Elba: malversación y ajuste de cuentas
Raúl Rodríguez Cortés
Elba Esther Gordillo fue detenida el pasado martes 26 de febrero porque hay indicios de que se benefició ilegalmente del dinero que aportan los maestros a su sindicato. La Procuraduría General de la República —a partir de una operación inusual detectada en cuentas del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación en diciembre pasado por la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda— documentó que al menos dos mil millones de pesos, de los dos mil 600 millones de pesos retirados de dos cuentas del sindicato, fueron desviados a través de prestanombres y mediante triangulaciones, al pago del avión de la maestra, la compra de ropa de marca y el pago de tratamientos de belleza entre muchos otros gastos personales.
De manera que ésa es la razón legal de la detención de la presidenta vitalicia del SNTE, no la única desde el punto de vista político.
La captura ocurrió el mismo día en que se publicó la reforma constitucional en materia educativa que pretende, sobre todo, la mejoría de la calidad educativa, y que en el tema de la evaluación de los maestros encontró la oposición de la maestra Gordillo y su SNTE, además del más radicalizado rechazo de la contestataria CNTE.
Como en política no hay coincidencias, la detención de la lideresa sindical tiene que ver, necesariamente, con la oposición (expresada hasta ahora en la posibilidad de una cascada de amparos) a la reforma educativa, lo que muy grave sería al dejar ver la reacción autoritaria de un gobierno a quienes se le oponen o se le opongan. Que se castigue, sí, la corrupción, pero no la oposición.
Otra explicación pasa por el ajuste de cuentas y la funcionalidad de las piezas que se mueven en el sistema.
Recuérdese cómo se alza Gordillo con el control del SNTE. Carlos Salinas de Gortari había iniciado su gobierno en diciembre de 1988 en medio de una generalizada protesta de fraude electoral. Junto con su entonces privilegiado operador político Manuel Camacho Solís, acusó y procesó por homicidio y acopio de armas, en enero de 1989, al poderoso líder petrolero Joaquín Hernández Galicia. La Quina le había regateado apoyo a su candidatura presidencial e incluso apoyado al opositor Cuauhtémoc Cárdenas.
En la venganza política, Salinas encontró una forma de legitimar lo que las urnas le habían negado y, ya encarrerado, se siguió en febrero de aquel año contra otro cacique sindical, el líder del SNTE, Carlos Jonguitud Barrios y se dio entrada al relevo de la maestra Elba Esther Gordillo.
Ya al frente del poderoso sindicato, apoyó a Salinas, se puso de acuerdo con Ernesto Zedillo, apoyó la candidatura de Francisco Labastida y de Vicente Fox, para que después, de la mano con Roberto Madrazo, ser secretaria general del PRI, y partido renunció para apoyar a Felipe Calderón y crear su propio partido, Nueva Alianza, que primero se alió, pero después rompió, con Enrique Peña Nieto.
De manera que Gordillo es también parte de un ajuste de cuentas político, al que se dio curso una vez que se cayó en la cuenta de que había dejado de ser funcional al sistema.
(rrodriguezbalcon@hotmail.com)
(@RaulRodriguezC).
