Luis Alcántara
no sólo añoraba tus labios,
o tus ojos o tu cuerpo, sino que era
una confusión romántica de todas esas cosas,
una peregrina mezcolanza de los
más variados recuerdos y añoranzas.
(…) No sólo gozaba, sino que también
sentía y gozaba el goce.
FriederichSchlegel
Pablo Neruda. Difícil hablar de su obra sin hablar de su vida. No se puede disertar sobre el autor y no hacerlo sobre el ciudadano. Imposible decir algo de Pablo Neruda sin mencionar a Neftalí Reyes.
Los inicios poéticos de Pablo Neruda se dieron en el ambiente campesino y vegetal de su infancia, en Temuco. Casitas de madera que se incendiaban fácilmente, fenómenos climatológicos extremos, contacto continuo y libre con la naturaleza son factores decisivos en la obra nerudiana. Pero dos situaciones marcarán definitivamente al niño y al joven Neftalí Reyes, y serán temas recurrentes en la poesía de Pablo Neruda: sus exploraciones por la selva austral y, tiempo después, el primer contacto con el mar.
La selva es un verdadero mundo para el pequeño Neftalí. Las plantas multicromáticas, los insectos brillantes, el canto de las aves, toda la infinitud de sensaciones en las que se veía envuelto le parecen verdaderamente fascinantes. En este punto de su vida señala él mismo sus inicios como poeta: “La naturaleza ahí me daba una especie de embriaguez. Yo tendría unos diez años, pero ya era poeta. No escribía versos, pero me atraían los pájaros, los escarabajos, los huevos de perdiz.”[i] Confesión que no deja de ser relevante, pues nos da un indicio de lo que Neruda considera como un poeta: no hace falta escribir poesía para serlo.
Tiempo después de iniciados sus entrañables paseos por la selva del sur, contando Neftalí con quince años, a su padre, el señor José del Carmen Reyes, se le ocurre llevar a la familia a Puerto Saavedra para pasar ahí el verano. Es indispensable citar el testimonio de Laura Reyes, medio hermana de Neftalí, cuando ambos se acercaron por vez primera al mar, según recuerda Sara Vial: “La primera vez que vimos el mar, muy chicos, en Puerto Saavedra, no se atrevía a mojarse los pies.”[ii] El océano, ese ente inmenso, lleno de fuerza y movimiento, como un gigante que esconde en sus entrañas los secretos más inefables y fantásticos, impacta de tal manera al joven, que ¡ni siquiera se atreve a mojarse los pies! Éste es un instante decisivo en cuanto a la visión del mundo y lo que será de la vida del joven Neftalí Reyes. Desde este momento, mar y selva se unen en un solo término, “paisaje”, y, en palabras de Hernán Loyola, “la palabra [paisaje] sugiere desde el comienzo mismo de la escritura de Neruda una orientación que se hará decisiva y constante.”[iii] Yo diría, más simplemente, que la naturaleza, vivida desde pequeño, goza de omnipresencia en la obra nerudiana.
Pero en 1924, poco antes de que Neruda cumpla los veinte años de edad, se publica su segundo libro, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, que viene a poner sobre la mesa otros dos aspectos cruciales en la obra del chileno: la mujer y el crepúsculo (intermediario de la noche).
La obra de Pablo Neruda es un proceso de desdoblamiento gradual, desde el Yo rotundo, que se va abriendo poco a poco hasta llegar a un intento plausible y casi logrado de abarcar la totalidad del mundo. El primer paso en esa apertura son los Veinte poemas. La noche (y, por supuesto, el crepúsculo, que parece ser su palabra favorita) y la mujer tienen un papel fundamental en este poemario.
Sabemos que este libro trata sobre una historia de amor, o mejor dicho, sobre dos historias de amor: la de Albertina Azócar y la de Teresa Vázquez, las mujeres, símbolos de la totalidad.
