Democracia y petróleo venezolanos
Marco Antonio Aguilar Cortés
Estados Unidos se ha negado a reconocer como presidente de Venezuela a Nicolás Maduro. El presidente de Bolivia Evo Morales ha denunciado que el gobierno de Estados Unidos prepara un golpe de estado en Venezuela
Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Venezolana, expresó desde su twitter después de saberse los resultados de la elección presidencial: “Padre, Hermano, Comandante Eterno, aquí desde tu cuartel de la montaña te decimos, Padre, desde nuestro corazón, que tu pueblo no te falló”.
Está claro que el primer mensaje del presidente de la Asamblea fue dirigido a un muerto inmortal: Hugo Chávez.
Nicolás Maduro, candidato triunfante, lo primero que hizo después de votar fue visitar la tumba de Hugo Chávez para rendirle parte: “…Nos dejas muchas tareas pendientes, tus sueños; pero un legado completo…”
Tienta el decir, en algunos, que Hugo Chávez, como el Mío Cid Don Rodrigo Díaz de Vivar, gana la batalla después de perder la vida; al igual que mueve a afirmar, a otros, que una política nacional fincada en un muerto reciente puede muy pronto oler a sepultura.
Sin embargo, pelear en contra de un muerto motiva de entrada el perder la contienda, más cuando ese fallecido, con todo y lo controvertido de su personalidad, tuvo pensamientos, expresiones y actos con efectos positivos, que merecen admiración y respeto.
El enfrentamiento electoral de este domingo 14 de abril próximo anterior fue entre el chavismo venezolano en el poder, y una parte dolida de Venezuela apoyada abiertamente por algunas transnacionales operando con la simpatía de grupos gubernativos de Estados Unidos.
Y es que está de por medio la riqueza petrolera, con todo y sus inmensas reservas, de ese país latinoamericano; además de que, dadas las circunstancias actuales del mundo, Estados Unidos consideran necesario frenar los avances que han tenido en este continente las corrientes de una izquierda que no es amiga de las formas de organización socioeconómica promovidas por Washington, sino que simpatizan y colaboran abiertamente con los enemigos actuales de la Casa Blanca.
De ahí lo cerrado de la contienda: 50.66 por ciento de los votos para Maduro; y 49.07 por ciento para Capriles. Esa diferencia se traduce en 235 mil sufragios.
Resultados, ésos, calificados por Tibisay Lucena, presidente del Consejo Nacional Electoral, como irreversibles.
Así que por poquito pierde “el líder eterno de la revolución bolivariana”, y por poquito ganan los amos de un mundo globalizado.
Unos ganaron perdiendo; otros perdieron ganando. Ambos se encuentran asustados. Ninguno quiere pactar ni puede pactar. Capriles exige recuento de voto por voto. Maduro afirma que la voluntad popular no puede ser objeto de pacto cual ninguno. Las confrontas iniciales produjeron 7 muertos.
Sin Hugo Chávez, las fuerzas auspiciadas por Estados Unidos pueden ir creciendo. El ejército venezolano puede ser dividido e, internamente, confrontadas sus partes.
Los países del cono sur tienden a fortalecer su unidad. Curiosamente una elección nacional venezolana rebasa las fronteras de esa nación hermana, sintiéndose el efecto de la globalización, para bien, o para mal. El futuro de México y el de América puede verse afectado.
