barones de los medios electrónicos no los tocaba nadie; que producto de su innegable influencia social y económica eran un poder metaconstitucional.

La iniciativa de reforma nacida en el Pacto por México es un punto de arranque como afirma el senador panista Javier Lozano, pero un principio con la vara colocada a buena altura. Limita el dominio de cualquier actor en el sector a no más del 50% ya sea medido por mercado, espectro o infraestructura. Esto afectará a Televisa, a Telcel, a Telmex.

Saca de la esfera del Poder Ejecutivo a los órganos reguladores Cofetel y Cofeco para convertirlos en institutos federales autónomos, como el IFE. Cuando el presidente Peña Nieto resumió las metas de la iniciativa en el ABC: acceso para todos, buenos precios y calidad en servicio y contenido, realizó un condensado simple que encierra mucho de intención política y económica.

Los saludos que recibió la iniciativa por voz, twitter o comunicado institucional de Televisa, de América Móvil, de MVS y otros hablan de que, al menos en la superficie, la iniciativa avanza por encima de intereses legítimos pero no mayoritarios.

Falta mucho, pero el salto fue enorme. El diablo está en los detalles, dicen.

Y para cerrar no sobra hacer un repaso de lo que ha producido este Pacto por México a 100 días de haberse suscrito. Una reforma educativa y ahora ésta que comienza. Vendrá la energética y después la hacendaria este mismo año. Aquello de no venir a administrar sino a transformar puede ser algo más que una bonita frase del museo de la retórica política. Sin aplausos de más, con vigilancia y análisis, pero sin regateo ciego por diferir de trinchera ideológica. Como decía el propio Jesús Zambrano, la desconfianza inicial que había sobre el trabajo conjunto está cediendo ante metas concretas.

@CarlosUrdiales