En estos poemas, existe, indudablemente, un dejo del romanticismo schlegeliano en la manera de ver la feminidad: la mujer como ente capaz de trascendencia, como simbolismo de la naturaleza y como punto de aprendizaje para el hombre. La figura central de estos poemas es la mujer, y no cualquiera, sino una mujer que engloba en sí toda capacidad y conocimiento, pero también todos los misterios: hay una reminiscencia obvia de Lucinde y, desde mi punto de vista, es imposible leer los Veinte poemas sin pensar en Schlegel (y un poco incluso en Novalis). En palabras de Alain Sicard, “la mujer para Neruda es indisociablemente una y múltiple”[iv]. Y esto va más allá de la dualidad Marisol-Marisombra (Teresa-Albertina), fuente de la que abreva la temática del poemario entero. Algunas imágenes muestran claramente esta postura y visión hiperbólica de la amada, que continuará durante los veintiún poemas del libro, a pesar de la separación y el supuesto olvido amoroso que nos indican los últimos. Ya no es la amada a través de la cual se percibe el mundo, ya no es Morena, la besadora. Ahora, tenemos una mujer con capacidad femenina en todo el extralimitado sentido schlegeliano de la palabra. Ahora es la mujer de “blancas colinas, muslos blancos” que el cuerpo socava salvajemente.
Tres son los sentidos en que se puede notar esta lectura: 1) la feminidad y la naturaleza. Ambas simbolizan la fertilidad y la belleza del mundo, juntas son un ente perfecto, completo y único, encarnado por el “cuerpo de mujer (…) te pareces al mundo en tu actitud de entrega”[v], que además va a tener muchas formas según el momento: “Abeja blanca zumbas –ebria de miel– en mi alma/ y te tuerces en lentas espirales de humo”[vi], cuando se trata de imágenes concretas; “Juegas todos los días con la luz del universo./ Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua”[vii], cuando busca cosas más abstractas. 2) la mujer capaz de ir más allá y volver con un nuevo conocimiento, capaz de “romantizar”, como decía Novalis. Porque el cuerpo femenino es un viaje en el cual el hombre explora todo lo desconocido: “yo desperté y a veces emigran y huyen/ pájaros que dormían en tu alma”[viii]. El erotismo es medio de navegación en ese planeta extraño y seductor llamado cuerpo de mujer: “a través de la identificación erótica el sujeto alcanza el conocimiento de la materialidad de su ser”[ix]. De ahí el profundo tono de insinuación sexual latente en todos los poemas, pero evidente y directo en algunas frases precisas: “Quiero hacer contigo/ lo que la primavera hace con los cerezos.”[x] Y 3) la mujer como modelo de aprendizaje para el hombre. Si de algo estaba seguro Schlegel, era de que la masculinidad es incompleta y su única manera de buscar la completud es aprendiendo de la feminidad por medio de la exploración de ese misterio intrínseco en cada mujer. En el poema 2, Neruda nos muestra claramente esta idea, resumida en unos cuantos versos:
De la noche las grandes raíces
crecen de súbito desde tu alma,
y a lo exterior regresan las cosas en ti ocultas,
de modo que un pueblo pálido y azul
de ti recién nacido se alimenta,[xi]
Estrofa donde, aparte de todo, menciona en primerísimo lugar a la noche, la sombra enaltecedora del sentimiento, como lo veía Novalis y compartía su amigo Schlegel. La mujer, en resumidas cuentas, viene a representar la totalidad: “Todo lo llenas tú, todo lo llenas.”[xii] Y no sólo eso, sino que el mundo está contenido dentro de ella, ella es cuanto puede existir y cuanto existe, todo lo engloba dentro de sí misma y por eso no hace falta nada más en la vida, ella es el mundo: “ah nada puedo decir! Era hecha de todas las cosas.”[xiii] Más allá no hay nada.
En cuanto al tema, a la historia de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada, mucho se ha hablado. Se trata de una parábola donde se cuenta la historia de amor. Desde el inicio, donde el amante descubre a la amada y hace la vieja promesa de eternidad, “persistiré en tu gracia”, y pasa por las variadas etapas del amor, como la identificación de los dos amantes, “Innumerable corazón del viento/ latiendo sobre nuestro silencio enamorado”[xiv]; el amor pleno y mágico, “Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras./ Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas”; el amor de lejos, “Te recuerdo como eras en el último otoño”; la añoranza por esa distancia entre los amantes, “Por qué se me vendrá todo el amor de golpe/ cuando me siento triste y te siento lejana?”; el paroxismo erótico, “He ido marcando con cruces de fuego/ el atlas blanco de tu cuerpo”; la decepción por el inminente fin, “Ya me veo olvidado como estas viejas anclas”; y el final lleno del típico despecho: “Aunque éste sea el último dolor que ella me causa/ y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.” Y luego viene el apéndice, “La canción desesperada”, donde declara que la historia de amor se queda atrás, en el olvido, y es momento de pensar en otra cosa, de ir hacia otros lugares donde la exploración del mundo pueda rendir mayores frutos: “Es la hora de partir. Oh abandonado!”
