Juan Arturo Martínez Paz

 El escritor no nace, se hace. Imaginar, crear, dar sentido, buscar, escribir, reescribir y encontrar. Para Vargas Llosa, el escritor debe día con día practicar su vocación, pues ningún escritor nace siendo un genio ni con una excelente pluma en la mano.

La escritura no es algo que se practique en los tiempos libres, es como una solitaria que se apodera de uno y no lo deja vivir para otra cosa más que para ella. Pues:

“La vocación literaria no es un pasatiempo, un deporte, un juego refinado que se practica en los ratos de ocio. Es una dedicación exclusiva y excluyente, una prioridad a la que nada puede anteponerse, una servidumbre libremente elegida que hace de sus víctimas (de sus dichosas víctimas) unos esclavos. Como mi amigo de París, la literatura pasa a ser una actividad permanente, algo que ocupa la existencia, que desborda las horas que uno dedica a escribir, e impregna todos los demás quehaceres, pues la vocación literaria se alimenta de la vida del escritor ni más ni menos que la longínea solitaria de los cuerpos que invade. Flaubert decía: <<Escribir es una manera de vivir>>. En otras palabras, quien ha hecho suya esta hermosa y absorbente vocación no escribe para vivir, vive para escribir.”[i]

En su obra Cartas a un joven novelista, Mario Vargas Llosa nos cuenta su experiencia literaria, sus impresiones sobre la literatura y la vocación literaria. Como ya hemos visto para él la vocación no es un hobbie, es una forma de vida. Mas de eso no pretendo hablar en este pequeño ensayo, no; más bien y a propósito del Premio Internacional Carlos Fuentes, hablaremos sobre su teoría creacionista, Vargas Llosa nos expresa en su obra Cartas… los procesos de creación que él mismo ha usado, y su concepción sobre ciertos aspectos literarios, así como críticas a los escritores que pertenecen a su “panteón privado”. Nos habla de “el poder de persuasión”, “el estilo”, “el narrador y el espacio”, “el tiempo”, “el nivel de la realidad”, “las mudas y el salto cualitativo”, “la caja china”, “el dato escondido”, y “los vasos comunicantes”. Todos estos puntos son sus visiones de la creación que podemos ver aplicadas en cada una de sus obras; sin embargo, nos limitaremos a una sola obra: La ciudad y los perros.

Empecemos por el llamado “poder de persuasión”, para Vargas Llosa este poder tiene mucho de relación con la forma de la novela, es decir con lo inseparable que resultan la historia de la novela y la manera en que está contada, el fondo y la forma. Cuando tenemos una unión tan sólida que la historia vive por sí misma, sin depender de lo que se encuentra en su exterior, entonces la novela llega a tener un verdadero poder de persuasión.

“Para dotar a una novela de poder de persuasión es preciso contar su historia de modo que aproveche al máximo las vivencias implícitas en su anécdota y personajes y consiga transmitir al lector una ilusión de su autonomía respecto del mundo real en que se halla quien la lee.”[ii]

Al continuar con la lectura de este párrafo nos damos cuenta de que Carlos Fuentes tenía gran razón al caracterizar a la obra de Vargas Llosa como totalizante, pues este aspecto nos hace conformar un mundo aparte de todas sus novelas, pues son totales y viven por sí mismas en una realidad alejada de la de nosotros.

“El poder de persuasión de una novela es mayor cuanto más independiente y soberana nos parece ésta, cuando todo lo que en ella acontece nos da la sensación de ocurrir en función de mecanismos internos de esa ficción y no por imposición arbitraria de una voluntad exterior. Cuando una novela nos da esa impresión de autosuficiencia, de haberse emancipado de la realidad real, de contener en sí misma todo lo que requiere para existir, ha alcanzado la máxima capacidad persuasiva. Logra entonces seducir a sus lectores y hacerles creer lo que les cuenta, algo que las buenas, las grandes novelas, no parecen contárnoslo, pues, más bien, nos lo hacen vivir, compartir, por la persuasividad de que están dotadas.”[iii]

