Entresijos del poder

Marco Antonio Aguilar Cortés

Un jefe de estado debe reflexionar muy bien todos y cada uno de sus conceptos, antes de hacerlos públicos; incluso, debe contar con personas capaces que le auxilien a ponderar los alcances y efectos de sus discursos.

Considero lo expresado por el presidente Enrique Peña Nieto frente a indígenas de Navenchauc, municipio de Zinacantacán, Chiapas, en defensa de la secretaria de Desarrollo Social: “Rosario, no te preocupes, hay que aguantar porque han empezado las críticas, las descalificaciones de aquéllos a quienes ocupa y preocupa la política y las elecciones. Pero a nosotros, a este gobierno, que tenemos un objetivo claro, una tarea con los mexicanos, que es acabar con el hambre. Que sigan aquéllos criticando las acciones, a nosotros nos preocupa y nos compromete acabar con el hambre de México”.

Su actitud, por caballerosa acertada, fue impropia de la lógica política de un presidente de la república, ya que estaba respondiendo indirecta y tangencialmente no a una crítica, como lo hizo notar el líder nacional del panismo, sino a “una denuncia penal del fuero federal”.

En ese momento debió aplaudir, y reconocer, a la secretaria Robles por su actitud presta a separar de los cargos a sus colaboradores denunciados, mostrando así su descalificación a todo desvío ilegal de recursos públicos hacia fines partidistas.

Ahora, debido a su expresión transcrita, el presidente puso en riesgo al Pacto por México, logro que le ha dado puntos favorables.

Ese pacto, en sí, nos da un aliento de esperanza ante tanta desunión y desorden, aunque su utilización desmedida para las múltiples y controvertidas reformas promovidas haya tenido efectos contraproducentes, a la vista de todos.

Por ejemplo, la reforma educativa preparada por ese pacto no es pertinente para el terrible mal que padecemos en esta materia, generando, además, el sacudimiento opositor de quienes debieron ser promotores y aliados de un cambio satisfactorio en esa materia.

Algo similar acontece con las otras reformas que, siendo iniciadas por el mismo Pacto por México, siembran desconfianza en no pocos mexicanos.

La de energéticos y la de telecomunicaciones parecen tener, en los entresijos del poder, dedicatorias a favor de intereses globalizados o extranjeros.

La financiera provocó que la directora gerente del Fondo Monetario Internacional Christine Lagarde de inmediato expresara: “Estoy personalmente muy impresionada por la manera de cómo Peña Nieto logró reunir apoyo al derredor de su programa integral de reformas”.

Eso es lo que desde el extranjero se piensa: les impresiona la forma, y no las reformas; la cantidad, y no la calidad. Se impresionan de cómo se logró el Pacto por México, y no la eficacia de sus productos.