Tenemos entonces en Neruda a un poeta de la vida y del amor, antes que nada. Que empieza siendo un poeta de su vida y de a poco se va abriendo al mundo, para descubrirnos una visión profunda y aguda de La Vida. El poeta introvertido deCrepusculario va madurando un tono sencillo pero magnífico, que se logra muy pronto, en sus Veinte poemas. Después, en la evolución del joven poeta, estas cualidades se juntarán para dar forma al primer libro nerudiano con un verdadero toque de completud y apertura total hacia “lo otro”, temas ambos schlegelianos y novalianos: Residencia en la tierra.
La vida y la obra de Pablo Neruda han vagado por el mundo, son viajeras constantes y cantoras de todo cuanto observan, del amor y la tragedia, la memoria, el mundo, sus placeres y desencantos. La autorreferencialidad obstinada provoca que cualquier tentativa de crítica “objetiva” quede rebasada por la misma poesía. La mejor forma de entender las características propias de su obra, sus influencias, su estilo, las razones por las que todo es como es en Neruda, es abrir sus libros y leerlos. Todo esto y muchas cosas más, que se estudiarán en su momento, nos permiten asegurar, sin lugar a dudas, que Pablo Neruda es el poeta del siglo XX.
[i] Pablo Neruda, “Infancia y Poesía” en Obras Completas IV. Nerudiana Dispersa I. 1915-1964. Barcelona: Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores. 2001, p. 915
[ii] Sara Vial, citada por Hernán Loyola en Neruda. La biografía literaria. Chile: Seix Barral. 2006, p. 33
[iii] Hernán Loyola, Neruda. La biografía literaria. Chile: Seix Barral. 2006, p. 29
[iv] Alain Sicard, “Pablo Neruda: entre lo inhabitado y la fraternidad”, en Pablo Neruda, Antología General. España: Alfaguara. 2010, p. XLIV
[v] Pablo Neruda, “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, en Obras Completas I. de Crepusculario a Las uvas y el viento. 1923-1954. Barcelona: Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores. 2001, p. 179
[vi]Ibid., p. 184
[vii]Ibid., p.189
[viii]Ibid., p. 188
[ix] Alain Sicard, “Pablo Neruda: entre lo inhabitado y la fraternidad”, en Pablo Neruda, Antología General. España: Alfaguara. 2010, p. XLV
[x] Pablo Neruda, “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, en Obras Completas I. de Crepusculario a Las uvas y el viento. 1923-1954. Barcelona: Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores. 2001, p. 190
[xi] Pablo Neruda, “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, en Obras Completas I. de Crepusculario a Las uvas y el viento. 1923-1954. Barcelona: Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores. 2001, p. 190
[xii]Ibid., p. 182
[xiii]Ibid., p. 187
[xiv] Todas las citas siguientes fueron tomadas de: Pablo Neruda “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, en Obras Completas I. de Crepusculario a Las uvas y el viento. 1923-1954 Barcelona: Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores. 2001
Bibliografía.
Gimferrer, Pere, “El espacio verbal de Neruda”, en Pablo Neruda, Antología General. España: Alfaguara. 2010, 714 pp.
Loyola, Hernán, Neruda. La biografía literaria. Chile: Seix Barral. 2006, 565 pp.
Neruda, Pablo, Confieso que he vivido. Memorias. España: Seix Barral, quinta edición. 1980, 508 pp.
Neruda, Pablo, Obras Completas I. de Crepusculario a Las uvas y el viento. 1923-1954. Barcelona: Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores. 2001, 1278 pp.
Neruda, Pablo, Obras Completas IV. Nerudiana dispersa. 1915-1964. Barcelona: Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores. 2001, 1343 pp.
Sicard, Alain, “Pablo Neruda: entre lo inhabitado y la fraternidad”, en Pablo Neruda, Antología General. España: Alfaguara. 2010, 714 pp.