Y ¿qué acaso no vemos que el mundo de La ciudad y los perros  funciona y vive gracias a ella misma? Es autosuficiente, sus personajes no actúan por orden divino o por capricho del autor, al igual que los personajes de Rayuela, actúan por sí mismos, son capaces de cometer actos nobles o perversos, no son maniqueos, no son buenos ni malos, simplemente son lo que quieren ser. Vargas Llosa nos presenta la historia de cada personaje, ellos son puestos en el mundo y dejados actuar; por ejemplo, sabemos por qué el Esclavo no se sentía identificado con el resto del grupo, conocemos su pasado y las causas de que haya estado en el colegio militarizado; el Jaguar pudo haber actuado de distinta manera, pero su pasado vuelve a mostrarnos el porqué de sus acciones. La novela está tan bien construida que no podemos sacar a sus personajes e insertarlos en otro campo porque simplemente dejarían de ser lo que son. La historia vive gracias a su poder de persuasión.

¿Qué hay sobre el estilo? Mario Vargas Llosa nos dice que “el estilo es ingrediente esencial aunque no el único, de la forma novelesca.”[iv] El estilo de cada autor es distinto y puede ayudarnos a identificar la autoría, sin embargo, no importa que un estilo sea correcto o incorrecto, importa que sea eficaz, adecuado a su cometido.

“Las novelas están hechas de palabras, de modo que la manera como un novelista elige y organiza el lenguaje en un factor decisivo para que sus historias tengan o carezcan de poder de persuasión.”[v]

A Flaubert le gustaba leer-recitar sus escritos en voz alta, y si alguna palabra no cuadraba, la cambiaba hasta que sonara bien. Y esto no sólo se trata de poner las palabras adecuadamente, sino de encontrar la forma de expresión que convenga a la historia.

“Ahora bien, el lenguaje novelesco no puede ser disociado de aquello que la novela relata, el tema que se encarna en palabras, porque la única manera de saber si el novelista tiene éxito o fracasa en su empresa narrativa es averiguando si, gracias a su escritura, la ficción vive, se emancipa de su creador y de la realidad real y se impone al lector como una realidad soberana.”[vi]

El lenguaje con el que se expresan los cadetes en La ciudad y los perros es el que mejor pudo haber dotado de persuasión a esta novela, pues el lenguaje juvenil puesto en una novela sobre adolescentes nos acerca aún más a los personajes y nos realza el hecho de que ese mundo creado es independiente de la realidad real, pues vive por sí mismo. Pero vayamos a que el propio texto nos lo muestre:

“–No me gusta pelear –dice el Esclavo–. Mejor dicho, no sé.

–Eso no se aprende –dice Alberto–. Es una cuestión de estómago.

–El teniente Gamboa dijo eso una vez.

–Es la pura verdad, ¿no? Yo no quiero ser militar pero aquí uno se hace hombre. Aprende a defenderse y a conocer la vida.

–Pero tú no peleas mucho –dice el Esclavo–. Y, sin embargo, no te friegan.

–Yo me hago el loco, quiero decir el pendejo. Eso también sirve, para que no te dominen. Si no te defiendes con uñas y dientes, ahí mismo se te montan encima.

– ¿Tú vas a ser poeta? –dice el Esclavo.

– ¿Estás cojudo? Voy a ser ingeniero. Mi padre me mandará a estudiar a Estados Unidos. Escribo cartas y novelas para comprarme cigarrillos. Pero eso no quiere decir nada. ¿Y tú, qué vas a ser?

–Yo quería ser marinero –dice el Esclavo–. Pero ahora ya no. No me gusta la vida militar. Quizá sea ingeniero, también.”[vii]

Este pasaje nos muestra una conversación que habrían tenido cualesquier jóvenes en esa época, e incluso actualmente (tal vez aumentando las palabras altisonantes e incluyendo muchos “wey”). El habla adolescente se refleja y nos muestra una realidad viva, no ficcional.

