Las exigencias sociales son claras

Obdulio Ávila Mayo

México es un país rico en sus recursos naturales. Los paisajes, los sabores y su gente son reconocidos en el mundo entero. Por alguna extraña razón, hay ocasiones en las que sin pronunciar palabra ni mostrar identificación, al recorrer calles extranjeras se nos identifica y distingue como ciudadanos mexicanos.

Esta capacidad de entendernos, conocernos e identificar las características, ideales y valores que nos hermanan parecen desdibujarse o desvanecerse ante quienes, en algún momento, apelaron a ser iguales a cada uno de nosotros, ante nuestros gobernantes y representantes, ante los líderes de sindicatos, de organizaciones, de grupos con capacidad de hacer que la voz general se escuche, que el interés ciudadano se tome en cuenta.

México requiere acuerdos serios no sólo mediáticos, pactos de gobierno, de Estado y no acuerdos endebles ni a modo. La inseguridad, la corrupción, las simulaciones, los grandes actos sin transformaciones profundas no tienen cabida en un país que se ha transformado. La ciudadanía parece cada vez más distante de la clase política que habla y se comunica con lo que ya debería ser lengua muerta, con discursos colmados de argumentos anacrónicos.

La semana pasada se discutió en la Cámara de Diputados la minuta para acotar el fuero y previo a ello la propuesta para quitar los topes. Pudiera parecer que ambos temas estaban relacionados; sin embargo, los topes a los que se hizo referencia no fueron los topes para el endeudamiento de estados o municipios, los topes a los abusos de quienes de manera incorrecta se identifican como servidores públicos pero defraudan la confianza de sus gobernados, de sus representados; eran topes carreteros, y discutir un tema tan poco relevante, usar la máxima tribuna de la nación para expresar la preocupación por quitarle el freno a la velocidad de los vehículos cuando lo que hay que eliminar son los frenos a la democracia, a la profesionalización de la clase política, a la transparencia y a la justicia es un abuso imperdonable.

Cada quien le pone el acento a México en el lugar que más le conviene y cuando mejor se ajusta. Los temas relevantes, las exigencias sociales son claras, es momento de eliminar aquellos elementos que distinguen a mexicanos de primera y de segunda, una justicia para los más pobres y otra para los que tienen acceso a juicios en los que la ley los trate de manera distinta y preferencial.

La igualdad ante la ley no debe ser en un país democrático un tema a debate sino una realidad, un derecho y una cuestión de responsabilidad. Acotar el fuero de los servidores públicos implica continuar esa lucha por transformar a México, colocar el acento en el lugar correcto y evitar que el mandato ciudadano sea usado por algunos como escudo de impunidad.