La represión no funciona
Jorge Carrillo Olea
Si la gran película japonesa fue de tal modo influyente en los años cincuenta como para que Hollywood la copiara, ¿por qué no habría de ser emulada por campesinos nacionales si las causales son las mismas: desesperación, abandono y aguda desesperanza ante el crimen?
La acción transcurre en el Japón del siglo XVI. Los habitantes de un poblado de campesinos, hartos de ser asaltados por bandidos, deciden hacer algo al respecto. El miembro más anciano del pueblo sugiere contratar samuráis (guerreros) para que los defiendan. Tras varios intentos fallidos encuentran a uno llamado Kanbei, que decide ayudarles.
Con él como líder consiguen reunir a un grupo de siete, que defenderán el poblado más por su valentía y ética, que por los dos puñados diarios de arroz que se les ofrecía. La gran diferencia, aunque de formas sutiles, es que aquellos samuráis eran, de una u otra forma, guerreros mercenarios. Los samuráis mexicanos es el pueblo en sí mismo, desesperado, como se dijo.
Diversas opiniones ha generado el hecho original, dado en lo más agreste de Guerrero, en las inmediaciones de Ayutla y Ometepec, Costa Chica de Guerrero, pero que pronto, prontísimo, trascendió a nuevos sitios, ahora dispersos en el territorio nacional. En su inicio, juristas y oportunistas lo reprobaron. En efecto, el hecho es reprobable. Un poco más tarde al hacer eclosión y el gobernador, tontamente, prometer hacer legales tales acciones, las opiniones se dividieron.
Ahora que siguen siendo una serie de actos reprobables, empezó a emerger la sombra de la justificación. En efecto, los actos siguen siendo reprobables desde el punto de vista de la ley, pero van adquiriendo en el sentir público una cierta legitimidad al ser evidente, primero, su amargura y, posteriormente, cómo los índices de criminalidad se han abatido con su esfuerzo.
Empiezan a contrastarse una legitimidad indiscutible y una criminalidad manifiesta por parte de los policías comunitarios.
Para peor, es ostensible cómo han cambiado de armamento. De simples escopetas y rifles para cazar venados, armadillos, o conejos, ahora portan AK-47. Esto es, la situación se hace más compleja. Sí, lo es por la ausencia de la autoridad suficiente y eficiente que apoye a los campesinos. Surgen sus sustitutos y ya adivinamos quienes son. Ojo con los criminales disfrazados de dolientes campesinos.
De continuar la multiplicación de policías comunitarios, rurales, comunales o como se denominen, podría ser un serio dolor de cabeza para el gobierno federal. Son los brotes de lo imprevisto, tal vez por falta de una inteligencia confiable, que sepa conocer, saber, anticipar. Peor aún si no se sabe dar respuesta que, ciertamente, está muy cuesta arriba formular. Las policías locales son inútiles, son recursos inapelables, la policía federal tiene una gran limitante poco valorada: no conoce el terreno y se mueve en sus ostentosas camionetas.
Queda el ejército, que si viene de fuera de la zona, como sucedió en Michoacán, más hábiles que la policía federal, más habituados a operar en zonas agrestes, sería la única alternativa. La única pero que, ¡ojo!, es de índole represivo, y en Guerrero ya debiéramos haber aprendido la lección, la represión no funciona.
El envío de tropas tiene el enorme riesgo de que se caliente la situación y posteriormente cualquier solución se haga más difícil, más si a los policías comunitarios se suman vestigios de la guerrilla y, peor, si empiezan a ser alimentados, como parece ya cierto, con recursos del narco. No olvidar que sin sentido peyorativo, es la misma comunidad que integra a las policías comunitarias la que nutre al narco.
Los inclinados a regularizar la situación de los policías, no de manera atropellada como el gobernador, no han discutido un recurso con raíces históricas hasta 1861 que yace postergado en el Ejército Mexicano: los Cuerpos de Defensas Rurales, creados desde ese entonces por el presidente Benito Juárez. Hoy se rigen por un “instructivo” expedido en 1964.
Recreados durante el cardenismo para proteger ejidos, los Defensas Rurales han permanecido ignorados. Son destino de castigo, una especie de Legión Extranjera francesa del siglo XIX. Ignorados como no sea para desfilar, debidamente trajeados con ropa entregada el día anterior.
Los Defensas Rurales, debidamente retocados, podrían ser una aproximación a algo, sí pero… otra vez, ¿la ley, más y más, en manos militares?
hienca@prodigy.net.mx