Pasemos al siguiente punto. “El narrador y el espacio”. Aquí nos encontramos con puntos de vista críticos de Vargas Llosa, pues ahora empieza a mostrar su formación literaria como un experto en el tema, pues él es un gran estudioso de la literatura. El narrador es el personaje más importante de toda obra, pues gracias a él la historia tiene o carece de coherencia. El narrador y el autor son seres completamente distintos: “Un narrador es un ser hecho de palabras, no de carne y hueso como suelen ser los autores; aquél vive en función de la novela que cuenta y mientras la cuenta (los confines de la ficción son los de su existencia), en tanto que el autor tiene una vida más rica y diversa, que antecede y sigue a la escritura de esa novela, y que ni siquiera mientras la escribe absorbe totalmente su vivir.”[viii] Vargas Llosa nos clasifica a los narradores en tres órdenes: narrador-personaje, narrador-omnisciente y narrador-ambiguo. Existe una relación llamada punto de vista espacial, es decir, la relación existente entre el espacio que ocupa el narrador con respecto al espacio narrado. Si está narrado en primera, segunda o tercera personas. Vargas Llosa en La ciudad y los perros nos confunde grandemente con este aspecto, pues no sólo está narrado desde un narrador-omnisciente, sino que también desde varios narradores-personajes, pues contamos con los monólogos interiores de cada personaje en donde nos cuentan ciertos pasajes de la historia o nos dan detalles de su pasado, como es el caso del Jaguar. Aquí sabemos que en un principio un narrador nos cuenta la historia desde un espacio distinto e independiente del narrado, y después tenemos a los personajes que nos cuentan la o su historia desde su propio punto de vista, ya sea remontándose al pasado distante o remoto. Y aquí entra la concepción de “el tiempo” que tiene Vargas Llosa, pues para él existen dos tiempos: el cronológico y el psicológico; ubica en este segundo a la novela, pues para ella el tiempo es relativo, así como en relatos donde el tiempo pasa muy lento o muy rápido, por ejemplo en el relato “Un suceso en el puente del riachuelo del Búho”, de Ambrose Bierce, en donde la trama nos narra cómo van a ahorcar a un sujeto, después la cuerda se rompe en el preciso momento en que dan la orden de ejecución, el hombre logra escapar, atraviesa un río y llega a su casa y en el momento en que abraza a su mujer, la cuerda se cierra sobre su cuello y muere ejecutado. La novela se desarrolla a lo largo de meses, pero no nos tardamos todo ese tiempo en leerla, el tiempo es psicológico. Y dentro de este tiempo narrativo-psicológico, encontramos otros tiempos psicológicos como es el caso del transcurrir del tiempo en el encuartelamiento al cual se ven sometidos los cadetes, pues mientras para la mayoría pasa normal, para el Esclavo es una condena que parece prolongarse a lo largo de años y no de días. Motivo que lo lleva a traicionar al Círculo (grupo que tiene mucha relación con el Club de Rayuela).

Al igual que el tiempo “el nivel de realidad” nos lleva a dividir el relato en dos hemisferios, la realidad desde la que habla el narrador y la realidad de lo narrado. Y en La ciudad y los perros nos topamos con varios niveles de realidad: el del narrador omnisciente que se encuentra fuera del tiempo narrado; el de los personajes que narran desde fuera del tiempo presente de la novela (narran el pasado); los hechos pasados-recientes que narran los personajes; las acciones presentes narradas en el preciso momento por los personajes.

Ahora pasemos a la concepción de “las mudas y el salto cualitativo”. Las mudas son, según Vargas Llosa, “toda alteración que experimenta cualesquiera de los puntos de vista reseñados. Puede haber, pues, mudas espaciales, temporales o de nivel de realidad, según los cambios ocurran en esos tres órdenes: el espacio, el tiempo y el plano de realidad.”[ix] Y nos topamos con saltos cualitativos en donde la muda es tan radical que cambia completamente la forma de ver la novela. Es así como está constituida la novela La ciudad y los perros, pues encontramos en ella una gran cantidad de mudas: los personajes intercalan su narración con la del narrador-omnisciente; los tiempos y espacios se entrecruzan; también contamos con saltos cualitativos, pues de narrar de una forma objetiva se pasa a una subjetiva que es el punto de vista de cada personaje en particular.

