¿Se hace lo que se puede?

Jorge Carrillo Olea

“A pesar del entusiasmo personal no se puede quedar bien en todo”, ese enunciado es muy general y pareciera ser justificatorio. Hay buenos, mediocres y malos resultados en virtud del talento aplicado y del quehacer dedicado como son el gobierno político, el de desarrollo y el administrativo. El reto que plantea un país como México seguramente es avasallador.

Siempre es posible decir: ¡nunca antes fue tan difícil como hoy!, y seguramente que la expresión en este momento no va mal, aun recordando las crisis con las que recibió Miguel de la Madrid o el propio Ernesto Zedillo. Esas crisis por más duras que fueron, lo fueron financieras, no político-sociales como lo que estamos viviendo.

La incontrolable potencialización del crimen, unida a los actos reivindicativos de la CNTE, la proliferación de las policías de autodefensa, más lo que se acumule hoy, son verdaderas bombas cuyo poderío es hoy de difícil pronóstico, pero siendo de una enorme explosividad, plantean ya en este momento un incontrovertible clima de ingobernabilidad. Los gobernadores de Oaxaca y Guerrero por semejantes razones están out y a ellos habría que sumar el sólo virtual gobierno de Michoacán, el cuestionado del Estado de México, los de Morelos, Coahuila, Chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas, Jalisco, Veracruz y más y más.

Si se observa el país a vuelo de pájaro se verá que la situación de crisis avanza a tal grado de dejar de serlo como fenómeno localizado en lo territorial y en cierta temporalidad, es ya parte del contexto fijo. Avanza hacia convertirse en algo que ya cobró estado, alcanzó un statu quo que se prolongará indefinidamente, y ello conduciría a un colofón: si cada vez los problemas son mayores, evidentemente la disposición para atenderlos debiera ser igual y no es así.

En materia de orden interno, la confusión y conflictividad que se vive en Gobernación se torna ya verdaderamente inocultable. Nadie exige que el orden interno, paz pública, se hubiera recuperado en cuatro meses, pero la ausencia de un plan integral todavía desconocido y sí los indicios de desconcierto plantean muchas dudas. Por otra parte, siendo el problema de la seguridad el más apremiante para el presidente electo (julio de 2012), ¿qué se hizo en los seis meses del interregno, a los que se suman cuatro de gobierno?

Otra cosa sucede con el arte de hacer política transformadora. A Peña Nieto le ha ido bien. Es ya un presidente reformista, aunque no sabemos hacia qué objetivo, ni si éste es el deseado por el país. Apuesta a las formas y a la espectacularidad y le va bien. Sus asesores en la materia le están funcionando. Los hitos de estos cuatro meses son de registro: ubicarse positivamente ante la opinión global; una apreciación interna plausible sobre la caída de Elba Esther Gordillo; el Pacto por México; la mal denominada reforma educativa que es sólo en materia laboral; la de telecomunicaciones; la Ley de Amparo; la de Víctimas y una presumible nueva relación política con Latinoamérica son muy de tomarse en cuenta.

Puesta la situación en la balanza de una crítica justiciera, la verdad es que la tradicional señora vendada de ojos tendría que ocultar que es bizca y capaz de torcer cualquier opinión. Peña Nieto lleva unas sí y otras no. Cómo, con qué vara y cuándo se juzga a un presidente resulta inútil discutirlo. Hacer un juicio es hacer historia, y lo que al país le duele y cada día más es el día de hoy.

La pregunta que surge es: el balance pro/contra, ¿cuándo se romperá y para qué lado? Recordemos que duele más la piel que la camisa y, en este sentido, los reclamos más vivos, trascendentes e inmediatos serán los del lado del dolor popular. Esto es del de la incertidumbre jurídica, la inseguridad pública, la corrupción, la impunidad, el desempleo. Los must offer y must carry podrían esperar.

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…Suspensivos.  ¿Qué gobernante regaló un predio de 17 hectáreas en Huixquilucan al Opus Dei para la construcción del nuevo campus de la Universidad Panamericana?