Crece el poder

René Avilés Fabila

Algunos periodistas críticos y algunos sectores de la sociedad han reaccionado ante las advertencias que parecen salir del priismo sobre el retorno del viejo régimen de severo y orgulloso presidencialismo. Hace unos días, el columnista Francisco Garfias escribió algo interesante: “¿Tentación autoritaria?”, donde precisaba la arrogancia que el priismo muestra conforme crece el poder de Enrique Peña Nieto. El PAN y el PRD han sido sus primeras víctimas. Los primeros por su ignorancia política, los segundos por su enorme corrupción y sus pugnas internas. Ninguno por sí solo ha podido enfrentar el efecto Peña Nieto. Poco a poco el presidencialismo se consolida y sólo esperemos que no sea idéntico al chapado a la antigua, donde brillaron personajes como Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría y José López Portillo.

Pero en vista del desarrollo y crecimiento del PRI, ambas fuerzas políticas se han visto obligadas a amarse, a conformar extrañas alianzas para no ser barridos en las siguientes elecciones. En ellas, Camacho Quiroz ha anticipado carro completo. No parece fácil, sobre todo tomando en cuenta que el priismo fue derrotado dos veces en la lucha por la presidencia, pero considerando que ahora es un partido de nuevo cohesionado y con el impulso de un grupo audaz y renovador, podría ser posible una victoria rotunda, que anticipe un mayor hundimiento de la oposición y el aseguramiento de nuevos periodos en Los Pinos. A estas alturas nadie supone que Andrés Manuel López Obrador volverá a ser un candidato presidencial fuerte.

Por lo pronto las cosas marchan mejor de lo que inicialmente imaginaron los priistas. Con inteligencia y habilidad, aprovechando muy bien las debilidades de sus enemigos tradicionales, han avanzado a grandes trancos y hoy la figura de Peña Nieto, a pesar de sus fallas y errores, ha crecido enormidades. Tenía mucha razón Manlio Fabio Beltrones cuando anticipó que sería un gran candidato para su partido. El Pacto por México pueden atribuírselo el PAN o el PRD o ambos juntos en su novedosa hermandad, pero el hecho es que el gran beneficiario es el PRI y principalmente Peña Nieto. La detención sin grandes problemas de la maestra Elba Esther Gordillo, una figura incómoda para todo el país, pero con dinero y poder real, no trajo mayores consecuencias salvo la de darle mayor prestigio al presidente de la república. Hoy es visto por los mexicanos como una muy aceptable figura política, capaz de sacarnos del atraso en que los anteriores gobiernos nos metieron, de Ernesto Zedillo a Felipe Calderón pasando por Vicente Fox.

Pero el peligro radica en que al sentirse nuevamente poderoso, firme en la casona presidencial, dueño del país ahora por deseos de la mayoría de los mexicanos, de nuevo la arrogancia del poder retorne y el autoritarismo esté a la orden del día, como sugiere Garfías. A mí me parece que sí ha regresado el presidencialismo, no hay duda, hasta el PRI se ha sometido gozosamente, luego de intentar establecer una cierta distancia. Pero también la sociedad y los medios han sufrido modificaciones. De tal manera que dudo mucho de que el autoritarismo regrese tal como fue en sus mejores tiempos.

 

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