Claudia Lucotti

 Hablar de la vida y obra de Sylvia Plath siempre lleva consigo un riesgo debido a que su vida, caracterizada por una serie de hechos trágicos y espectaculares, tiende a marcar de modo implacable  la forma en la que leemos su obra. En este breve panorama, intentaremos evitar esto para poder ofrecer una visión más completa y compleja de su escritura.

Nuestra autora nace en Massachusetts en 1932. Sus padres eran inmigrantes alemanes, ambos profesionistas muy trabajadores, que les inculcaron a Plath y a su hermano la importancia de destacar siempre en todo lo que emprendían, un principio entendible, sobre todo en inmigrantes, pero a un cierto precio ya que sin duda esto puede fomentar actitudes individualistas y competitivas no siempre muy saludables. No ha de extrañarnos pues que Sylvia Plath fuera una alumna distinguida y que desde muy joven comenzara a escribir pequeños textos muy apreciados por su familia. Sin embargo, la muerte de su padre cuando ella tiene ocho años es un acontecimiento que la afecta de manera profunda.

Continúa luego estudiando, de modo muy destacado, en la universidad y a los 19 años gana un concurso para ocupar el puesto de editora invitada de la revista Mademoiselle en Nueva York. Esta experiencia, que plasmará más adelante en su novela  The Bell Jar, en un principio parece haber sido más que exitosa; sin embargo, al poco tiempo de regreso a casa de su madre sufre una depresión fuerte (incluso intenta suicidarse) y debe ser internada. Se repone de esto y tras titularse, viaja a la Universidad de Cambridge con una beca Fulbright. Ahí conoce al poeta inglés, Ted Hughes, con quien se casa  y juntos regresan a los Estados Unidos donde dan clases de literatura y se dedican a la escritura.

Es aquí cuando en verdad comienza Plath a escribir sus primeros poemas importantes. Entre ellos sobresale “Las musas inquietantes” (1957), un poema muy interesante que gira en torno a un yo poético –investido de características ligeramente míticas–  que desde la cuna está acompañado por tres musas inquietantes que velarán por su desarrollo como poeta, un hecho que lo marcará y posicionará de modo diferente de entrada. Este poema se ha leído y estudiado en gran detalle ya que, para muchos críticos, ejemplifica muy bien una característica central de la poesía de Plath y que se puede resumir como una poesía que gira siempre en torno a un yo superior, solitario y aislado y que se nutre, a un alto costo, sólo de sí mismo, de sus vivencias, experiencias y recuerdos.

Los años siguientes se dedica, asesorada por su marido quien es un poeta más experimentado, a escribir mucho, ejercitándose en distintas formas y modalidades poéticas, algunas de ellas muy rigurosas como el soneto y la sestina. “Point Shirley” (1959) es un ejemplo de este tipo de poema más elaborado, en el cual recuerda y revive, con una mirada inteligente y compleja, la casa de su abuela en Boston, junto a un mar amenazante. Aquí destaca una vez más, aunque de manera menos insistente, la tendencia a verse a sí misma, y a su familia, como instancias de proporciones ligeramente míticas.

 En 1960, el matrimonio regresa a Inglaterra. Primero radican en Londres donde nace su hija Frieda. Este es un periodo productivo para ella, ya que publica su primera colección de poemas, The Colossus, y escribe su única novela, The Bell Jar. También comienza a escribir una serie de poemas nuevos que planea publicar bajo el título de Ariel. Dentro de esta colección figuran sus famosos poemas de las abejas, los cuales poseen varias características de importancia. En primer lugar, derivan de una serie de experiencias reales ya que en ese tiempo Plath y Hughes se mudan a una vieja casa de campo en Devon donde compran una colmena para intentar criar abejas.

Este hecho, que figura en el cuento que escribe  Plath titulado “Charlie Pollard and the Bee Keepers”, y las distintas actividades que derivaron de él, parecen haber dado pie a una situación más equilibrada en la que Plath, al  interactuar y relacionarse con aspectos diversos de la realidad, y a diferencia de lo que tiende a hacer,  produce un  yo poético que nutre y se nutre de algo más que de sí misma, en este caso de la vida de las abejas. El poema “La reunión de las abejas” (1962), que gira justamente en torno al momento cuando adquieren la colmena, muestra muy bien esta nueva etapa suya como poeta.  Al año siguiente nace su hijo Nicholas, y continúa escribiendo varios poemas poderosos, en los que el yo poético establece una relación enriquecedora con el mundo que la rodea. El poema “Nick y el candelabro” (1962) dedicado a su hijo es un muy buen ejemplo de todo ello.

Sin embargo, a mediados de 1962 , se divorcia de manera muy dolorosa, de Ted Hughes, y a los pocos meses regresa sola a Londres con sus dos niños. Y aquí comienza aun otra etapa de escritura, ya que a partir de este momento sus poemas vuelven a estructurarse  en torno a un yo poético aislado, aunque ahora la soledad  se combina con una sensación creciente de dolor. Todo esto da por resultado una serie de textos poderosos pero cada vez más  problemáticos y obsesivos. Entre ellos destaca el ya célebre “Papá” (1962) en el que el padre cobra dimensiones gigantes y relacionadas, de maneras muy preocupantes, con otra serie de figuras poderosas como los nazis y fascistas, mientras que la voz poética en sí no logra trascender una represencia infantil y dependiente. El resultado final es un texto incómodo, con dejos de poemas infantiles, estructurado en torno a diversas imágenes y asociaciones descarnadas. Otro poema muy representativo de este tiempo es “Lesbos” (1962), un poema en donde la visión anterior más afirmativa de la maternidad queda desplazada por otra por completo opuesta.

Finalmente llegamos al inicio del año 1963. Plath se encuentra muy sola con los dos niños en un Londres particularmente frío; de hecho, a los tres les da una gripa muy fuerte. Plath atraviesa por una etapa muy particular en donde casi no duerme: de día atiende a los niños y muy tarde de noche escribe los que han de ser sus últimos poemas ya que el 11 de febrero acaba suicidándose. Su último poema “Borde” es sin duda un texto emblemático, pues gira en torno a un yo que ya ha concluido su trayectoria y que, por ende, a partir de ahí sólo puede comenzar a replegarse y esto también incluye a los hijos que también recorren un camino inverso volviendo a fusionarse con el cuerpo de la madre.

En 1980, Ted Hughes prepara y publica una edición muy completa de toda la poesía de Plath, lo cual permite un acercamiento mucho más rico a la obra poderosa pero nada sencilla de esta poeta, una obra gestada a partir de sus propias vivencias (la mayoría por lo general vividas como muy dolorosas) y estructurada  a partir de un yo poético muy aislado. Esta combinación resultó finalmente letal, ya que este hurgar descarnado y sin alivio en su propio interior condujo a  un callejón sin salida. No resulta sorprendente pues que la escritora Joyce Carol Oates afirme que con Sylvia Plath  llegamos al final de toda una tradición de poesía lírica romántica y que a partir de ella habrá que prestar atención a las nuevas vertientes que surgen dentro de la poesía en lengua inglesa.