La más fácil y comprensiva pero no por ello sencilla en su utilización es el de “la caja china” o “muñeca rusa”. Pues el término resulta obvio, es la inserción de historias dentro de la misma historia. Vargas Llosa nos narra varias historias: la del colegio militar Leoncio Prado y sus cadetes, la del Esclavo, la del Jaguar, la de Cava, la del Boa, la del Poeta, la del teniente Gamboa, la de Teresa, la del flaco Higueras, la de la Malpapeada; y todas insertas de una forma tan magistral que nos dan un panorama amplio y totalizante de los personajes y su entorno.

“El dato escondido” que es lo que nos produce esa sensación de misterio y expectativa que nos lleva a ir más allá de la novela. Sin embargo, no podemos esconder arbitrariamente datos.

“El dato escondido o narrar por omisión no puede ser gratuito ni arbitrario. Es preciso que el silencio del narrador sea significativo, que ejerza una influencia inequívoca sobre la parte explícita de la historia, que esa ausencia se haga sentir y active la curiosidad, la expectativa y la fantasía del lector.”[x]

La gente podría decir que el dato escondido de la novela La ciudad y los perros es la incógnita de ¿quién mató al Esclavo?, sin embargo, yo me atrevería a decir que la verdadera incógnita, el dato escondido que tiene función a lo largo de toda la novela es ¿quién se encuentra tras esa voz narrativa que aparece por momentos y no sabemos a ciencia cierta quién es sino hasta el final de la obra? Me refiero, claro está, al monólogo interior que hace el Jaguar, pues a lo largo de toda la novela nos topamos con varios fragmentos del monólogo interior del Jaguar, en donde conocemos su historia, el cómo llego a ser lo que es y todo lo que lo marcó.

Por último y no menos importante nos encontramos con “los vasos comunicantes”, son “dos o más episodios que ocurren en tiempos, espacios o niveles de realidad distintos, unidos en una totalidad narrativa por decisión del narrador a fin de que esa vecindad o mezcla los modifique recíprocamente, añadiendo a cada uno de ellos una significación, atmósfera, simbolismo, etcétera, distinto del que tendrían narrados por separado.”[xi] Y es así como finalmente se encuentra constituida La ciudad y los perros, a través de vasos comunicantes, los episodios toman un sentido distinto, pues la narración y lo monólogos le dan un ímpetu más prolongado del que tendrían por separado. Pero dejaré de hablar y les diré que lean esta novela para que puedan comprender lo que acabo de decirles.

Bibliografía:

  • Vargas Llosa, Mario. Cartas a un joven novelista. México, Alfaguara, 2011. 138 pp.
  • Vargas Llosa, Mario. La ciudad y los perros. Edición conmemorativa del cincuentenario. Italia, Alfaguara, 2012. CXLV+608 pp.
  • Fuentes, Carlos. “El afán totalizante de Vargas Llosa”, en La nueva novela hispanoamericana. 3° ed. México, Joaquín Mortiz. 1972. 35-48 pp.
  • Fuentes, Carlos. “Un tiempo sin héroes. Vargas Llosa”, en  La Gran novela latinoamericana. 5° reimp. México, Alfaguara, 2012. 275-290 pp.

[i] Vargas Llosa, Mario. Cartas a un joven novelista. México, Alfaguara, 2011. P. 19.

[ii] Ibídem. P. 35 p.

[iii] Loc. Cit.

[iv] Vargas Llosa, Mario. Op. Cit. P. 39.

[v] Loc. Cit.

[vi] Loc. Cit.

[vii] Vargas Llosa, Mario. La ciudad y los perros. Edición conmemorativa del cincuentenario. Italia, Alfaguara,  2012. Pp. 26-27

[viii] Vargas Llosa, Mario. Cartas a un joven novelista. ed. cit. P. 50.

[ix] Ibídem. P. 93.

[x] Ibídem. P.. 114.

[xi] Ibídem. P. 128.