Elba Esther Gordillo, su nueva realidad
René Avilés Fabila
Mucho se ha comentado en los medios y dentro de la sociedad, la detención de la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo. Llama la atención un hecho: masivamente el país se ha regocijado por lo que seguramente es el fin de un largo reinado que sojuzgó al magisterio mexicano.
Elba Esther Gordillo fue un invento del PRI, y los dirigentes que la encumbraron jamás pensaron que echaban a caminar una especie de Frankenstein. Amasó un poder asombroso y lo tradujo a gastos personales: de maestra rural de escasos estudios pasó a mujer todopoderosa, dueña de casas en México y en Estados Unidos, avión propio, automóviles, cuentas bancarias, despilfarros, cirugías plásticas pagadas con dinero de los maestros, en fin, todo indica que despilfarraba a manos llenas. Hasta un partido político edificó. Su relación con el PRI culminó con la traición a Roberto Madrazo. Trabajó con los partidos enemigos al suyo con tal de arruinarle la carrera al político tabasqueño. Lo consiguió.
Luego coqueteó con panistas y perredistas, apoyó a ciertos panistas, como en Puebla a Moreno Valle, expriista, por cierto. Los presidentes panistas le temían, los secretarios de Educación se doblegaban ante ella y sus habilidades políticas. Pero se excedió. Ella, formada dentro del Estado mexicano, jamás llegó a conocerlo a fondo y mostró ingenuidad suprema cuando inició sus negociaciones con un nuevo PRI, encabezado por un presidente que ha resultado más complejo de lo que sus enemigos vaticinaban.
La Gordillo cambió de dirección y trató de dividir el Estado, de fragmentarlo, y allí se equivocó. Criticó con dureza el Poder Legislativo y al mismo tiempo iniciaba el acercamiento con Enrique Peña Nieto. Antes de ver algún resultado, la señora estaba en la cárcel.
Hasta el momento de escribir estas líneas, el magisterio permanece inmóvil; es posible que los líderes, los colegas de pillerías de Elba Esther, intenten ir a una movilización, pero fracasarán. En general, la sociedad y los medios han recibido la noticia con regocijo generalizado.
La maestra, que venía de una de sus casas en San Diego, fue recibida en el aeropuerto de Toluca con policías y conducida a la cárcel bajo una cadena impresionante, bien documentada, de cargos. Sus fechorías fueron puestas sobre la mesa de la discusión pública. Se acabó el mito. Tuvo un triste final. Ahora el magisterio está en posibilidades de seleccionar una ruta democrática y avanzada para dignificar el gremio.
Pero el tema que ha sido harto comentado no acaba con la detención de la Gordillo y los lamentos de sus familiares y amigos. Es un mensaje, así quiero verlo yo, a todo el sindicalismo mexicano que se ha puesto al servicio de sus propios intereses, no de los agremiados, no los del país, los suyos.
Por principio, todos los sindicatos le sirven a los partidos, al menos al PRD y al PRI, sus líderes buscan curules y prebendas, quieren poder y dinero, para decirlo más claramente. Todos son émulos de Fidel Velázquez, les encanta el poder, el control sobre los trabajadores que el marxismo vio como los liberadores de la sociedad y han sido sus verdugos. El sindicalismo es fundamental para defender los intereses de los trabajadores, evitar la explotación de los patrones y empresarios, de acuerdo, pero desde hace décadas han caído en la de sus propios dirigentes. Son mafias que se adueñan del control sindical y lo aprovechan en su beneficio.
Esperemos que la lección Elba Esther Gordillo sirva para que en México avance el sindicalismo realmente independiente, ése que le sirve al trabajador, no a su líder y al partido que le dio cobijo.
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