¡Ay, Marx, levántate y anda!
Humberto Musacchio
Las fotos son impresionantes: miles de soldados y milicianos norcoreanos desfilando ante un público multitudinario que aplaude a los suyos y que ofrece su veneración sin límites a Kim Yong Un, ocupante del trono hereditario de un Estado que oficialmente es república, pero que en los hechos vive como monarquía absoluta.
El apoyo a Kim Yong Un, por supuesto inducido y obligatorio, fue parte del exhibicionismo bravucón que despliega este sátrapa, quien hace unos días amenazó con usar bombas atómicas contra Corea del Sur, colonia de Estados Unidos, es cierto, pero a fin de cuentas habitada por coreanos, igual que el norte. Pero ya se sabe cómo son los pleitos de familia.
En este contexto de tensión y amenaza atómica, el señor Alberto Anaya, gerente general del Partido del Trabajo (de México), envió al dictador norcoreano una carta en la que afirma sin base alguna que las personas “progresistas del mundo sienten una gran admiración por las grandes hazañas” (¿cuáles?) de Kim Yong Un, a quien llama “querido y respetado líder”.
Más adelante, la misiva del señor Anaya dice que el mandatario norcoreano “está dando mayor gloria a la Corea socialista ante todo el mundo” (¿de veras?) y celebra su manejo de “los legados entregados por los presidentes Kim Il Sung y el líder Kim Yong Il”, el tierno abuelito y el papi de Kim III.
En lo personal, el señor Anaya puede rendirle homenaje y ofrecerle su cariño y admiración a quien le dé la gana, pero ocurre que es el dirigente de un partido que se dice de izquierda y en ese caso tendría que explicar si el proyecto político que el Partido del Trabajo propone a los mexicanos tiene semejanza con el régimen monárquico absolutista de Corea del Norte, cuyo partido gobernante, suponemos que no casualmente, también se llama “del Trabajo”.
Hay que preguntarle al señor Anaya si a los votantes mexicanos nos está proponiendo un socialismo con monarquía hereditaria como régimen de gobierno, con una economía en la que el gasto militar absorbe la mayor parte de los exiguos recursos de un país que hace menos de cinco años padeció una tremenda hambruna que lo obligó a recibir ayuda humanitaria de Estados Unidos, potencia a la que combate con saliva con su lamentable retórica belicista.
Si lo que proponen el señor Anaya y su partido es el socialismo de la miseria, hay que responder que, si sabe contar, no cuente con el voto de quienes estamos en contra de esa aberración ahistórica, de una tiranía brutal que se erige sobre la miseria de la sociedad. ¡Ay, Marx, levántate y anda!
